México vive, en este inicio de 2026, un desafío epidemiológico que creíamos superado: el sarampión, enfermedad erradicada hace años en nuestro continente, ha regresado con fuerza. Según los informes diarios de la Dirección General de Epidemiología, hasta el 5 de febrero se han confirmado 8,459 casos distribuidos en las 32 entidades federativas del país, con contagios diarios que promedian casi dos por hora.
Este repunte nos obliga a mirar con serena urgencia aquello que olvidamos: en salud pública no hay victoria definitiva, solo vigilancias sostenidas. El sarampión es altamente contagioso, se transmite con solo estar en el mismo espacio que una persona infectada, y puede provocar complicaciones severas, particularmente en niños, adultos sin esquema completo de vacunación y mujeres embarazadas.
Frente a este escenario, la Secretaría de Salud ha actualizado sus recomendaciones con la claridad que exige una crisis sanitaria real. Entre las medidas más relevantes destaca la vacunación ampliada y focalizada:
Completar o actualizar el esquema de vacunación de la vacuna SRP (sarampión, rubéola y paperas) en niñas y niños desde los 12 meses y con refuerzo a los 18 meses o a los 6 años, según corresponda.
Aplicar la denominada “dosis cero” en menores de 6 a 11 meses en zonas con brotes, como estrategia para adelantarse al riesgo de infección.
Vacunar a adolescentes y adultos de 10 a 49 años que no cuenten con esquema completo o que no recuerden haber sido vacunados, así como a personal sanitario, educativo y jornaleros agrícolas, dada su alta movilidad y potencial exposición.
Intensificar la vigilancia epidemiológica y la comunicación pública, con módulos de vacunación incluso en puntos de alta afluencia como estaciones de Metro y terminales de autobuses, acercando la protección a la población.
Estas directrices no son meras cifras. Son la brújula que debe orientar a cada familia, a cada unidad de salud y a cada servidor público comprometido con la vida de las personas. Porque la vacunación no solo protege al individuo que la recibe —es un acto de solidaridad comunitaria*: reduce la circulación del virus y protege a quienes, por edad o condición, no pueden vacunarse inmediatamente.
Sin embargo, aunque el retorno del sarampión ha sido alimentado por la disminución de coberturas vacunales y la movilidad internacional, no estamos derrotados. La historia de la salud pública nos ha enseñado que las crisis se superan cuando la sociedad y sus instituciones trabajan de la mano. Revisar y respetar la Cartilla Nacional de Vacunación, acudir a los módulos de aplicación y atender las recomendaciones oficiales es, hoy, una responsabilidad de todos.




