Pareciera que los relatos que comparto en este espacio con los amables lectores, fueran producto de mi imaginación o todos ellos fueran ficciones, pero lo que solo hacemos, en algunas ocasiones es modificar los nombres de los personajes por respeto y evitar su identidad que pudiera molestarles, pero los hechos son reales.
Esta precisión la encuentro pertinente porque durante la Pandemia, específicamente el 22 de marzo de 2020 publicamos un artículo que se denominó “LA BUROCRACIA QUE SE FUE”, en el que describo algunas experiencias que tuve en diversas dependencias públicas donde presté mis servicios y allí relaté, entre otros pasajes, uno muy comentado sobre la instalación clandestina de un salón de belleza para las empleadas, y cuyo párrafo paso a transcribir textualmente:
“En aquél edificio que describí, todavía faltaban otras peculiaridades. Por ejemplo, en los entrepisos de las escaleras estaban los baños, para damas en uno, y en el siguiente el de caballeros; pues el personal femenino llegaba y checaba su entrada, pasaba a la oficina de su adscripción para que las vieran y se iban al baño; después de 30 o 40 minutos regresaban a su oficina bien maquilladas y peinadas como para fiesta.”
“Con una secretaria de mucha confianza, quisimos descubrir aquel misterio, pero tampoco obtuvimos respuesta. Hasta que una noche con un cerrajero, decidimos abrir ese baño que estaba bajando la escalera de nuestro piso, para ver por qué se introducían allí y tardaban tanto; lo que descubrimos era de lo más creativo que jamás hubiéramos imaginado; ni Marco A. Almazán con toda su chispa y creatividad lo hubiera escrito.”
“Resulta que ese baño lo desmontaron, les quitaron las cuatro tazas y sus divisiones de cada una, también los lavabos y un área para llave de agua de servicio de limpieza, tarja y una sección para guardar ese equipo; y estaba instalado un verdadero Salón de Belleza bien equipado, con espejos y cinco sillones de trabajo para estética femenina, cada una con su equipo necesario y debidamente separados; algo inimaginable, con más plafones de iluminación y también lámparas verticales.”
“Obviamente, los verdaderos baños a los que acudían a sus necesidades estaban en el piso de más abajo o el de más arriba.”
“Bueno, pues en los siguientes dos meses se dictaron nuevas instrucciones: prohibido el ingreso de vendedores, gestores y promotores de todo tipo; nada de radios o aparatos de sonido; las hornillas, parrillas eléctricas, utensilios de cocina, almacenaje y venta de refrescos y jugos, todos fueron retirados y prohibido reinstalarlos; solo se autorizó una cafetera eléctrica por oficina, o sea cinco solamente; los relojes checadores fueron reubicados y con un supervisor que interviniera las tarjetas a quienes checaran y no ingresaran a sus lugares de oficina.”
“Y como corolario, se desmontó el “Salón de belleza” y se reinstalaron los baños para mujeres.”
Sobre esta entrega recibí muchos comentarios inclusive de forma directa y personal en donde me señalaban que eso no podía ser verdad, porque cómo se iba a haber instalado de manera oculta todo un equipamiento para un salón de belleza en las propias oficinas, si no se contaba con autorización alguna, lo cual conducía a que hubiera una colusión con mandos administrativos superiores, o bien que fueran inventos míos.
Ahora después de casi seis años de este relato que inclusive se publicó en el libro “Reflexiones Durante la Pandemia 2020” página 13, surgió el escándalo en el Senado de la República sobre la instalación en toda forma de un salón de belleza y servicio de estética dentro del recinto legislativo (10/02/2026 Silvia Arellano. Periódico Milenio), descubierto por el grupo de periodistas de la fuente incluyendo una fotografía de la Senadora Juanita Guerra del PVM haciéndose un tinte en horario laboral, lo cual desató la indignación de los partidos de oposición, porque la adaptación se atribuyó a la Senadora Andrea Chávez y a otras legisladoras del Partido MORENA, pues la propia Juanita Guerra se lamentó de que pese a que esas legisladoras la invitaron a acudir a “su salón de belleza” no la hayan respaldado públicamente.
Tanto la Senadora Andrea Chávez como otras legisladoras mencionadas niegan y se deslindan de haber sido ellas quienes instalaron el salón de belleza en toda forma, con espejos, tocadores y demás equipamiento además de dos empleadas para atenderlas; pero resulta por demás obvio que esta situación se permitió bajo la complacencia del entonces líder Adán Augusto López a quien se le atribuía una relación cercana con Andrea Chávez.
Con lo anterior se corrobora que en realidad la terca historia se repite y se repite de los abusos burocráticos otrora del Partido Revolucionario Institucional PRI y ahora por los partidos MORENA y Partido Verde Ecologista de México.
En conclusión, al igual que nuestro relato de la entonces Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas, los salones de belleza clandestinos fueron desalojados y clausurados.





