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Xichú: el que se mueve no sale en la foto con los Orozco Martínez

Con el inicio de la semana anterior el destacado periodista Eleazar Velázquez recupera en su columna semanal “Divisadero” una denuncia que en el mes de octubre en mismo espacio escritural había adelantado: los excesos de la autoridad municipal de Xichú que incluyen, entre otros, el reprobable comportamiento de la titular del DIF, Maura Orozco Martínez, hermana del presidente municipal Francisco Orozco,  y madre de hijas a las que presuntamente se les paga la colegiatura universitaria del erario municipal a razón de que “son personas vulnerables”.

Xichú ha mantenido históricos cacicazgos entre familias y partidos, hoy de los Orozco Martínez perredistas (PRD) de elección y petistas (PT) de reciente credencial son quienes gobiernan desde 2021. La permanencia, las protecciones y la indiferencia de quienes deberían de actuar son elementos que explican el clima de autoritarismo y patrimonialismo.

Las denuncias del periodista Eleazar Velázquez en su columna “Divisadero” revelan un patrón de conductas y prácticas irregulares en el municipio de Xichú, Guanajuato, que incluyen el mal uso de recursos públicos, abusos de poder y conflictos de intereses por parte de las autoridades municipales. A pesar de las evidencias presentadas en audios y testimoniales, no ha habido intervención de las autoridades fiscalizadoras, lo que sugiere una falta de supervisión y control en el municipio. La situación en Xichú se asemeja a la película “El Infierno” de Luis Estrada, donde la corrupción y la violencia se apoderan de un territorio sin ley.

La realidad en Xichú, un municipio de Guanajuato, México, es un reflejo de la impunidad y corrupción que puede surgir en territorios con poca visibilidad política y mediática. La falta de atención y supervisión ha permitido que las autoridades municipales, incluyendo la titular del DIF, se expresen de manera autoritaria y ofensiva, como se evidencia en el audio donde dice: “…ella es una pinche gata de quinta…por eso como yo le dije a Pancho ya voy a poner mis limites, y de aquí en adelante se chingue quien se chigue, pero yo ya me voy a poner perra…deben de reconocer quien es quien…”. Esta situación es un ejemplo de cómo la falta de rendición de cuentas puede llevar a la corrupción y el abuso de poder.

No hay peritaje que indique que no es su voz, así se expresa la responsable de la política pública a favor de las familias en el municipio. Todo indica que Pancho es el presidente, su hermano, y la referida alguna mujer sobre la que presenta superioridad, su lenguaje es de sometimiento a otras, así las ve, así se presenta. Expresiones propias de una funcionaria que asume que está dirigiendo su casa, con sus reglas y sus formas, no escuchamos a una titular de una institución. Al tiempo de escucharla, también sabemos que su hermano no tiene toda la autoridad consigo, ella se presenta como una par. En el reconocimiento que invoca “del quien es quien” escuchamos a una titular que se sabe tolerada al tiempo que su desborde la delata en todas sus limitaciones profesionales para ejercer el cargo.

Maura Orozco se presenta en su currículo público como exregidora panista y como una integrante del magisterio responsable, honesta y comprometida. Sin embargo, las denuncias sobre la remuneración que recibe, sus presuntas prácticas violentas contra el personal a su cargo y un audio reciente donde hace gala de formas y lenguaje soez la delatan en un sentido muy distinto al que incluye su CV. En el audio, se refiere a una persona de manera despectiva y menciona un apoyo económico a sus hijas por parte de Eloy, el eterno secretario del ayuntamiento, lo que sugiere un posible conflicto de intereses y una red de favores y lealtades en el municipio.

La publicación del lunes, continuidad de la del mes de octubre, parece no tener respuesta de las autoridades que prefieren ignorar y alinearse con esas formas de cacicazgo local, ni siquiera es un tema de respeto a la autonomía del municipio, no les interesa lo que ocurre en el noreste. Sobre el texto que se publica el lunes un internauta señala en comentarios lo que parece ser una sensación compartida: Xichú es un pueblo sin ley, puro autoritarismo. Con él, aparecen varias frases que invocan el “no va a pasar nada”.

La inacción de autoridades fiscalizadoras y las alianzas de quienes sostienen a esta familia explican en gran medida el que nadie ve y nadie oye lo que ocurre en Xichú. En un estado de derecho mínimo la titular del DIF señalada ya hubiera sido separada del cargo para una investigación exhaustiva, y seguramente al término separada definitivamente. Sus expresiones la retratan en sus formas privadas que deberían ser evaluadas desde lo público. Pero no ha pasado, no va pasar, Estrada lo recreo bien en su película en ese México, y en ese Guanajuato, vigente.

Un municipio que se presenta en la actualidad como escenario donde se podría perfectamente filmar la segunda parte de una sátira que critica la corrupción y el narcotráfico en México, y que aborda, como ocurre en Xichú en pleno 2026, temas como la violencia, la pobreza y la impunidad.

A propósito de la visita en este lunes de febrero de  la gobernadora Libia Dennise Muñoz Ledo a tierras xichulenses, quedan algunas recomendaciones adicionales para las autoridades que visiten Xichú, lo mismo Senadoras que secretarias del IMUG: deberían de tener claro el contexto, ubicar que no es curricular, y menos ético, presentarse en imágenes con integrantes una familia de políticos que hacen gala de aquellos excesos que se han prometido erradicar desde los distintos niveles de gobierno. La foto, los abrazos, las presencias validan esa tierra sin ley, ese desgobierno y ese meta poder familiar de los Orozco Martínez. “La corrupción es el negocio más rentable del mundo.” (El Infierno, Luis Estrada)