“Los zapatos viejos al basurero”

Maestro Antonio Galván Torres, analista Platino.

El COVID-19 nos ha trastornado notablemente, primero llegó de forma invisible, no respetó muros, puertas ni ventanas sino que invadió nuestro entorno y como se diría coloquialmente se metió hasta la cocina, lo más grave es que llegó como un depredador afectando toda nuestra estructura social, política y económica y lo que creíamos indestructible:  los lazos familiares,  a los que  afectó poco a poco y sin sentirlo.

Vamos por partes, toda la comunidad está ansiosa y empieza a regresar a sus actividades, pero pareciera que lo hace como si fueran “caballos desbocados”, sin las medidas sanitarias convenientes, cito como ejemplo lo siguiente, cuando hay un enfermo y éste se alivia, su recuperación es paulatina, se prescribe una rehabilitación que hay que seguir al pie de la letra, pero aquí, en este caso en comento la reapertura de establecimientos y la reactivación de las actividades sociales no se ha iniciado con los cuidados mínimos sino que todos salieron a la calle de una forma descontrolada, siendo una minoría y viéndose como fuera de lugar a los que traen sus  cubrebocas, guantes, caretas, gel, etc.

Lo más grave, desde mi perspectiva, es que desde el punto de vista de las actividades económicas se ha generado un enfrentamiento generacional en los centros de trabajo entre los jóvenes y adultos jóvenes contra los adultos mayores porque hasta ahora estos últimos han sido  avasallados y desplazados, segregándolos como si fueran objetos. En suma, los pretenden dejar en un rincón, olvidados como zapatos viejos, justificada o injustificadamente.

Es momento de cuestionarnos si aquí se aplica la ya conocida  frase popular: “Hágase la Ley en los bueyes de mi compadre”  por tanto, es menester detenernos y enfocarnos en que a pesar de las recomendaciones de las autoridades de salud, de guardar la sana distancia y proteger a los mayores de edad y a los vulnerables, ésta no se ha  exigido de manera uniforme y responsable en todas las áreas  o centros de concentración y a diario vemos que no existe  equidad en las medidas de restricción emitidas por el gobierno, porque mientras   que  a un grupo le exigen todo, a otro grupo le conceden ciertos beneficios, aunque esto genere un cierto riesgo tanto para ellos, como para  los demás grupos.

Déjenme recordar al canta-autor Facundo Cabral, cuando recitaba: “Moisés, dirigió el éxodo a los 80 años; Tomás Alba Edison inventó la bombilla en avanzada edad” y en México, recordemos que   Venustiano Carranza era un anciano cuando contribuyó para crear  la nueva  Reforma Constitucional de 1917 y ahora, de acuerdo a las políticas de salud, los nacidos en los años 40´s, 50´s o 60´s  pareciera que estamos fuera, pero no olvidemos que cuando termine esta contingencia continuaremos con creatividad, contribución y fortaleza,  aportando nuestra experiencia de vida a las otras generaciones.

Considero que el arribo del COVID-19 es el detonante de una nueva época tecnológica, pero ello no es la panacea. En México somos, aproximadamente, más de 120 millones, ¿acaso cada una de estas personas cuenta con un teléfono inteligente o una computadora con conexión a internet? La respuesta es no, luego entonces, aún sobresale la comunicación interpersonal, sin dejar de lado que aún existen actividades que necesariamente deben ser de manera presencial, por lo que es necesario, que los 120 millones hagamos conciencia, y nos  adaptemos a esta nueva realidad presencial bajo las medidas más estrictas de sanidad.

En este orden de ideas, retomando el tema ¿por qué vamos a segregar a las personas de la tercera edad y a  las personas vulnerables cuando es público y notorio que el comportamiento humano local está lejos de respetar la sana distancia? Y para botón de muestra, señalo a los bares y algunos restaurantes que no han respetado la sana distancia, así es que si algún comensal se encuentra contagiado de forma asintomática o notoria, a su vez puede contagiar a otros. Luego entonces, estos lugares se encuentran a la altura de los focos rojos de infección como son los hospitales, transporte público, bancos, tianguis, etc. la cuestión de fondo es que es una paradoja, que los adultos mayores no asistan a ciertos lugares, pero puedan ser contagiados por sus familiares cuando ellos regresen a sus hogares y convivan con éstos, por eso es necesario que sean empáticos aquellos que no se encuentran dentro del grupo más vulnerable.

Debemos tener en cuenta que la generación de oro estará vigente y presente para salir avante de esta pandemia, porque aunque pareciera ser que la sociedad está dispuesta a sacrificarlos, únicamente los está resguardando en pro de su salud.

Por último, hago un llamado a todos aquellos que tienen prisa por volver a sus actividades normales para que lo hagan con prudencia y templanza, porque es con el ejemplo con lo que se predica, si los grupos vulnerables están sacrificando su libertad de tránsito en un 100%, en un acto de corresponsabilidad los invito a que reflexionen sobre el siguiente estudio realizado por el Dr. Manuel Alberto de Anda Gómez, Médico Pediatra e Infectólogo pediatra, quien señala: “El pronóstico para Guanajuato y especial en León, señala que la pandemia se encuentra en fase de ascenso y que todavía faltan algunas pocas semanas para que alcance su máximo. Por supuesto estás predicciones pueden variar porque hay dos factores poderosos que influyen: el proceso biológico y dinámico de la propia epidemia y el comportamiento de la ciudadanía, siendo éste último el determinante. Las epidemias ocurren en la comunidad y solo el comportamiento de la comunidad la puede controlar.

La forma de transmisión del SARS-Cov-2 es la vía respiratoria y el contacto directo. Por eso se ha recomendado mantenerse en casa para prevenirnos. El distanciamiento social y la sana distancia, son fundamentales para evitar los contagios. Todos hemos tenido que sufrir este confinamiento. La realidad es que la prevención de la infección es lo más importante: NO DEBEMOS CONTAGIARNOS. Si esto ocurre podemos llevar el contagio a nuestra familia y a nuestra comunidad. Guardar las recomendaciones de prevención, es un acto de responsabilidad con uno mismo, con nuestras familias y la comunidad. Finalmente es un acto de generosidad y solidaridad.”

Espero que el anterior artículo nos haga reflexionar  en nuestra participación, compromiso y responsabilidad con la sociedad, de la cual formamos parte.

galvantorres33@hotmail.com