“Podré no estar de acuerdo con lo que piensas, pero daría la vida por defender tu derecho a decirlo”, frase que se le atribuye a Voltaire, pero al parecer éste nunca la pronunció y ahora se menciona que en realidad dicha frase es de Evelyn Beatrice Hall quien la pronunció por primera vez y solía utilizarla ilustrativamente cuando quería referirse al modo de pensar, creer y vivir del filósofo al que tanto admiró. Al menos lo menciona así el Barcelonés Alfredo López.
Pero más allá de quien en realidad la dijo, en ocasiones nos gana el romanticismo y seguimos citando al conocido y renombrado Voltaire y hacemos a un lado a la mujer que realmente la pronunció.
Pero lo relevante de esto es el espíritu que encierra, que conlleva la frase y la profundidad de su contenido, más que nada psicosocial, en el que se denota una real, verdadera y profunda conciencia social.
Se ha exacerbado la intolerancia. Mientras hay muchos que se hacen un estudio de ADN para ver sus orígenes y presumen que traen sangre europea (recordemos que entre la gente que traía Cristóbal Colon, Hernán Cortes, etc. venían cientos de delincuentes), como si eso los hiciera ciudadanos ejemplares, connotados o de la raza aria.
Pero se vuelven intolerantes al disidente, al diferente, al inmigrante, al que profesa otro credo religioso o al que no profesa credo alguno. Y vaya que no estoy hablando de cuestiones políticas o partidarias, estas intolerancias son mas graves y profundas, más malignas y dañinas.
Si bien la Carta de los derechos Humanos nos dice que cada uno es libre de profesar el credo o creencia religiosa que le plazca, la constitución de México una vez mas se adelanta y agrega que se es libre de profesar o no credo alguno.
Se práctica hasta la irracionalidad el “yo estoy bien, tú estás mal” la frase en gustos se rompen géneros ya es algo del pasado, pues cada día hay más y más personas que no admiten las diferencias. Si no te gusta el mango, la fresa o la sandía, pues no los comas, pero no los prohíbas.
Nos horrorizamos por los excesos que se dieron en la alemana nazi, por el holocausto, por la inquisición, pero cada día hay más grupos que repiten esas mismas estructuras, matizando toda su ideología en que los de enfrente quieren imponer, acabar con nuestras costumbres, y dicen: solo lo nuestro es lo que sirve y salvará al país, al mundo.
Pero los métodos, a fin de cuentas, pasan de la sutileza de una ideologización desde las redes sociales, a la dureza de actitudes extremas. De esto saben mucho los fachos. Que cada día se agrupan más y se extienden más, no solamente en el territorio nacional, sino por el mundo.
Hay muchos libros que no estoy dispuesto a leer, entre otros, no leo novelas, pero aunque algunos los considere de entrada malos, inútiles, insulsos, vánales, contrarios a lo que pienso, a lo que creo, y no me refiero solamente a las diferentes corrientes de la psicología, (algunas muy corrientes), pero jamás he destruido un libro, jamás he quemado un libro y me opongo a las purgas de las bibliotecas, como en Estados Unidos, que ya han sacado (así, textualmente) libros de decenas de bibliotecas por considerarlos que van en contra de las tradiciones, del orden establecido, de las buenas costumbres.
Los radicalismos que se están dando en nuestra sociedad, local, nacional, mundial, están perjudicando en lugar de construir y seguramente, habrá personas que, después de leer esto asuman una actitud intolerante a lo que digo.