“Y, dentro de nosotros, el silencio del vacío, la arena del reloj deslizándose, invicta, hacia la nada.” Victoria León
“Pregúntate a ti mismo, qué es realmente importante y luego ten la sabiduría y el coraje de construir tu vida en torno a esa respuesta…” Lee Jampolsky
“Tener a quien volver cuando las cosas te salgan mal y el mundo te haga a un lado. Eso es tener una familia, esté donde esté y sea quien sea. No es sangre, es amor.” Bleu Minette
“¿Que hace usted todo el día? Me soporto.” Emil Cioran
“La invención del libro es la historia de una batalla contra el tiempo para mejorar los aspectos tangibles y prácticos – la duración, el precio, la resistencia, la ligereza – del soporte físico de los textos. Cada avance, por ínfimo que pudiera parecer, incrementa la esperanza de vida de las palabras.” Irene Vallejo
“Ser diferente es el pecado imperdonable en cualquier sociedad. Sé diferente y te tratarán como si fueras alguien maldito.” Margaret Mitchell
“Algunas cosas no se pueden cambiar. Pero la paz puede ser elegida…” Lía Risco
“Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo.” Isabel Allende
“No te duele el pasado. Te duele haber entendido demasiado tarde que nadie iba a venir a salvarte. Y esa lucidez llega siempre acompañada de rabia y tristeza.” Sergio Rodríguez Bonilla
“Tengo un corazón de ermitaño. Yo soy mezcla entre el silencio y el viento. Soy antigua.” Mariangela Gualtieri
“Todo es ridículo si se piensa en la muerte.” Thomas Bernhard
“En las cosas profundas e importantes estamos terriblemente solos.” Reiner Maria Rilke
La vida es un verdadero misterio. Cada vez sabemos más sobre los procesos biológicos de los seres vivos, y la complejidad parece ser su constante. Los procesos bioquímicos y metabólicos representan un auténtico desafío para las propias leyes y teorías que vamos dilucidando. Lo maravilloso es cómo el método científico, junto con la tecnología y la ciencia que se deriva de la observación, la experimentación y la aplicación de los saberes, nos reafirma lo fantástico e increíble que es la vida en su totalidad: sus interacciones, las relaciones multicausales que existen en los diversos planos de la naturaleza de lo vivo y, con ello, los ecosistemas que se han desarrollado para dar soporte a la existencia de todos los seres vivos, incluida la especie humana.
En esa complejidad está inscrita la inteligencia y la conciencia de sí. Hasta ahora, somos los únicos seres que habitamos el planeta que, de una u otra manera, poseemos esa condición: la de pensar racionalmente, sentir y reflexionar sobre nosotros mismos de forma crítica. Podemos analizar, estudiar y comprender —con todas las implicaciones y también con las limitaciones de lo que somos o creemos ser—, así como asumir la responsabilidad de lo que hacemos y de lo que vamos siendo a lo largo del tiempo. Y aunque todos y todas tenemos estas atribuciones y capacidades, lo cierto es que resulta difícil entenderlas e integrarlas plenamente en la vida misma, en su sentido existencial.
Séneca dijo:
“Cuenta los días de tu vida, y verás cuán pocos y desechados han sido los que has tenido para ti”.
La vida, si se desea vivir con un cierto nivel de plenitud, libertad y autoconocimiento, es un ejercicio permanente de interrogación, de observación, de curiosidad, de asumir riesgos y de enfrentar las consecuencias de las decisiones que tomamos. Y si nos damos un poco de permiso y asumimos el atrevimiento de pensar críticamente sobre nuestra propia vida, quizá podamos comprender aquello que Sándor Márai escribió:
“Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido ser de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Estas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que, al final, uno responde con su vida entera”.
Y vaya que no son preguntas simples. Son cuestionamientos profundos que invitan a la reflexión y a entablar un diálogo honesto acerca de lo que queremos ser y hacer. Abren una de las interrogantes más sensibles para cada persona: el tema de la trascendencia.
Una de las maneras de acercarnos a las respuestas —respuestas que están ligadas a las preguntas fundamentales de la vida y que exigen ser contestadas con la vida entera— consiste en conocer algunas voces que ya se han enfrentado a esas interrogantes. Ello amplía las posibilidades para que cada quien pueda construir su propia respuesta.
Así, Mary Oliver declara su deseo:
“No quiero vivir una vida insignificante. Abre los ojos, abre las manos. Acabo de llegar de los campos de bayas, con el sol besándome con su boca dorada todo el camino (abre las manos) y las nubes aladas por el viento siguiéndome, pensando que tal vez podría alimentarlas, pero no: traigo estos corazones solo para ti. Mira cuántos, qué pequeños, pero tan dulces, y quizá el último regalo que jamás le daré a alguien en este mundo de esperanza y riesgo. Así que hazlo. Mírame. Abre tu vida, abre las manos”.
Para Rosa Montero:
“La vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa, que incluso desde los primeros momentos de la pena te permite gozar de instantes de alegría: el deleite de una tarde hermosa, una risa, una música, la complicidad con un amigo. La vida se abre paso con la misma terquedad con la que una plantita minúscula es capaz de rajar el suelo de hormigón para sacar la cabeza. Pero, al mismo tiempo, la pena también sigue su curso. Y eso es lo que nuestra sociedad no maneja bien: enseguida escondemos o prohibimos tácitamente el sufrimiento”.
Anaïs Nin dijo:
“Vives así, protegida, en un mundo delicado, y crees que estás viviendo. Luego lees un libro o te vas de viaje y descubres que no estás viviendo, que estás hibernando. Los síntomas de la hibernación son fácilmente detectables: primero, la inquietud. El segundo síntoma —cuando hibernar se vuelve peligroso y puede degenerar en muerte— es la ausencia de placer. Eso es todo. Parece una enfermedad inocua: monotonía, aburrimiento, muerte. Millones viven así (o mueren así) sin saberlo. Trabajan en oficinas, conducen un coche, hacen picnic con sus familias, crían a los hijos. Y entonces ocurre un tratamiento de choque: una persona, un libro, una canción, y eso los despierta y los salva de la muerte. Algunos nunca despiertan”.
Hermann Hesse escribió:
“No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente: creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se ha conocido lo otro ya no se puede elegir el camino de la mayoría. El camino de la mayoría es tan fácil como difícil es el nuestro. Caminemos”.
Si nos situamos en el plano de nuestras relaciones con los otros, desde el amor, Marguerite Yourcenar escribió:
“Nunca sabrás que tu alma viaja dulcemente refugiada en el fondo de mi corazón y que nada, ni el tiempo ni la edad ni otros amores, impedirá que hayas existido. Ahora la belleza del mundo toma tu rostro, se alimenta de tu dulzura y se engalana con tu claridad. El lago pensativo al fondo del paisaje me vuelve a hablar de tu serenidad. Los caminos que seguiste hoy me señalan el mío, aunque jamás sabrás que te llevo conmigo como una lámpara de oro para alumbrarme el camino, ni que tu voz aún traspasa mi alma. Suave antorcha tus rayos, dulce hoguera tu espíritu. Aún vives un poco porque yo te sobrevivo”.
Y Anaïs Nin afirmó:
“El amor no es una elección, pero amar plenamente sí lo es. Exige entrega, una vulnerabilidad que pocos están dispuestos a ofrecer. Amar es arriesgarse al caos, renunciar al control. Pero sin esta entrega, ¿qué queda? Un ejercicio, una versión pálida de lo que la vida puede ser. Amar de verdad es liberarse de las cadenas de la autoprotección y aceptar que el dolor es parte del paquete. Pero es este dolor el que da sentido a la alegría”.
James Joyce escribió:
“No deseo saber ni creer. No me importa. No te deseo en la oscuridad de la creencia, sino en la incesante, viva e hiriente duda. No retenerte con ninguna atadura, ni siquiera las del amor; estar unido a ti en cuerpo y alma, en una desnudez total… Eso es lo que yo anhelaba”.
Responder con la vida entera implica saber hacernos las preguntas indicadas en el tiempo que corresponde. La vida se revela con la comprensión de nuestra vulnerabilidad y con la aceptación de la finitud de nuestra existencia como única certeza. Responder con la vida entera es ser testimonio de lo que creemos, de los principios y valores que asumimos con conciencia de nuestra historia personal y colectiva. Como seres sociales, entendemos que somos un producto sociocultural de nuestra época, y que el pensamiento crítico nos permite responsabilizarnos de cómo queremos responder al desafío existencial y a la increíble y maravillosa naturaleza de la vida.
La poesía es una forma de responder, y aquí están dos poemas que también apuntan a ello:
“Que cada uno cumpla con su propio destino,
reconozca sus pozos,
riegue sus propias plantas
y levante su casa.
Pero si sobre el final cae en la cuenta
de que ha errado el camino,
entonces que junte coraje,
desande lo andado
y reconstruya su vida”.
Hamlet Lima Quintana
He sido agua, lo sé.
He sido agua y viento.
Una lluvia sobre algo que fui hace mucho tiempo.
Un juramento.
Una espera.
Un barco entre olas imponentes.
Tal vez incluso el mar.
Entonces, ¿de qué debería tener miedo ahora?
Mariangela Gualtieri
Responder con la vida entera es hacer que la muerte nos sorprenda viviendo.







