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Samara: el trazo que nos dejó visibles

Hay mujeres que luchan un día y son buenas.
Hay otras que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenas.
Pero hay las que luchan toda la vida: esas son las imprescindibles.
— Bertolt Brecht
Samara Colina Borja fue una de esas imprescindibles. – Uriel Rodríguez

 

En días pasados murió Samara Colina Borja y me ha conmovido la innumerable cantidad de expresiones de afecto y reconocimiento a su trabajo. No es un asunto menor, Samara era una artista de la expresión gráfica, de las artes plásticas egresada de Artes Plásticas de la Universidad de Guanajuato y Maestra en Producción Artística por la UAEM, con su investigación “En territorio azul”, dedicó su mirada, su talento y su causa a documentar y representar los movimientos feministas.

Su obra no era ornamento. Era archivo. Era memoria. Era denuncia.

Y valdría la pena contar una de sus anécdotas de incidencia, que pinta quién era. Con las compañeras de Arena de la Vagina realizaron un diagnóstico sobre zonas de riesgo en los ríos, un trabajo riguroso que presentaron al gobierno municipal. Como tantas veces ocurre, fue desoído. Ampliamente socializado y valorado entre pares, entre compañeras, pero sin escucha institucional.

No sería la única vez que buscaría incidir. Lo que ocurrió es que buscó nuevas rutas. Y el arte fue la ruta más potente, la que logró romper ese silencio institucional, la que ningún escritorio pudo archivar.

Cuando hablamos de feminismo debemos nombrar con fuerza todas las posibilidades que tenemos de encontrarnos con muchas otras mujeres, tan parecidas y distintas a nosotras. Nos encontramos desde otras posibilidades. Nos reconocemos despojándonos de esas miradas patriarcales habituales que nos enseña esta sociedad. Nos ubicamos humanas, nos ubicamos aliadas, para reconocernos.

El feminismo nos permite volver a vernos desde otros ojos, y ahí encontramos a Samara. La encontramos en ese reconocimiento feminista que es la Red de Movimientos Feministas Guanajuatenses. Ese espacio que ella ayudó a pintar y a habitar. El feminismo como una suerte política, como una expresión de cuestionar el poder y las desigualdades, como otra posibilidad de articularnos entre nosotras.

Samara transitó con una generosidad luminosa del yo al nosotras. Su trazo no era individualista. Era colectivo. Nos dibujó marchando, abrazadas, enojadas, vivas. Nos hizo visibles para nosotras mismas, por eso duele tanto. Porque cuando una mujer que nos enseñó a mirarnos se va, nos quedamos un momento ciegas, pero también nos quedamos con su legado.

Con ese recordatorio de que, como dice Marcela Lagarde, ¿qué sería de las mujeres sin el amor de otras mujeres?, sería un territorio baldío. Y Samara lo llenó de color, de carteles, de mantas, de futuro.

Hoy su cuerpo ya no está — nos dejó el 26 de julio — pero su trazo sí. Queda en cada marcha, en cada ilustración que compartimos, en esa red que hoy la llora y la honra.

Estaba por cumplir años. Y su nombre sigue vivo en múltiples conversaciones, recuerdos y añoranzas, un día después, dos días después. Porque no se ha ido. Porque un grupo de amigas se reunió en su calle, justo donde ella pintó un mural, para honrarla. El homenaje no pudo ser más coherente con su vida: nos convocó de nuevo en la calle, con color, entre nosotras

Nos toca sostenernos. Mirarnos de nuevo sin la mirada patriarcal. Reconocernos humanas, aliadas, vivas, juntas.

Gracias, Samara, por prestarnos tus ojos para vernos más dignas. Nos quedamos aquí, articulándonos entre nosotras, como tú lo provocabas.

Samara Colina Borja, no te despedimos, te continuamos.