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Soñar es el lujo del pensamiento

“La resurrección de nuestra carne es un milagro. No hay un espíritu que asciende sino un cuerpo que se deshace y baja en espirales por la tierra formando una vida más perfecta y simétrica.” Natalia García Freire
“El verdor de la primavera nos recuerda que la vida es un llamado a la esperanza.” Abel Pérez Rojas
“A dónde irá lo que pienso, pero no escribo y después olvido…” Lía Risco
“La vida no es nada más que la constante maravilla de existir.” Rabindranath Tagore
“La gente no quiere la verdad, quieren consuelo vestido como verdad.” Dostoevsky
“La realidad es demasiado pesada para que la mayoría de la gente la lleve. Así que piden prestadas ilusiones, suaves sueños, dulces mentiras, y lo llaman felicidad.” Franz Kafka
“Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí.” Confucio
“Sé tu refugio, tu abrazo y tu alegría… Porque nadie más puede serlo por ti.” Carmen. D
“Soy lo suficientemente artista como para recurrir libremente a mi imaginación. La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación rodea el mundo.” Albert Einstein
“Construye una vida interior De estudio, de afectos, de intereses humanos. Que no se trata sólo de “llegar”, sino de “ser” Y verás que la vida tendrá sentido”. Cesárea Pavese
“Quiérete, hasta que olvides por qué no lo hacías…” Beret
“Enseñando a un niño a no pisar una oruga, el mundo obtendrá un mejor adulto y una mariposa.” Bradley Miller
“El valor de las cosas no está en la duración, sino en la intensidad en la que suceden. Por eso hay momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.” Fernando Pessoa.
“Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.” Antón Chéjov
“De nuestros miedos nacen nuestros corajes y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan hallazgos, porque es preciso perderse para volver a encontrarse”. Eduardo Galeano
“Yo era la calma de la que todos abusaban. Ahora soy el límite que nadie puede cruzar.” Lía Risco
“Son poquísimas las cosas que de verdad importan en la vida: poder querer a alguien, que nos quieran y no morir después que nuestros hijos.” Amalia Bautista
“Hay momentos en que la soledad es mejor que la compañía, y el silencio es más sabio que las palabras.” Charles Spurgeon
“Cuando me desespero, recuerdo que a lo largo de la historia el camino de la verdad y el amor siempre ha triunfado. Ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo pueden parecer invencibles, pero al final siempre caen.” Mahatma Gandhi

Es necesario soñar. El sueño no solo es el proceso biológico que realizamos como parte de la dinámica vital que transita entre la vigilia y el dormir. Soñar es algo más: es también el territorio donde se mueve el inconsciente desde la perspectiva psicoanalítica. En las propuestas metafísicas y esotéricas, es el lugar de los simbolismos y de los mensajes espirituales, con todo un conjunto de ideas y explicaciones que buscan dar sentido y significado al acto de soñar. Es claro que el mundo onírico constituye un espacio especial para la subjetividad.

Dormir es un proceso biológico necesario, pues brinda el “tiempo” para restaurar y dar mantenimiento a las células y tejidos, fortalece el sistema inmunológico y regula el metabolismo. Asimismo, a nivel cognitivo se consolida la información y las experiencias vividas durante la vigilia, lo que favorece los procesos de razonamiento, creatividad y toma de decisiones. Durante el sueño, el cerebro descarta toxinas acumuladas durante el día y ayuda a restablecer las funciones neuronales. Al dormir soñamos: a veces recordamos lo soñado de forma vívida, mientras que otros sueños se desvanecen sin dejar huella.

En el sueño se presenta una actividad cerebral similar a la vigilia, organizada en dos ciclos con diferentes fases: NREM y REM, que se distinguen por la presencia o ausencia de movimientos oculares rápidos. En el ciclo NREM disminuyen la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la respiración; los músculos se relajan y la temperatura corporal baja. En las etapas que van de la somnolencia al sueño profundo se produce la consolidación de la memoria a largo plazo y la liberación de hormonas de crecimiento, razón por la cual los bebés duermen tanto.

Durante el ciclo REM, la actividad cerebral es semejante a la vigilia y ocurre cada 90 minutos. Se presentan movimientos oculares rápidos y una parálisis temporal de los músculos para evitar que actuemos los sueños, es decir, que nos movamos conforme a lo que estamos soñando. En esta fase aumentan la frecuencia cardiaca y respiratoria, y se relaciona con la memoria emocional y el aprendizaje creativo.

Este recorrido busca dar valor y tomar conciencia tanto del hecho de dormir como del hecho de soñar. Más allá de la metáfora de soñar como sinónimo de divagar, idealizar, fantasear o incluso delirar, soñar es también la oportunidad de construir otras formas de concebir el mundo, de imaginar una vida mejor, de crear una realidad basada en la justicia, el diálogo y la pluralidad social y cultural, para encauzar las mejores causas de lo que nos hace humanos en un sentido ontogénico.

Soñar, por tanto, es también actuar en la vida: estar despiertos, conscientes y sabiendo dónde estamos parados, reconociendo nuestra realidad humana con todas sus contradicciones y carencias. Soñar, en definitiva, es crear. El gran reto consiste en pasar de la fantasía a lo concreto, de lo ideal a lo real.

La otra variable que atraviesa este viaje es el tiempo. ¿Cuánto tiempo tenemos para construir un mundo mejor? ¿Cuánto tiempo para hacernos cargo de nosotros mismos? ¿Cuánto tiempo nos damos para ser y estar con los demás? ¿Cuánto tiempo tenemos para vivir con plenitud y responsabilidad?

Aprender a movernos y, por tanto, a vivir en el presente es un verdadero desafío personal. Implica, por un lado, tener conciencia de nuestra historia y trayectoria, y por otro, construir una identidad dinámica, en la que lo que hacemos en el presente posibilita el ser en el futuro inmediato. Al mismo tiempo, constatamos que la realidad es un flujo constante, en el que nadie se baña dos veces en la misma agua del río, como señaló Heráclito hace varios siglos. Por ello, es importante aceptar que cada instante fluye y se vuelve irrepetible, y que justamente esa irrepetibilidad nos permite actuar para transformar la realidad y transformarnos.

Paola Felice escribió: “Cuando tengas una caricia para dar, es mejor entregarla de inmediato. Nunca se sabe, tal vez te olvides, o creas que puedes hacerlo más tarde y, en cambio, la cara que lo esperaba lo necesitaba justo en aquel momento, y tu caricia quedará atrapada entre tus dedos junto con tu arrepentimiento.”

La vida es un hacer, pero un hacer que requiere conciencia y reflexión. Actuar es la forma de ser y estar en el mundo. Por eso, solo soñar es un lujo: no porque nos aleje de la realidad, sino porque los sueños deben usarse para actuar y cambiar lo que está mal en la sociedad.

Soñar también es idealizar con esperanza. En El Quijote, Miguel de Cervantes dice:

“Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.”

Soñar, entonces, es crear la utopía de un mundo mejor. Pero sin duda se requiere actuar, dar un paso, caminar. Es andar por las veredas de la vida, y Patrick Süskind lo describe así: “En el acto de andar hay una virtud curativa. Poner un pie delante de otro con regularidad, agitando al mismo tiempo rítmicamente los brazos; el incremento de la frecuencia respiratoria, la ligera estimulación del pulso, la necesaria actividad de ojos y oídos para determinar la dirección y mantener el equilibrio, la sensación del aire en movimiento sobre la piel… Todo esto influye de manera inequívoca en el cuerpo y el ánimo y hace que el alma crezca y se ensanche, por grandes que sean sus preocupaciones y heridas.”

Creo que soñar es, a su vez, tener un lugar para la esperanza. Shūsaku Endō escribió: “El hombre (y la mujer) es un ser extraño. Siempre tiene la sensación en algún lugar de su corazón de que, sea cual sea el peligro, saldrá adelante. Es como cuando en un día lluvioso te imaginas los tenues rayos del sol brillando en una colina distante.”

Estamos en tiempos en que es necesario soñar para poder tener un mundo mejor, justo y en paz. Es tiempo de cambiar muchos de los paradigmas impuestos por la actual sociedad capitalista de mercado, de detener el individualismo y el consumismo como modelo de vida, y de enfrentar este momento de locura social y de reacomodo global del poder económico.

Hago mías las palabras de Carmen Martín Gaite, porque creo que se puede vivir soñando y pensar críticamente. Y aunque ambos procesos puedan parecer un lujo, también son una oportunidad para vivir a contracorriente en este mundo que se empeña en matar sueños. Un mundo perverso que invita a soñar con el éxito solo como señuelo y que devora sin piedad las ilusiones y deseos de quienes caen en el abismo del individualismo, atrapados en las redes de la distracción, la diversión y las adicciones dañinas, que conducen a la soledad, la depresión y la ansiedad.

“Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el pato Donald… Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar… y vivir es reírse.”

Y hago también mío lo que escribió Fernando Pessoa, porque al tener conciencia de lo que se sueña —y ya que soñar es un lujo del pensamiento— comprendemos que “Llegó el momento”:

Llega un momento

en que es necesario

abandonar las ropas usadas

que ya tienen la forma

de nuestro cuerpo

y olvidar los caminos

que nos llevan siempre

a los mismos lugares.                      

 

Es el momento de la travesía.

 

Y, si no osamos emprenderla,

nos habremos quedado

para siempre al margen

de nosotros mismos.