Voto duro vs voto de castigo, la incógnita de las elecciones intermedias

Pepe Pedroza
Pepe Pedroza, analista Platino y especialista en temas electorales.

León Guanajuato a 23 de noviembre a 2020.- Se avecina la elección más grande de la historia en nuestro país (cada elección siempre es la más grande), los partidos políticos afinan estrategia y perfiles para afrontar el 2021 que arrancara a tambor batiente con precampañas; La definición de nuestros representantes se realizara en una cerrada elección intermedia que se caracterizara por una baja participación ciudadana.

En las elecciones intermedias tan solo se eligen Diputados Federales, Diputados Locales y Ayuntamientos, es decir 3 de los 6 votos que se sufragan cuando se renueva la Presidencia de la República.

A diferencia de la elección presidencial en la que la campaña dura 90 días las intermedias tienen una duración de 60 y los reflectores se van hacia lo local con la renovación de los Ayuntamientos aunque los intereses de los partidos políticos apuntan más a la conformación de la Cámara de Diputados a nivel Federal.

La brevedad de las campañas, lo anticlimático de las posiciones en disputa y hasta las condiciones sanitarias por el coronavirus amenazan con que el porcentaje de participación del padrón electoral en Guanajuato alcance apenas el 40% por debajo del 55% que significa el flujo de votantes en las elecciones presidenciales; para muestra de lo anterior: lo acontecido en Coahuila el pasado mes de Octubre en donde apenas se alcanzó un 39% de participación.

Siendo entonces una elección que se antoja apretada de inicio, toma relevancia estos dos conceptos sobre los cuales se explica el resultado y que tratare de definir a continuación.

Voto duro

En los tiempos del partido hegemónico (PRIato) toda la política incluso la de oposición se generaba al interior del entonces partidazo, el sistema incluso se daba el lujo de crear sus propias crisis para generar también las soluciones, logrando así el equilibrio y estabilidad de la que gozo nuestro país durante más de 70 años.

Lo anterior no hubiese sido posible sin la cobertura social que se construyó después de la revolución: campesinos, obreros y organizaciones populares de inicio fincaron los pilares del partido en el gobierno y posteriormente se amplió a jóvenes, mujeres, burócratas y beneficiarios sociales de gobierno; Es decir que prácticamente cualquier persona encontraba cabida en el andamiaje institucional del partido en el gobierno.

Es así que nació el llamado voto duro del PRI y que hacía referencia a la militancia que se extiende hasta la burocracia y los beneficiarios de que una corriente política en el gobierno mantenga su predominancia, es decir todas aquellas personas que se benefician de que el “statu quo” se mantenga intacto y sigan beneficiándose de las prestaciones y servicios que obtienen de manera directa o indirecta.

La apertura de nuevos escenarios políticos generó la dispersión de la representación social, además de la evolución de nuestra democracia junto los nuevos tiempos de globalización trajeron un deterioro de las militancias, pero el “establishment” se mantiene cohesionado principalmente por una burocracia que se amplía al amparo del partido en el gobierno (como la era panista que vivimos en Guanajuato)  y la cooptación de beneficiarios de programas con vocación más electoral que social (como los calentadores solares).

Hoy en día el VOTO DURO se ha convertido en un mito de la predominancia, que de existir este se debería de acotar únicamente a la militancia activa plenamente identificada con el partido político, sugerir que la burocracia y que los beneficiarios sociales votarían de manera espontánea por el partido que les beneficia, resulta ya inconcebible en estos tiempos si no es por medio de métodos de coacción que claramente son violaciones electorales.

¡Ojo! Cuando hablen con ligereza del voto duro que en realidad puede evidenciar una confesión tacita de cooptación del voto.

Voto de castigo 

Gobernar es un desgaste constante, cada que se inicia un periodo de gobierno lo único seguro que se tiene por delante es el deterioro de la imagen: cada promesa incumplida, cada acción de gobierno deficiente y cada expectativa no satisfecha va coleccionando un rosario de reclamos que normalmente cobran factura en la aprobación de su gestión.

La escalada de desprestigio va nutriendo entre el electorado de manera constante un ánimo de sanción que buscara reprender al partido político que gozó de las preferencias con la única arma que tiene el ciudadano al respecto… el voto.

Es este entorno el que favorece la alternancia siempre y cuando exista un liderazgo u opción política que sea capaz de capitalizar el hartazgo, de lo contrario permanecerá la opción que gobierna más por la apatía ciudadana que por un refrendo a su buena gestión.

El VOTO DURO se caracteriza por márgenes cerrados que aprovecha sobre todo la pulverización del voto de las demás opciones políticas en las que se dispersa la voluntad electoral, además de que suele apoyar el refrendo de gestiones del partido que gobierna, recordemos que para hablar de VOTO DURO tendrá que tenerse toda una estructura político clientelar y gubernamental que apoyó el aval de la misma opción política para un nuevo gobierno.

Mientras que el VOTO DE CASTIGO se caracteriza por liderazgos emergentes de una opción distinta a la que gobierna y que capitalice toda la indignación, coraje y encono que ha sembrado durante su periodo, será indispensable que la participación ciudadana se incremente pues será un signo de que la gente que normalmente no vota saldrá a las calles motivada por una opción de cambio que hasta antes no existía.

En esta elección intermedia se asoma una baja participación sobre todo por los temas sanitarios motivados por la pandemia y solo hay una incógnita a despejar:

¿Alcanzara el sistema político clientelar para refrendar su gobierno o será suficiente el hartazgo para lograr la alternancia?