El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente. Casi todas las personas, hombres y mujeres, tendrán contacto con el VPH en algún momento de sus vidas. Por fortuna, la mayoría de las infecciones se eliminan de manera espontánea en los primeros dos años después de haberse adquirido y no conducen a ninguna consecuencia. El problema ocurre cuando alguna de estas infecciones no se elimina, lo que conduce a una infección.
Existen más de cien tipos diferentes de virus del papiloma humano, los cuales se clasifican en virus de bajo o alto riesgo, de acuerdo con las consecuencias que producen cuando ocurre una infección persistente. Cuando la infección persistente es por VPH de bajo riesgo, se pueden desarrollar verrugas o condilomas. En cambio, cuando la infección persistente es causada por VPH de alto riesgo, la consecuencia puede ser el desarrollo de cáncer, como el cáncer cervicouterino en las mujeres, aunque también puede provocar cáncer de vagina, vulva, pene, ano, entre otros.
Durante muchos años, para evitar las consecuencias devastadoras del cáncer cervicouterino, se ha recurrido a los programas de Detección Oportuna de Cáncer, ofreciendo a las mujeres la prueba conocida como “Papanicolaou”, con la finalidad de detectar de manera temprana lesiones precancerosas que puedan ser tratadas adecuadamente.
Actualmente, la prevención ha avanzado de forma significativa, ya que es posible realizar acciones preventivas mediante la vacunación contra el VPH que protegen hasta en un 90 por ciento.
La vacuna contra el virus del papiloma humano es una de las herramientas más efectivas para prevenir diversos tipos de cáncer, especialmente el cáncer cervicouterino. En México, desde 2025 se aplica de manera gratuita la vacuna la cual protege contra nueve tipos de VPH.
La vacuna contra el papiloma se recomienda tanto para hombres como para mujeres de entre 9 y 26 años, aunque su indicación se ha ampliado hasta los 45 años. La eficacia de la vacuna es mayor cuando se aplica a edades tempranas, por lo que resulta más efectiva en adolescentes que en adultos. El esquema de vacunación consta de tres dosis: una inicial, seguida de una segunda a los dos meses y una tercera a los seis meses. Sin embargo, cuando se aplica antes de los 15 años, dos dosis son suficientes: la inicial y otros seis meses después.
Si tu hija o hijo está en quinto de primaria o tiene 11 años, acude al centro de salud más cercano para iniciar el esquema. Si ya pasó esa edad, aún puede vacunarse, pero requerirá tres dosis para asegurar la protección completa.
Un pinchazo hoy garantiza una vida más segura después.




