“El secreto es buscar cosas dentro de nosotros que parecen secretos, siempre. La razón del fin, el milagro de los comienzos, la nuez de la materia, las semillas de comodidad.” Gabriela Pannia
“No hacemos más en la vida que ir buscando el lugar donde quedarnos para siempre.” José Saramago
“Guardar silencio todo el día, no ver el periódico, no escuchar la radio ni chismes, y mostrarse absoluta y totalmente perezoso —absoluta y totalmente indiferente a la suerte del mundo— es la mejor medicina que un hombre puede recetarse a sí mismo.” Henry Miller
“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido.” Howard Phillips Lovecraft
“Me niego a vivir en un mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido que vivo mi mundo. No me adaptaré al mundo me adapto a mí misma.” Anaís Nin
“Acomodar bien cada latido en tu pecho, sin causar arritmia, ni culpa, porque cada pum pum lleva un motivo que hidrata, cura.” Mariana Vargas O.
“Deberíamos adquirir el coraje de no ser como todo el mundo.” Jean-Paul Sartre
“Me acosté y lloré, y me dispuse a sentir de nuevo, a admitir que era humana, vulnerable, sensible.” Sylvia Plath
“Nunca pierdas el tiempo lamentando errores. Basta con que no los olvides.” William Faulkner
“La eternidad no nos pertenece más allá de este instante. Respira hondo… Calma es mirar al mar y el mar nunca está quieto.” Sara Buho
“A veces, el primero acaba siendo el último.” Guillermo Mordillo
“El corazón cree todo o casi todo lo que lo hace latir, pobre inocente.” Mario Benedetti
“En el dolor hay tanta sabiduría como en el placer; ambas son las dos fuerzas conservadoras de la especie.” Nietzsche
“Si nunca te vuelvo a ver, siempre te llevaré conmigo; adentro, afuera, en mis dedos y en los bordes del cerebro y en centros de centros de lo que soy y de lo que queda.” Charles Bukowski
“Nunca había rogado por nada en mi vida, pero silenciosamente pedía que me dijera que me quería. Que se preocupaba por mí. Algo.” Mario Benedetti
“No temas dejarme sola, estoy acostumbrada a desprenderme de cosas que imagino haber amado.” Emily Dickinson
“Tenía mil cosas para decirle, pero me las tragué, no sé si porque no se merece que se las diga o porque no se merece que yo las sienta”. Jorge Luis Borges
“De todo se aprende. Se aprende, sobre todo, del ridículo: se aprende a retroceder, a rehusar, a evadirse. Y si naciéramos aprendidos, nunca naceríamos.” Gaby Castellanos
“Si creciste con un amor condicionado -“te quiero si te portas bien”-, puedes sentir que tienes que ganarte el cariño.” Lola Núñez
“Los momentos se convierten en recuerdos y las personas en lecciones. Esa es la vida.” Lía Risco
En estos tiempos donde lo que prevalece como tendencia en la economía es la de una voraz ganancia, sin pudor, con una perversidad en la que la avaricia de unos pocos sin consciencia social acumula dinero a manos llenas, a costa de la calidad de vida, de los derechos humanos y ambientales, y de la dignidad de las personas. Ya el jurista romano Domicio Ulpiano puso con la claridad de la sabiduría lo que es la justicia:
“Vivir honestamente, no dañar a los demás y dar a cada uno lo suyo.”
Cuán lejos estamos de asumir y de vivir bajo esos términos. Hoy lo que se legitima es la explotación de los recursos naturales, la pobreza se justifica reduciéndola a un asunto personal y no estructural, la corrupción se denuncia en las prácticas de los gobiernos. Pero poco se habla y se reconoce está en el ámbito de la llamada Iniciativa Privada, en donde las licitaciones y contratos están marcados por las triquiñuelas que la ley les permite, y en su caso, por la compra de funcionarios, y no digamos el tema de la evasión fiscal o de las formas que tienen los pocos multimillonarios para crear fundaciones y así evadir cargas fiscales, o bien, como recientemente denunció Hillary Clinton al hablar de la forma en que Elon Musk ha hecho parte de su fortuna, que es utilizando los descubrimientos de la ciencia que han sido subsidiados o financiados por el gobierno de Estados Unidos, además de que sus empresas pagan una cantidad ridícula de impuestos, al aprovecharse de los huecos del sistema financiero y fiscal de los países en donde tiene inversiones.
Está claro qué es lo justo; sin embargo, la oleada de discursos fascistas, de la visión de los partidos de la derecha y la ultraderecha muestran la versión de una ideología del capitalismo de principios de la revolución industrial, de hace 200 años. El caso de Milei en Argentina no solo es un botón de muestra, sino que es, junto con los discursos de los recientes gobiernos electos en Colombia, Bolivia, Ecuador, Chile, Perú y otros como El Salvador, para el caso de América Latina, una visión entreguista al capital, a costa de los derechos ganados y en donde la idea de que el mercado regula y distribuye riqueza es solo el parapeto para sangrar a los pueblos, sus recursos naturales, comprometiendo la vida en su sentido más amplio.
Estos días se ha puesto al descubierto con evidencias lo que ya se sabía, y es que el poder económico ha metido las manos para crear y sostener mentiras para hacer que ganen candidatos de la derecha en las elecciones en diversos países, utilizando ahora los recursos de comunicación digital a través de las diversas plataformas sociales y que, siguiendo los principios de Joseph Goebbels, quien fue el artífice de la comunicación y propaganda de Adolfo Hitler, bajo la premisa de que una mentira dicha miles de veces se convierte en verdad, en su versión contemporánea, es usar “granjas de bots” para inundar y saturar con mensajes falsos y así poder crear “una opinión pública” que favorezca a intereses políticos y económicos, además de presentarse con disfraz de oposición dentro de las democracias imperfectas, pero democracias al fin de cuentas.
Bien vale conocer las 10 estrategias de manipulación mediática, popularmente atribuidas a Noam Chomsky, que explican cómo se orienta y controla a la sociedad a través de los medios de comunicación y si antes en la Alemania nazi se usó la radio y el control de la prensa escrita, hoy se incluyen a estas junto a la televisión y las diversas redes sociales como TikTok, Instagram, X, Facebook, YouTube y todas las que van apareciendo.
- La estrategia de la distracción
Consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes. Se usan avalanchas de información o distracciones continuas en temas triviales.
- Crear problemas y después ofrecer soluciones
Este método también se conoce como “problema-reacción-solución”. Se crea un problema para causar cierta reacción en el público. Esto hace que el público demande las medidas que se desea hacer aceptar.
- La estrategia de la gradualidad
Se aplica para hacer aceptar una medida inaceptable de forma lenta. Se aplica a cuentagotas, durante años, para evitar la conciencia social del cambio.
- La estrategia de diferir
Otra forma de hacer aceptar una decisión impopular es presentarla como “dolorosa pero necesaria”. Se obtiene la aceptación pública para una aplicación futura y no inmediata. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que uno presente.
- Dirigirse al público como a criaturas de poca edad
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos y entonación infantil. Se trata de infantilizar al espectador para provocar una respuesta crítica menor, propia de niños.
- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
El uso de la emoción busca apelar al inconsciente. Esto sirve para implantar ideas, deseos, miedos o compulsiones. Bloquea el análisis racional y el sentido crítico de las personas.
- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
Busca que el público sea incapaz de entender las tecnologías y los métodos usados para su control. La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre posible.
- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad
Impulsa a creer que es de buena moda ser estúpido, vulgar e inculto. Desincentiva el pensamiento profundo y el arte complejo.
- Reforzar la autoculpabilidad
Hace creer al individuo que él es el único culpable de su propia desgracia. La culpa surge por la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades o de sus esfuerzos. El sistema económico queda libre de culpa, generando un estado de inhibición.
- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen
Los avances de la ciencia han creado una brecha profunda entre el conocimiento del público y el de los dominadores. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo, controlándolo con mayor eficacia.
Hoy los algoritmos de cada plataforma conocen toda nuestra información personal, gustos e intereses; la privacidad es un mito, ni los gobiernos tienen tanta información sobre nosotros como ellos la tienen y la usan para dirigir el pensamiento y reforzar líneas narrativas para crear tendencias de opinión, y sobre todo explotar las emociones, especialmente jugando con el temor, el miedo y la angustia de la población.
Byung-Chul Han en su libro Psicopolítica señala los cambios que se han experimentado en las últimas décadas y que son de alguna manera la forma en que se está realizando el control social y político de las sociedades y que pueden ayudar a explicar lo que estamos viviendo en la actualidad y que reclama tener un pensamiento crítico, por demás urgente:
- Del biopoder al psicopoder
Han sostiene que ya no vivimos bajo el régimen disciplinario que describía Foucault (vigilancia, prohibición, represión del cuerpo), sino bajo un poder más sutil que opera sobre la psique. El neoliberalismo ya no reprime, sino que seduce y estimula.
- La sociedad del rendimiento y la autoexplotación
El sujeto neoliberal no es un “sujeto de obediencia” sino un “sujeto de rendimiento”. Ya no hay un amo externo que explote; el individuo se explota a sí mismo creyendo que se está realizando, lo cual es más eficaz porque va acompañado de un sentimiento de libertad.
- La libertad como forma de coacción
La frase “Sí, nosotros podemos” o el imperativo de “ser tú mismo” no liberan, sino que generan una presión interna constante. La libertad se convierte en una nueva forma de sometimiento: nos explotamos “libremente” y por eso mismo de manera más profunda.
- El Big Data y la transparencia como control
El poder ya no necesita espiar en secreto: las personas se exponen voluntariamente en redes sociales. Esta “transparencia” y la minería de datos permiten un control psicopolítico que conoce y dirige el deseo antes de que se manifieste, no solo la conducta.
- El fin de la biopolítica disciplinaria
Las técnicas de poder ya no actúan sobre el cuerpo (encierro, disciplina) sino sobre la mente y las emociones. El poder inteligente no prohíbe ni oculta, sino que “gusta” y “conecta” —usa el like, la aprobación, la gamificación.
- La crisis de la libertad y la necesidad de resistencia
Han propone que la verdadera libertad requiere recuperar espacios de negatividad, contemplación y “no hacer” (frente al exceso de positividad e hiperactividad), como forma de resistencia frente a un sistema que coloniza incluso nuestros deseos más íntimos.
Toca sin duda recuperar la noción de cambio, desde lo real. Partir de lo que es el ser humano en sus esencias y en su dignidad. Habrá que empezar ya a desarrollar esa mirada crítica, desde saber que no tenemos todas las respuestas y certezas, pero que hay que comenzar ya, las veces que sea necesario para no caer en el conformismo ni en la banalidad del mal que propone el fascismo. Walt Whitman escribió:
“Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora, ni más juventud ni vejez que la que hay ahora. Y nunca habrá más perfección que la que hay ahora, ni más cielo ni infierno que el que hay ahora.”
Y León Tolstói señaló:
“El pasado ya no está, el futuro no ha llegado todavía. ¿Qué hay entonces? Solo ese punto en el que el futuro se encuentra con el pasado. Parecería que ese punto no es nada, y sin embargo nuestra vida entera está únicamente en él.”
Un poeta y un novelista nos ponen en el aquí y ahora. Urge pensar juntos lo que vendrá, se necesita restaurar la comunicación cara a cara, hablar de frente, construir y reconfigurar las redes sociales, más allá del ciberespacio. Se necesita hacer más comunidad y menos individualismo. Se necesita pensar en un humanismo que nos permita volver a creer en la utopía de la justicia, de la igualdad, de la equidad y de la libertad.
“Si me pidieras tres consejos,
te respondería:
Vuelve a ser niño siempre que puedas.
Elige la soledad si no tienes
compañía de verdad.
Y respira la locura cuando la normalidad
te asfixie.”
Gian Marco Manzo
Porque el comienzo está ahora, en este preciso instante donde el futuro se encuentra con el pasado. No en un mañana idealizado ni en un ayer glorificado, sino en la decisión presente de resistir la psicopolítica que coloniza nuestros deseos, de cuestionar los algoritmos que pretenden conocernos mejor que nosotros mismos, de recuperar la capacidad de contemplación y negatividad frente al imperativo del rendimiento constante.
La justicia de Ulpiano —vivir honestamente, no dañar a los demás, dar a cada uno lo suyo— no es una reliquia del pasado romano, sino una urgencia contemporánea que exige desmontar las 10 estrategias de manipulación, reconocer la autoexplotación disfrazada de libertad, y atrevernos a construir espacios de encuentro genuino donde la comunidad prevalezca sobre el individualismo. El fascismo contemporáneo no viene con botas militares, sino con likes, bots y promesas de felicidad a través del consumo. Y la resistencia no está en esperar el momento perfecto, sino en comenzar ahora, las veces que sea necesario, a recuperar nuestra humanidad.
Volver a ser niño, elegir la soledad verdadera, respirar la locura cuando la normalidad asfixie. Esos tres consejos de Gian Marco Manzo no son escapismo, sino herramientas de supervivencia en un mundo que nos quiere productivos, conectados y obedientes. Volver a ser niño es recuperar la curiosidad y el asombro que nos permiten cuestionar lo naturalizado. Elegir la soledad es resistir la hiperconectividad que nos mantiene vigilados y dirigidos. Respirar la locura es atrevernos a pensar lo impensable, a imaginar utopías cuando nos venden distopías como inevitables.
La justicia, la igualdad, la equidad y la libertad no son sueños imposibles, son construcciones que exigen nuestro compromiso aquí y ahora. Porque nunca habrá más perfección, ni más cielo ni infierno que el que hay ahora. Y en ese punto donde el futuro se encuentra con el pasado, en ese instante que parecería no ser nada pero que contiene nuestra vida entera, está la posibilidad de ser dignos, de vivir honestamente, de construir comunidad. De ser, finalmente y siempre, humanos.



