“A veces uno lo sabe, cuando se levanta al amanecer, en la tierna y solemne calma, sale, se queda solo, echa la cabeza hacia atrás y mira hacia arriba, contemplando cómo el pálido cielo cambia lentamente, tiñendo de color, y cómo suceden cosas maravillosas e inexplicables.” Frances Hodges Burnett
“El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía.” Anais Nin
“Que las persianas corrijan la aurora; Que gane el quiero, la guerra del puedo; Que los que esperan no cuenten las horas; Que los que matan se mueran de miedo…” Joaquín Sabina
“Había una luna grande en medio del mundo. Se me perdían los ojos mirándote. Los rayos de la luna filtrándose sobre tu cara. No me cansaba de ver esa aparición que eras tú. Suave, restregada de luna; tu boca abullonada, humedecida, irisada de estrellas; tu cuerpo transparentándose en el agua de la noche.” Juan Rulfo
“En el verdadero amor, el alma es la que envuelve al cuerpo.” Friedrich Nietzsche
“Si no encuentras el libro que quieres, escríbelo. Si no encuentras tu país de las maravillas, constrúyelo. No hay opción. Tú eres tu camino, tu verdad y tu vida. No eres una víctima, ni siquiera un superviviente. Eres un creador”. Andrea Balt
“Cuándo lo tendré todo. Solo cuando no quieras nada más.” Ramesh Balsekar
“No me siento perdida. Es solo que no sé dónde termina el mar qué llevo dentro. Y a veces me ahogo.” Elvira Sastre
“He dejado mis besos en el aire para que tú los tomes con tus manos.” Alfonsina Storni
“Todo lo que la vida te quita, … déjalo ir.” Don Miguel Ruiz
“Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante.” Cesare Pavese
“Todas las almas nobles comparten la compasión.” Friedrich Schiller
“Cuando las personas se toman el tiempo para escuchar de verdad, es mucho más probable que actúen de maneras que restauren la dignidad, reduzcan el daño y fortalezcan la confianza.” Maureen Spelman
“Si tener alma significa ser capaz de experimentar amor, lealtad y gratitud, entonces los animales lo logran mucho mejor que muchos seres humanos.” James Herriot
“A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.” Ernesto Sabato
“Estoy perdida. Y es culpa mía. Ya es hora de que me dé cuenta que no puedo pedirle a la gente que me encuentre.” Anne Sexton
“Tal vez nadie llegue a comprendernos por completo, del mismo modo que la vida nunca termina de explicarse. Aun así, podemos negarnos a fingir para sentirnos acompañados. Vivir con honestidad es suficiente, aunque el mundo permanezca indiferente.” Roberto Hernández
“Todos llevamos dentro una insospechada fuerza, que emerge cuando la vida nos pone a prueba”. Isabel Allende
“La alegría nos llega en momentos cotidianos. Corremos el riesgo de perdernos la alegría cuando nos enfrascamos demasiado en la búsqueda de lo extraordinario.” Brené Brown
“Una mujer con voz propia es, por definición, una mujer fuerte.” Melinda Gates
Nos movemos en la vida en devenir que se construye desde la infancia, alborada llena de situaciones, de condiciones y de realidades que nos ponen en un camino que no tiene destinos definidos en sentido estricto, y, sin embargo, sí está condicionado por la realidad social, económica y cultural en la que se desenvuelve la vida como un todo.
Integrar lo que somos desde la temporalidad y desde la certeza del ocaso nos puede permitir valorar las etapas del desarrollo de las personas, construcción social y teórica que hemos ido articulando en un gran andamiaje para dar cierto continente a la vida y poder entender lo que vamos experimentando entre los cambios biológicos, los procesos de aprendizaje, el desarrollo cognitivo y lo que es el desarrollo social y emocional de los seres humanos.
Hoy vamos apenas comprendiendo lo que es ser mujer y hombre en el sentido estricto. Por ejemplo, en el campo de la medicina, de la salud física y mental, se está reconociendo el gran sesgo con el cual se estableció el paradigma de la farmacología, usando como casi único modelo y referente a los varones, blancos, de cierta talla y peso, dejando de lado todas las demás variables de lo que es el cuerpo de las mujeres y de toda la diversidad de expresiones de la especie humana.
Y tendremos la oportunidad en este siglo XXI para pensar de forma diferente, desde la equidad, aceptando la diversidad de los cuerpos y las implicaciones de asumir la perspectiva de género en todos los ámbitos de la construcción social de la realidad humana y de los procesos que se ven implicados en brindar las mejores condiciones de atención, respeto y dignidad, desde la alteridad y desde la profunda convicción de dar valor a la diferencia para evitar generalizar, para no homogeneizar a las personas, porque somos iguales y a la vez diferentes, somos iguales en derechos y obligaciones y somos diferentes en las expresiones genéticas y epigenéticas que nos definen, pero que no nos determinan, porque somos biología y somos cultura, somos materia y somos psique, somos cuerpo y somos espíritu, y porque somos todo eso que hicieron de nosotros, pese a eso, podemos transformarnos, ya que “al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, escribió Eduardo Galeano.
Hoy tenemos una responsabilidad con las infancias de cara al futuro, ante todos los cambios culturales, sociales, sobre todo de acceso e interacción con la tecnología y con las prácticas sociales asociadas a las implicaciones de estar frente a las pantallas, con la interconectividad, con la inmediatez, con la realidad aumentada, con la pereza cognitiva, con el uso poco reflexivo de la inteligencia artificial, con la acelerada pérdida de criterios éticos en las redes sociales en donde todo se puede, donde las restricciones son selectivas y en donde la falta de pensamiento crítico es el verdadero riesgo para ejercer la libertad y para sostener los valores de convivencia, democracia, justicia social y dignidad humana.
Pareciera que ahora la tarea del mercado es quitarles a las infancias sus derechos; hoy son target de la mercadotecnia, y ya sin pudor se va obligando a los niños y niñas a dejar de ser infantes a la brevedad posible: extra clases de todo tipo, con dosis de vitaminas y minerales innecesarios, con celulares y tabletas como nanas electrónicas, aislamiento y sobreprotección. Niñas y niños que no desarrollan habilidades de socialización, -amistad y comunicación-, de curiosidad y del manejo adecuado de la frustración. Tenemos infancias sin raspones en las rodillas, sin expresión de emociones que les permitan tener criterios morales del bien y el mal. “La infancia es una etapa maravillosa. No hay pasado, no hay futuro; solo un presente que se mira con inocencia e ilusión”, define Carla Montero, y sin embargo, a la sociedad actual, guiada por el mercado, no le importa y no le interesa respetar.
Un referente para dar valor a las infancias sería retomar lo que dice Ricardo Palma Soriano: “Siempre es grato elevar nuestro pensamiento a los días de la infancia, esa edad de ilusiones color de rosa, en que libres de toda zozobra sobre el mañana, creemos que el mundo no se extiende más allá de nuestros juguetes y del espacio que abarcan nuestros ojos.”
Habrá que ubicarnos con la responsabilidad de ser los adultos de esta época y asumir las consecuencias de haber caído en las redes propias de la lógica del poder capitalista y de las prácticas de consumo, y aun ahí podemos colocarnos en la realidad y aceptar que podemos transformarla. José Saramago dijo: “Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.”
Y más allá de todos los obstáculos que se nos presenten, el amor es la opción, el amor a la vida humana en toda su dignidad. Stephen King, el mayor escritor de novelas de terror, nos recordó que: “El amor es lo que mueve el mundo. Es la única cosa que permite a hombres y mujeres seguir en pie en un mundo donde la gravedad siempre parece estar queriendo derribarlos, llevarlos hacia abajo, hacerles arrastrarse.”
Albert Camus, en El mito de Sísifo, escribió: “También como él pensaba que este mundo sin amor es un mundo muerto, y que llega un momento en que se cansa uno de la prisión, del trabajo y del valor, y no exige más que el rostro de un ser y el hechizo de la ternura en el corazón.”
Ante todo el infortunio que nos ha tocado vivir, en la confusión que la resignación impone, en donde la culpa se instala como corsé, como una cárcel de la utopía, en donde el desinterés por los problemas sociales crea una anomia y parálisis social y de pensamiento, junto con la dificultad de comprender que la política es inherente a lo humano y que debería ser de importancia e interés colectivo en la construcción del bien común, podemos, si así lo queremos, hacer algo, como nos reta Antonio Gala:
“Lo más inteligente que se puede hacer en esta vida es salir de esta especie de laberinto en que nos han metido, una vida que no es la nuestra y que no es la mandada, es una organización que necesita esclavos para seguirse manteniendo. Salirse de esa cadena terrible, desencadenarse. A riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, irse un poco al campo, en el mejor de los sentidos. Salir de esa extraña y monótona esclavitud de cada día. Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propio aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie.”
Comprender y sentir lo que fueron nuestras infancias, en el sentido amplio y profundo de lo que representó en cada una, en cada uno de nosotros, es concebir el pensar nuestros inicios de ser persona, es partir de: “La melancolía es una manera de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal. Algo así como una posesión de su esencia, puesto que tenemos de ellas lo que nos falta, o sea, lo que ellas son estrictamente”, como lo analizó María Zambrano.
Vamos acumulando años, experiencias, e idealmente vamos construyendo nociones que nos explican quiénes vamos siendo, y dentro de las preguntas fundamentales de la vida está la que hace e intenta responder Virginia Woolf: “¿Qué sentido tiene la vida? A eso se reducía todo: a una pregunta muy sencilla, que se iba volviendo más acuciante con el paso de los años. La gran revelación no se había producido. Tal vez no llegara a producirse nunca. En cambio, había pequeños milagros cotidianos, iluminaciones, fósforos que se encendían inesperadamente en la oscuridad.”
Y tal vez si pensamos en esa luz que puede iluminarnos es lo que vendrá de infancias seguras, libres, creativas, que juegan, descubren e imaginan, que son infancias amadas, son presente, que no son futuro, en donde el trabajo para garantizar la dignidad y los derechos de todas las infancias es urgente, aquí y ahora.
Porque defender las infancias es defender la posibilidad misma de transformación, esos pequeños milagros cotidianos que encienden fósforos en la oscuridad. Cada niña y niño que conserva su derecho a jugar, a rasparse las rodillas, a aburrirse y crear mundos desde la imaginación, es una semilla de resistencia contra el mercado que quiere convertirlos en consumidores prematuros, contra la tecnología que los aísla, contra la sociedad que les roba la inocencia y la ilusión. No se trata de romantizar la infancia como un paraíso perdido, sino de reconocerla como el momento fundacional donde se construyen las nociones de bien y mal, donde se desarrollan las habilidades de socialización y empatía, donde se aprende que el mundo se extiende más allá de nuestros juguetes y que los otros existen con sus propias necesidades y deseos. Proteger las infancias es proteger el futuro, sí, pero sobre todo es honrar el presente, ese único tiempo real donde podemos actuar, transformar, amar.
Y en esa responsabilidad de ser los adultos de esta época, nos toca desencadenarnos de la monótona esclavitud que nos impusieron, salir del laberinto, darle a cada día su propio gozo y su propio aroma. No para huir de la realidad, sino para habitarla con inteligencia, esa que nos ayuda a vivir y no solo a sobrevivir. Porque somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, y lo que hagamos hoy por las infancias -garantizar su dignidad, respetar sus derechos, permitirles ser niñas y niños sin prisas ni presiones- será lo que determine si realmente aprendimos algo de nuestras propias infancias, si supimos valorar esa alborada llena de posibilidades, si comprendimos que el amor es lo único que nos mantiene en pie cuando la gravedad quiere derribarnos. La gran revelación tal vez nunca llegue, pero los pequeños milagros cotidianos están aquí, en cada infancia protegida, en cada sonrisa sin condiciones, en cada juego libre de pantallas y algoritmos. Y eso, al final, es suficiente. Es todo. Es urgente.



