“Mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor.” Albert Einstein
“Tengo apenas una vida y en ella solo tengo una oportunidad de hacer lo que quiero. Tengo suficiente felicidad para hacerla dulce, dificultades para hacerla fuerte, tristeza para hacerla humana y suficiente esperanza para ser feliz.” Clarice Lispector
“Nuestro destino no es la versión cómoda que otros esperan de nosotros, sino la integridad con la que elegimos abrazar nuestras cicatrices para transformarlas en el guion de nuestra propia redención.” Joaquin Phoenix
“El destino es un río que ninguna presa detiene en su camino hacia el mar. No depende de nosotros. Lo único que depende de nosotros es la forma de navegarlo, combatir sus corrientes, para no dejarnos llevar como un tronco desgarrado.” Oriana Fallaci
“El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.” Ludwig van Beethoven
“¡Jamás reprimir o callar algo que pueda ser pensado en contra de tus ideas! ¡Prométetelo! Forma parte de la honestidad fundamental del pensar.” Nietzsche
“Tu trabajo no es condenar, sino comprender y bendecir. Tu trabajo es ver el miedo en los ojos de la gente y recordarles que son amados. ¿Por qué querrías golpear, quemar o excomulgar a los que más amor necesitan?” Paul Ferrini
“En algún momento de la vida, la belleza del mundo se vuelve suficiente.” Toni Morrison
“Uno se enamora porque el otro lo hace sentir a uno mejor de lo que es. En el amor no importa el otro. Importa lo que el otro nos hace sentir. Sin el otro somos nada.” Guillermo Saccomanno
“De todo lo que has vivido, lo más valiente fue no rendirte cuando sentiste que no podías más.” Antonio Espino
“Casi nadie sabe que algunas personas hacen enormes esfuerzos solo para parecer personas ordinarias.” Albert Camus
“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor.” Cayo Cornelio Tácito
“Nosotros somos los solitarios, y los solitarios todos se entienden entre sí. Sin hablarse, ni verse, ni siquiera conocerse. Me acompañan en mi soledad las soledades de los demás solitarios.” Miguel de Unamuno
“No lo creerás, pero en los días que siguieron pensé poco en ti, tu ausencia se volvía cada vez más tangible y casi no era necesario verte… No necesitaba pensar en ti, las cosas eran tú, no te habías ido.” Julio Cortázar
“Las personas tranquilas y silenciosas son las que tienen las mentes más fuertes y ruidosas.” Stephen Hawking
“Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.” Antonio Machado
“Sufrimos al no obtener lo que deseamos y, si lo obtenemos, nos aburre inmediatamente; nuestra vida oscila entre el deseo, el dolor y el tedio.” Arthur Schopenhauer
“El secreto es no desperdiciar. Tiempo, palabras, personas…” Morena Almanno
Retarnos a pensar —y a pensar de forma crítica— es hoy una tarea urgente. Es un deber tanto con uno mismo como con los demás. La necesaria posibilidad de pensar lo que se siente y pensar lo que se dice se convierte en un imperativo moral y en un compromiso ético ante la avalancha de opinocracia, frente a la información que nos invade y que obliga a poner en duda una gran cantidad de datos, de “hechos” que se emiten, se comparten y se asumen como verdaderos.
Nada como la tarea indispensable de pensar lo que se lee, de analizar lo que nos llega y de poder contrastarlo con lo real, con toda la subjetividad que ello implica. No hay verdad absoluta, ni la opinión de alguien debe ser aceptada solo porque ese alguien la expresa.
Ya lo ha dicho con precisión el filósofo español José Antonio Marina: todas las personas tienen derecho a expresar su opinión, pero no todas las opiniones son respetables, porque si estas van en sentido contrario a la dignidad humana, a los derechos humanos, o buscan legitimar la injusticia, la discriminación, la exclusión, el abuso o la violencia, no pueden ser respetables.
Pensar es estar en sociedad, porque somos seres sociales y somos producto del otro, del lenguaje y de la cultura.
Pensar es darnos la oportunidad de interiorizar la vida, reflexionar sobre las experiencias, poner a prueba los aprendizajes, contrastar los hechos desde nuestros principios y valores, y tener la capacidad de debatir las ideas, las creencias, las costumbres y los prejuicios que, muchas veces, se convierten en armaduras rígidas que dan origen a los fanatismos y obstruyen el pensamiento; una coraza que impide el diálogo, la comprensión y la empatía en el constante proceso de crear y alcanzar consensos, y en la necesidad de construir acuerdos para que la vida gane, para que el ser humano exalte sus capacidades, sublime su inteligencia y reafirme su conciencia individual y colectiva.
En esta época de la posverdad, debemos entender que, si bien la realidad es una, las posibilidades de interpretarla son múltiples, y aferrarnos a una sola de ellas nos lleva a un desgaste social y humano que no vale la pena. Dice C. JoyBell C.:
“Son las cosas rígidas las que se rompen; las cosas flexibles no se rompen. Hoy he tenido esta revelación y me pregunto por qué me ha costado tanto tiempo darme cuenta. Puedes desperdiciar muchos años de tu vida intentando convertirte en algo tan fuerte que no se rompa, pero son las cosas flexibles las que no se rompen. Las cosas rígidas son las que se hacen añicos”.
Apelar a flexibilizar nuestro pensamiento para escuchar al otro, comprender su punto de vista y aceptar que existen también otras verdades es el verdadero ejercicio de comunicación y compasión que nos hace personas.
Y en ese sentido, el conocernos, el interiorizar nuestra historia, aceptar que somos falibles y que siempre nos falta algo, es un proceso que nos individualiza y, a la vez, nos integra a un “nosotros”, a un ser con los demás; tarea nada sencilla en un mundo que nos distrae, nos condiciona, nos llena de certezas inservibles y nos polariza. Albert Camus escribió:
“En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible.
En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible.
En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible.
Me di cuenta, a pesar de todo, que en medio del invierno había, dentro de mí, un verano invencible.
Y eso me hace feliz. Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta”.
Gilles Deleuze y Claire Parnet invitan:
“Experimenten, pero no dejen de tener en cuenta que para experimentar hace falta mucha prudencia. Vivimos en un mundo más bien desagradable, en el que no solo las personas, sino también los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes, son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar, y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos… No es fácil ser libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación humana.”
Es cierto también que los atavismos que hemos seguido responden a la versión occidental del mundo, a sus creencias y a la idealización del bien; pero, dejando de lado las preocupaciones existenciales y las dudas constantes, no hay certezas, y ahí reside también la condición humana: su fragilidad y su osadía. Martin Buber, filósofo, escribió:
“No hay ninguna garantía dialéctica que pueda evitar el derrumbe del hombre; solo de él depende si tendrá fuerza para levantar el pie y dar el paso que lo aleje del abismo. La fuerza para dar ese paso no puede provenirle de ninguna seguridad del futuro, sino de esas honduras de la inseguridad en las que el hombre, presa de la desesperación, responde a la pregunta por la esencia del hombre mediante su resuelta decisión.”
Habrá que ser como el agua, comprender que pensar es la posibilidad que tenemos para actuar con prudencia, con inteligencia y con sabiduría en la vida. Margaret Atwood lo describe de forma magistral:
“El agua no resiste. El agua fluye. Cuando sumerges tu mano en ella, todo lo que sientes es una caricia. El agua no es una pared sólida; no te detendrá. Pero el agua siempre va donde quiere ir, y al final nada puede oponerse. El agua es paciente. El agua que gotea desgasta una piedra. Recuerda eso, mi hijo. Recuerda que eres medio agua. Si no puedes atravesar un obstáculo, dale la vuelta. El agua lo hace.”
Por ahora, habrá que volver a creer en el ser humano y en sus valores; creer que somos capaces de construir un mundo nuevo y posible, aceptando que “el valor más grande de un ser humano está en su capacidad de amar, de cuidar y de resistir, incluso cuando el mundo parece volverse en su contra”, como dijo Isabel Allende.
Pensar es, a su vez, reconocer en el otro todo lo que nos da. Y es desde la solidaridad, desde la convivencia, desde el afecto, desde los vínculos, desde el amor y desde pensar lo que se dice, pensar lo que se siente y sentir lo que se piensa, que podremos dar valor a las vicisitudes que nos brinda el pensamiento crítico que nos hace verdaderamente humanos. Ernesto Sabato lo expresa así:
“Cuando somos sensibles,
la cercanía
con la presencia humana
nos sacude, nos alienta, comprendemos
que es el otro
quien siempre nos salva.
Y si hemos llegado a la edad
que tenemos, es porque
otros nos han ido salvando
la vida, incesantemente.”





