Inicio Columna Si el Estado es el PAN, ¿quién nos abandona?

Si el Estado es el PAN, ¿quién nos abandona?

El PAN no representa a las mujeres que abortan. Las persigue. Por eso le vendría bien leer Si el Estado te abandona, nosotras te acompañamos, el libro que la Red de Acompañantes de León y la académica Yessica Ivet Cienfuegos Martínez acaban de presentar en la capital. Ahí están los testimonios que sus negativas ignoran. Mujeres que abortaron por razones que ellos no entienden, en contextos que ellos no pisan, en condiciones que ellos precarizan desde hace más de 30 años. Es un ejercicio simbólico, pero brutal: demuestra que la moral no alcanza para legislar sobre cuerpos ajenos. Y que, en Guanajuato, si el Estado te abandona, ese Estado se llama Acción Nacional.

Es insostenible. No se puede hablar de derechos humanos de las mujeres y criminalizar el aborto en Guanajuato. Un territorio feminicida. Y aun así, el PAN sigue debatiendo si merecemos decidir. Sigue precarizando desde su voz, desde su voto, desde su gobierno. Por eso existe ese libro. Porque el abandono aquí no es nuevo tiene 30 años desplazando la agenda de los derechos humanos de las mujeres para imponer la agenda de sus grupos conservadores. Grupos que no solo administran desde el PAN: son el PAN. Por eso legislan con rosarios y votan con pañuelos azules.

¿De qué va el fondo? De nombrar al responsable. De dejar de hablar de “el Estado” como si fuera un ente sin cara. El Estado que abandona, criminaliza y mata mujeres desde hace 30 años tiene nombre, apellido y logotipo: PAN. Por eso regatean la despenalización del aborto. No es moral. Es control. Despenalizar es perder poder. Es soltar el control sobre nuestros cuerpos. Y el PAN no gobierna Guanajuato para servir. Gobierna para tutelar.

Esto que sí ocurre: testimonios que el PAN no quiere leer

El libro no es abstracto. Tiene nombres. Sofía cuenta que fue al hospital después de usar misoprostol para confirmar que el aborto hubiera ocurrido. Ahí le hicieron una prueba de embarazo. Salió positiva. La doctora llamó a la trabajadora social. “Ambas me dijeron que en el estado donde vivo el aborto está penalizado, me explicaron que era considerado un delito y que tendrían que llamar al Ministerio Público”, escribe. “Me quedé en shock”.

Esto que dicen que no ocurre, sí ocurre. Esto que niegan en el Congreso quienes votan en contra de la despenalización por señalar que “a nadie meten a la cárcel”, sí pasa. Las mujeres son puestas en el banquillo. Son juzgadas. Son criminalizadas. De ahí la gravedad de mantener la penalización: del hospital al Ministerio Público. Esa es la ruta que el PAN diseñó en Guanajuato desde hace 30 años.

Sofía no usó anticonceptivos. No lo hizo por elección, por obligación o por desconocimiento Las razones son muchas. Y ahí está el otro crimen: 30 años prometiendo educación sexual y negándola en los hechos. Cada sexenio lo anuncian. Este también. Pero no entra a las aulas porque no la dirigen como política pública obligatoria. La negocian. La simulan. Dan por sentado que todas tendríamos que conocer nuestro cuerpo y nuestros derechos. ¿Cómo? ¿En un estado tan inhóspito de información?

Por eso el Ministerio Público. Por eso el miedo. Por eso la red. Porque si el Estado-PAN abandona, nosotras acompañamos. Sofía lo deja claro: sin la red, su historia sería cárcel o muerte. Con la red, su historia es libro. Es testimonio. Es prueba.

Y no es casualidad. Esto lo platiqué alguna vez con Luciana Weiner, autora de _Fortuito: La criminalización del aborto en México_. Ella lo documenta: la criminalización no es un error del sistema. Es el sistema. En Guanajuato se diseñó para operar justo así: del hospital al Ministerio Público. De la trabajadora social a la carpeta de investigación. Por eso Sofía no es “un caso aislado”. Es el método. Es la política pública del PAN desde hace 30 años.

Weiner lo llama fortuito porque así lo nombra el Estado: como si caer en la cárcel por abortar fuera un accidente. Pero no hay nada de fortuito cuando tienes tres décadas de gobiernos panistas sosteniendo el tipo penal, negando educación sexual y operando con los grupos conservadores que usan el Código Penal como rosario.

Ahí está la tesis de Luciana y la prueba de Sofía: en Guanajuato no se criminaliza por casualidad. Se criminaliza por diseño.

El libro no solo documenta el presente. Rompe 30 años de silencio. Está el testimonio de Virginia. Hace tres décadas, con miedo y con razones propias, accedió a un aborto. Lo hizo en el quirófano, con médicos, por ayuda de su pareja. Años después, un 8M, se vio frente a una iglesia. El templo protegido por una cadena de mujeres con pañuelos azules y rosarios entre los dedos. Otras les apuntaban con imágenes de la virgen cargando a su hijo. Y entonces Virginia gritó. Gritó por todos los años que calló: “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”. Alzó el puño y vio el amor que la rodeaba. La rabia de todas. El motivo para estar ahí.

“Los abortos se seguirán practicando, pero en sus manos está lograr que dejen de ser riesgosos”, les dice Virginia a los legisladores. A los del PAN y sus aliadas. A los que hoy votan en contra diciendo que “a nadie meten a la cárcel”. Su testimonio es el de muchos silencios que hoy pesan como lápidas en los cuerpos de las mujeres. Silencios por culpa. Por terror. Por lo que la sociedad —y el Estado-PAN— nos dijo que era pecaminoso. Que era solo responsabilidad de las mujeres.

Porque en la criminalización no se cuestiona la responsabilidad de ellos. Toda la ira, todo el señalamiento, todo el dolo recae sobre los cuerpos, sobre la vida, sobre las conciencias de las mujeres. Nunca sobre los hombres. Nunca sobre el Estado que abandona. Nunca sobre el PAN que legisla y penaliza.

Treinta años. El testimonio de Virginia es de hace 30 años. El PAN lleva casi el mismo tiempo gobernando Guanajuato. Treinta años de silencio oficial, de rosarios en curules, de pañuelos azules legislando sobre nuestros cuerpos. Treinta años abandonando. Por eso el libro. Por eso las redes. Por eso el grito.

Es mentira que les importemos. 

Si les importáramos, Guanajuato no sería el estado donde abortar te puede llevar a la cárcel, pero parir te puede llevar a la muerte por falta de atención. Si les importáramos, la Secretaría de las Mujeres no sería una oficina decorativa: sin presupuesto, sin dientes, sin estrategia técnica para erradicar la violencia. La hicieron transitar a secretaria para que nada cambiara. Porque atender la violencia real implica soltar el discurso de “protección”.

El libro lo dice claro: nosotras te acompañamos. Porque el Estado-PAN no lo hace. Las redes lo hacen. Las mujeres lo hacen. Mientras ellos debaten si somos delincuentes por decidir, nosotras ya resolvimos acompañarnos para no morir.

La Corte ya ordenó al Congreso del Estado legislar. Hay plazo. Pero el PAN estira, simula, mete el tema a la congeladora. Cada día que regatean, una mujer arriesga su vida o su libertad.

Despenalizar no es ideología. Es dejar de usar el Código Penal como anticonceptivo. 

El PAN lo sabe. Pero prefiere tenernos con miedo, con culpa, procesadas. Porque una mujer con miedo no exige. Una mujer criminalizada no vota libre. Una mujer muerta no cuenta.

Hoy el libro pone el dedo en la llaga: Si el Estado te abandona… y en Guanajuato el Estado es el PAN. Entonces ya sabemos quién nos abandona. Ya sabemos a quién hay que señalar.

Treinta años de abandono tienen nombres. Treinta años de resistencia, también.

A Sofía, Jessica, Nayeli, Edith, Joseline, Virginia, María, Arelí, Elizabeth, Luz Alejandra, Maryra, Marissa: gracias. Por enarbolar desde su trabajo y su compromiso que las mujeres sostenemos a otras mujeres. Por su persistencia. Por su resistencia. Por su avance. Por no detenerse.

Porque ellas nos acompañan. Y nosotras las acompañamos a ellas.