Silao, Gto., 17 de abril de 2026.- En el corazón de Lucero de Ramales, las noches dejaron de ser oscuras y el miedo dio paso a la tranquilidad. El reciente encendido de 29 luminarias LED en las principales calles del pueblo no solo ilumina el asfalto, sino también el ánimo de quienes habitan y transitan por la zona. Esta luz representa más que electricidad: simboliza seguridad y la recompensa a años de perseverancia comunitaria.
La transformación fue posible gracias al esfuerzo conjunto de la Dirección General de Servicios Públicos y el área de alumbrado. Tras años de solicitudes sin respuesta, la comunidad, representada por su delegada Karina Hernández Torres, celebra finalmente un logro largamente esperado. “Fueron varias administraciones gestionando apoyo, pero hoy, gracias a la voluntad política y el compromiso social, Lucero de Ramales brilla como nunca”, expresó la delegada con visible emoción.
Para Saturnino Hidalgo Soria, subdelegado del pueblo, este avance es especialmente significativo para los niños y niñas, quienes ahora pueden jugar y desplazarse con mayor seguridad. “Llevábamos años pidiendo luminarias, y jamás nos contestaban. Hoy, sentimos que nos escuchan y que somos parte de los proyectos que mejoran nuestra calidad de vida”, compartió agradecido.
El cambio también se percibe en la escuela primaria Alfredo V. Bonfil. Su directora, Aranditza Citlali Paredes Manzanares, invitó a la presidenta municipal y al ayuntamiento a vivir de cerca la nueva realidad de la comunidad, resaltando la importancia de la presencia institucional y el acompañamiento en eventos escolares.
El recorrido de la presidenta municipal, Melanie Murillo Chávez, junto a integrantes del ayuntamiento y vecinos, fue una muestra más del compromiso de las autoridades. Supervisaron personalmente que cada rincón estuviera iluminado, garantizando que las calles sean espacios más seguros, especialmente para la infancia.
La jornada no terminó con la luz. Durante la visita, servicios sociales como Casa Corazón y el DIF Municipal ofrecieron cortes de cabello, barbería y talleres de piñatas, fortaleciendo los lazos comunitarios. Hubo también encuentros de fútbol y se realizó una consulta infantil, demostrando que el bienestar va más allá de la infraestructura. A todo ello se sumó la unidad móvil “Perriguau” del Centro de Control y Asistencia Animal, aplicando vacunas antirrábicas y cuidando de las mascotas del lugar.
Lucero de Ramales es hoy ejemplo de cómo la unión vecinal, la persistencia y el compromiso social pueden transformar la vida cotidiana. Porque cuando una comunidad se ilumina, no solo se disipan las sombras físicas, sino también las barreras del olvido y la indiferencia



