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Mundo propio

“Soy una persona muy romántica. No me refiero a un romántica estilo de flores y chocolate. Es más como si estuviera lloviendo, me acerco a la ventana, pego mi nariz contra el cristal y suspiro por lo bello que se ve todo.” Amy Winehouse
“Cambiar el lenguaje es parte del proceso de cambiar el mundo.” Paulo Freire
“Lamentablemente, la ausencia de ganas de vivir no es suficiente para querer morir.” Michel Houellebecq
“Qué belleza guardan aquellos que no encuentran su lugar entre tanta gente; no es soledad, es un privilegio no encajar.” Alejandra Pizarnik
“Hay que agradecer lo que se tiene mientras se tiene.  El destino es impredecible, y a veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos hasta que las cosas cambian.” Danielle Steel
“La infancia es una ventana que, cerrada o abierta, permanece viva dentro de nosotros.” Mia Couto
“Porque es una verdadera lástima no decir nunca lo que uno siente…” Virginia Woolf
“Léete a ti mismo. Quien ha de gobernar una nación entera debe leer, en sí mismo, no a este o aquel hombre, sino a la humanidad.” Thomas Hobbes
“Si te apoyas sólo en tus ojos, tus otros sentidos se debilitan.” Frank Herbert
“Existen maravillas en todo, aún en la oscuridad y el silencio, y aprendo a estar satisfecho en cualquier estado en que me encuentre.” Helen Keller
“El ruido de la gente es insoportable… y estoy muy cansado, me gustaría dormir bajo unos árboles oscuros y silenciosos.” Fiódor Dostoyevski
“En las cosas profundas e importantes estamos terriblemente solos.” Rainer Maria Rilke
“Sólo buscaba un lugar más o menos propicio para vivir, quiero decir, un sitio pequeño donde cantar y poder llorar tranquila a veces… En verdad no quería una casa, sólo quería un jardín…” Alejandra Pizamik

En el transcurso de vivir he aprendido que es necesario pensar lo que se vive, pensar lo que se dice y sentir lo que se piensa. Y, si es posible, ser capaces de comunicar ese mundo propio que cada uno va construyendo, con la intención de confrontar lo que asumimos como verdad, sabiendo que no existen verdades absolutas. Todo ello implica, si queremos edificar un mundo compartido, humano y solidario, aceptar que la intersubjetividad es la única forma de dar sentido a las palabras y a lo que se quiere expresar.

Esto supone tener la consciencia de cómo se instala la manera de conocer el mundo y comprender que los imperativos morales kantianos dejaron de estar en la lógica vigente de una crítica a la razón pura, para dar paso a la creación de consensos socialmente necesarios, en los que el diálogo es la única posibilidad de vivir civilizadamente y reconocer la subjetividad como inherente a la persona humana. Jürgen Habermas, fallecido el pasado viernes 14 de marzo, en su Teoría de la acción comunicativa logró integrar algunas de estas ideas, articulando una filosofía crítica en la tradición de la Escuela de Frankfurt con una sociología crítica que cuestiona la vida social, económica y política contemporánea.

Luigi Pirandello escribió:

“Llevamos todos por dentro un mundo de cosas, en cada uno el suyo propio. ¿Cómo es posible que nos entendamos, señor, si en las palabras que yo digo incluyo el sentido y el valor de las cosas tal como yo las considero, mientras quien las escucha las asume inevitablemente con el sentido y el valor que tienen para él, de acuerdo al mundo que lleva en su interior?”

De ahí la necesidad de hablar, escuchar, aclarar y crear zonas de sentido que dejen margen para la interpretación, pero también con la voluntad y la actitud de construir acuerdos por consenso sobre lo que es la realidad, estableciendo mecanismos para la toma de decisiones pensadas desde el otro.

Al mismo tiempo, es preciso ir deconstruyendo los paradigmas y los mandatos de una epistemología cartesiana y decimonónica.

Tomar consciencia de la finitud de la vida es también la oportunidad de dar valor a las experiencias personales en ese mundo propio, donde la narrativa de lo que somos va conjugando las formas de nombrar lo que nos acontece y la posibilidad de aprender. Son aprendizajes dinámicos, situados, históricos, en los que la flexibilidad de pensar más allá de estereotipos e ideologías otorga valor a la libertad y al conocimiento. Estos adquieren una dimensión humana cuando se comparten, se intercambian visiones del mundo y de la vida, y se hace filosofía de la cotidianidad desde la comunicación.

Paul Bowles señaló:

“Nos toca creer que la vida es un pozo sin fondo. Sin embargo, las cosas ocurren solo un determinado número de veces, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Quizás veinte. Y sin embargo todo parece ilimitado.”

Y aun así, esa realidad, tomo lo que escribió Carlos Fuentes:

“Sigo creyendo que el sol sale todos los días y que cada nuevo sol anuncia un día nuevo, un día que ayer fue futuro; sigo creyendo que hoy prometerá un mañana en el instante de cerrar una página, imprevisible antes, irrepetible después.”

La historia personal está cargada de sutilezas que reclaman ser aceptadas como consciencia de sí mismo. Ese mundo propio tiene su realidad, su verdad, con sus secretos y claroscuros, con una memoria selectiva y con el inconsciente actuando a pesar de nosotros.

Garry Kasparov, maestro del ajedrez, escribió en una analogía del deporte que practicó:

“En el tablero de la vida, las piezas cambian de posición con cada movimiento del tiempo: hoy somos peones avanzando llenos de energía y sueños, mañana somos torres protegiendo a quienes dependen de nosotros, y un día, como reyes en el ocaso, observaremos cómo otros toman el relevo. La verdadera lección está en cada etapa: construir con sabiduría, amar con intensidad y dejar un legado que inspire a los que siguen jugando esta gran partida.”

Y tal vez por eso haya que aceptar lo que expresó Miguel Delibes:

“Suele suceder con los muertos: lamentar no haberles dicho a tiempo cuánto los amabas, lo necesarios que te eran. […] Pero un día adviertes que aquel que te ayudó a ser quién eres se ha ido de tu lado y, entonces, te dueles inútilmente de tu ingratitud. Tal vez las cosas no puedan ser de otra manera, pero resulta difícilmente tolerable. La imposibilidad de poder replantearte el pasado y rectificarlo es una de las limitaciones más crueles de la condición humana. La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad.”

En ese nivel, habrá que asumir el riesgo de hablar, escuchar e intentar poner la experiencia como parte del campo de la Teoría de la acción comunicativa de Habermas. Se trata de crear intersticios, grietas, vértices y vórtices para cuestionar nuestros referentes, poner en duda las creencias, integrar nuevas miradas, dar valor y sentido a otras explicaciones, reconocer el error, la falla y la equivocación, y renunciar a la necedad de tener la razón cuando esta se sostiene en los hilos de las ideologías, los mitos, las costumbres y el confort.

Carmen Laforet declaró:

“Yo no busco en las personas ni la bondad ni la buena educación siquiera, aunque creo que esto último es imprescindible para vivir con ellas. Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría. Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos.”

El actor Viggo Mortensen dijo:

“He aprendido que la paciencia es una forma de inteligencia. No todo tiene que resolverse de inmediato, no todo tiene que tener una respuesta clara. A veces, lo mejor que puedes hacer es respirar, observar y permitir que las cosas tomen su curso. La vida no siempre es una batalla que hay que ganar, a veces es un río que hay que aprender a navegar.”

Hoy estamos expuestos a las dinámicas del poder económico, a las estrategias de manipulación, a la desinformación y la sobreinformación, a las formas de control social de la opinión pública y a la dificultad de distinguir lo cierto de lo falso. Se convierte entonces en tarea personal adoptar una postura reflexiva, poner a prueba nuestra sensibilidad y también nuestra inteligencia, discerniendo sobre lo que vemos pasar a miles de kilómetros de nuestra realidad. De lo que se trata, como escribió Eduardo Galeano, es:

“Que seamos dignos de nuestra humanidad. Para tener el coraje de la soledad y el coraje de atrevernos a estar juntos, porque un diente fuera de la boca, o un dedo sin mano, no sirve de nada. Para rebelarnos contra las órdenes, cada vez que recibimos una que humilla nuestra conciencia o viola nuestro sentido común. Para ser tan tercos como para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque aún no hemos terminado. Para poder seguir recorriendo los caminos del viento, a pesar de las caídas, las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa su camino, más allá de nosotros, y cuando nos despide, en realidad nos dice: hasta pronto. Para poder mantener viva la certeza de la posibilidad de ser compatriotas y contemporáneos de toda forma de vida animada por el deseo de justicia y belleza, dondequiera que haya nacido y dondequiera que viva, porque los mapas del alma y los del tiempo no tienen fronteras.”

En ese mundo propio, del que debemos hacernos cargo con responsabilidad, hay veces en que la desesperanza se hace presente, cuando el desánimo inunda el alma y la impotencia y la tristeza irrumpen sin aviso ni compasión en nuestra esfera íntima. Aceptar esa desolación es, sin embargo, el punto de partida para erigirnos con la dignidad humana a la que nos invita Galeano.

Y, sin embargo, en ese mundo propio:

“Hay días que parecen pequeños desastres, días en que todo lo que parecía estable hasta ayer empieza a tambalearse. Días en los que la dirección, que parecía ser la correcta, se vuelve difícil de reconocer. Hay días en que demasiado hecho no parece suficiente, días en que las palabras pierden sentido, días en que se confunden recuerdos, fechas, música, cartas, sueños y necesidades. Días en los que me detengo un momento y me parece que todo el mundo tiembla, que las cosas no están donde deberían estar, que los pensamientos están todos desalineados, que las certezas se desmoronan. Días en los que no me reconozco y ni siquiera reconozco a los demás. Días en los que lo que he soportado hasta ahora se vuelve insoportable. Días para olvidar. Días para arrancar. Días para lanzar”, como describe Laura Mesina.

Nos toca crear y creer, construir y deconstruir el mundo propio. Tal vez haya que apelar a la poesía como recurso para dar sentido a lo absurdo de la vida, con su innegable fuerza. Nombrar y poner palabras en ese universo íntimo de cada quien, con metáforas y analogías que nos permiten sentir la vida como un todo, en lo inefable y efímero de la existencia de un mundo propio.

“Cuántas flores mueren en el bosque
o se marchitan en la colina
sin el privilegio de saber
que son hermosas.
Cuántas entregan su anónima semilla
a una brisa cualquiera,
ignorantes del cargamento escarlata
que a otros ojos lleva.”

 

Emily Dickinson