“A veces te levantas de la cama por la mañana y piensas, “no voy a soportarlo” pero te ríes para tus adentros recordando todas las veces que te has sentido así…” Charles Bukowski
“No es la necesidad sino la casualidad la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento.” Milan Kundera
“Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin” Saint Exupéry
“Para mí, cada hora del día y de la noche es un milagro indescriptiblemente perfecto”. Walt Whitman
“Mi corazón sin tus manos es mi enemigo en mi pecho.” Jorge Cuesta
“La soledad es como una habitación vacía que poco a poco se va llenando de luz.” Banana Yoshimoto
“Todo aquello que puedas hacer, o sueñes con hacer, ¡comiénzalo! La audacia tiene genialidad, poder y magia. La “magia” reside en creer en uno mismo. Si puedes hacer esto, puedes hacer cualquier cosa.” Johann Wolfgang Goethe
“No todo lo que crees de ti es tuyo. Y no todo lo que aprendiste… es definitivo.” María Dolores
“No me gusta desperdiciar. Menos los sentimientos.” Ángeles Mastretta
“Porque he visto la verdad, he visto y sé que las personas pueden ser bellas y felices sin perder la capacidad de vivir en la Tierra. No quiero y no puedo creer que la maldad sea un estado normal de las personas. Y, sin embargo, de esta fe mía se ríen todos.” Fiódor Dostoyevski
“Porque hay un paso que mancilla la hierba y un paso que no la mancilla, y todo hombre sabe en los adentros del corazón cómo es su paso.” Lord Dunsany
“Solo haz lo que amas. El instinto es algo maravilloso. No se puede explicar, ni debe ser ignorado.” Agatha Christie
“La felicidad reside más en las pequeñas comodidades o placeres cotidianos que en los grandes golpes de suerte que ocurren con poca frecuencia.” Meik Wiking
“Tienes todo por aprender, todo lo que no se puede aprender: la soledad, la indiferencia, la paciencia, el silencio.” Georges Perec
“Una sociedad poseída por el frenesí de producir más para consumir más tiende a convertir las ideas, los sentimientos, el arte, el amor, la amistad y las personas mismas en objetos de consumo.” Octavio Paz
“Tal vez los corazones se rompen, por meter a personas que no caben dentro.” David Sant
“Te deseo que ames lo que debes amar y olvides lo que debes olvidar.” Jacques Brel
“La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.” Concepción Arenal
“Se dice que el paisaje es un estado del alma; que el paisaje de fuera lo vemos con los ojos de dentro.” José Saramago
Cada vez, poder crear un espacio para pensar es un desafío. La cantidad de estímulos, los espacios llenos de ruido urbano —motores, música de todos los géneros a volúmenes dispares, ladridos y trinos— no dejan lugar para el silencio. Por otra parte, la multitud de pensamientos, ideas, demandas y deberes asignados, asumidos o deseados saturan la cabeza: desde acciones prácticas de la vida cotidiana hasta las ideas que irrumpen con disparos de información. Que si la economía, que si el clima, que si la política, que si la guerra, que si el presidente gringo, que si nada nos parece, que si todos opinamos, que si nada es como es, que si son medias verdades o mentiras a medias… “sí, sí, sí” hasta el hartazgo que enajena, que nos convierte de pronto en autómatas y, en otros casos, en zombis, muertos vivientes, o entes que sobreviven en el marasmo de lo que hoy es la vida.
Hay días que requieren paz, tranquilidad, un sosiego que abra un espacio a lo que somos. Poder tener tiempo para ser uno mismo, para, de una u otra manera, estar en el mundo. Un tiempo para sentir el corazón latir, expandir el diafragma, llenar los pulmones de aire fresco, sentir el cuerpo, tomar conciencia de la anatomía, percibir los pies, tocar los codos, cerrar los ojos, sentir la noche sobre uno, dejar que la luna ilumine los pensamientos, ubicarnos en el tiempo, recordar nuestra historia y traer a la memoria los sentimientos explorados y compartidos con las personas que hemos amado. Un tiempo para reconocer todo el amor y toda la frustración, para dar cabida también al odio y al rencor, para procesar todo aquello que nos convierte en verdaderos seres humanos: contradictorios, falibles, ambivalentes, entre maldad y bondad, entre ser para los demás o ser particularmente egoístas.
Eunice Ramos nos dice:
“A veces te dan ganas de sentarte a la orilla del camino y quedarte ahí… hasta que cambien los vientos… hasta que las nubes lloren… hasta que pase el dolor. Sé que a veces te dan ganas de abandonar el barco, dejar de lado tus proyectos, olvidar los sueños, porque el tiempo es demasiado difícil, porque la vida muchas veces se desordena, se pierde en un laberinto, pesa… y hasta duelen los hombros. Pero también sé que, muchas veces, hay que volver a respirar, mirar de lejos lo que de cerca no se ve, recuperar el aliento para caminar un poco más. El tiempo no se detiene… pero toma descansos lentos para aliviar el alma y descansar el corazón…”
Soy todavía de los que piensan y sienten que el mundo es posible de otras maneras. En cierto sentido, un romántico que cree en la utopía y en la esperanza de que la inteligencia y el saber humano pueden contrarrestar la fatalidad, la miseria, la desigualdad, el sufrimiento y la ignominia con la que tratamos a la naturaleza. Está claro que no puede haber ingenuidad, y no podemos negar el mal. No podemos voltear hacia otro lado mientras la muerte avanza como signo y símbolo de que las personas se vuelven seres desechables; mientras convertimos las violencias en cifras, índices y porcentajes; mientras reducimos el progreso y el desarrollo humano a indicadores económicos; mientras damos valor solo a las marcas; mientras creemos que el mercado, por sí solo, crea justicia social; mientras aceptamos la especulación financiera y permitimos la acumulación excesiva de la riqueza en unas cuantas manos. Son tiempos convulsos: de guerras, de soledades, de una sociedad del cansancio, del rendimiento, de imperativos y demandas emocionales, de ansiedad y depresión, de búsqueda de felicidad y de tener un lugar en el otro, con los otros. “Quiero ocupar espacios… No llenar vacíos…”, escribió Lía Risco.
Habrá que no ser demasiado buenos, ni en la candidez ni en la ignorancia, y sin embargo aportar y creer en la bondad humana. Camila Heloise dice:
“Difunde el amor… No te rindas en ser bueno, aunque parezca inútil. Incluso si parece que nadie se dio cuenta o entendió tu gesto. Lo que piensan es solo lo que piensan. Tienes que seguir adelante, incluso si no puedes sentir ninguna victoria; algunos pequeños milagros ocurren en silencio todos los días cuando somos buenas personas.”
Tomo las palabras de Andrei Tarkovski, cineasta ruso, como una forma de asumir el pensar, de dar cabida a la reflexión, de volverse hacia uno mismo y, ahí, encontrar las contradicciones, las fisuras, los intersticios para crear alternativas, buscar y construir soluciones, hallar cierta serenidad, algo de paz en la mente y en el corazón. Aceptar que pensar es cuestionar, que pensar es preguntar y no conformarse con la respuesta fácil, con la salida inmediata, con la justificación simplista, sino, por el contrario, asumir la contradicción y encontrar el coraje, la rebeldía, la fuerza y la decisión de crear un mundo mejor, para uno mismo y para los demás:
“Para mí, una crisis interior es siempre un signo de salud. En mi opinión, no supone otra cosa que un intento de volver a encontrar el propio yo, de conseguir una nueva fe. Entra en un estado de crisis interior todo aquel que se plantea problemas intelectuales. Esto es perfectamente lógico, puesto que el alma ansía armonía, mientras que la vida está llena de disonancia. En esta contradicción se halla el estímulo para el movimiento, pero también la fuente de nuestro dolor y de nuestra esperanza. Es esa contradicción la confirmación de nuestra profundidad interior, de nuestras posibilidades espirituales…”
Y porque las buenas personas son de acero inolvidable, leí por ahí y como dejó escrito Albert Camus:
“Lo absurdo surge cuando el ser humano busca significado en un universo indiferente. Pero de este absurdo surgen tres fuerzas: rebelión, libertad y pasión. Aceptar que la vida carece de significado inherente no es resignación, es un llamado a vivir plenamente y a crear significado en cada acto.”
Pensar es entender que “siempre es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, cantó Joan Manuel Serrat, y que “para comprender el mundo, uno tiene que alejarse de él en ocasiones”, como dijo Albert Camus. Es, por tanto, necesario pensar lo que se siente, poner en perspectiva la vida y sus circunstancias y procurar no mentirnos a nosotros mismos. “Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene”, plasmó Juan Carlos Onetti.
Habrá que entender que “nadie comprende a otro. Somos, como dijo el poeta, islas en el mar de la vida; corre entre nosotros el mar que nos define y nos separa. Por más que un alma se esfuerce por saber qué cosa es otra alma, no sabrá sino lo que le diga una palabra”, escribió Fernando Pessoa.
Se trata entonces de ir pensando lo que se siente. A mí “me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos de los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría”, acuñó Carmen Laforet. Y desde ahí, con esos otros y otras, podemos seguir pensando lo que se siente e intentar ser con los demás.



