El 8 de marzo, “Día Internacional de la Mujer”, establecido por la ONU en 1977, ha sido ocasión para promover acciones a favor de los derechos humanos de las mujeres. En México, y qué decir de Guanajuato, sin embargo, se le ha tergiversado y pervertido a grados de escándalo. Su adocenamiento es de tal envergadura, que ha logrado, incluso, invertir las razones de su origen: se promueven mucho más los halagos y menos los derechos. Éstos, casi desaparecen en los festejos oficiales, desplazados por las flores y la cursilería.
Su origen
El ‘Día de la Mujer’ se empezó a conmemorar en los inicios del siglo pasado, para recordar los sucesos trágicos ocurridos durante la huelga realizada por mujeres empleadas en la fábrica estadunidense “Triangle Shirtwaist Company” en reclamo de mejoras laborales. Los partidos socialistas de Europa y Estados Unidos habían establecido un Women´s day para promover el derecho al voto y las reivindicaciones de las trabajadoras, que en 1908 celebraron en mayo. Siendo hasta el año de 1911 que se conmemoro el Día de la Mujer en Europa con manifestaciones en las que se exigió el sufragio femenino y otros derechos políticos, como el de ocupar cargos públicos, el derecho a trabajar y a una jornada laboral digna.
En México se incorporó la conmemoración después de la década de los sesenta, donde la participación de las mujeres se intensificó, en condiciones paritarias con los hombres, en las luchas por las causas sociales. Por muchos años fue fecha conmemorativa de la izquierda… hasta que se “institucionalizó”.
La jaula rosa
Desde la federación hasta los ayuntamientos, en medio de eventos “solemnes”, demagógicos, e incluso absurdos, enmarcados por la ausencia de una reflexión social y generación de compromisos concretos de la clase gobernante, los días “8 de marzo” se han convertido en la ocasión para decir discursos “políticamente correctos” … Nunca faltan referencias al número de mujeres en la familia del gobernante y su relación afectiva con ellas, “quiero mucho a las mujeres, porque provengo de una madre”, la entrega de flores y la exaltación de todas las “cualidades que deberán tener las mujeres, la mujer madre, esposa e hija, soportes del hogar, trabajadoras, responsables” … en fin, la individualidad reducida a los roles sociales impuestos.
Y por supuesto, no pueden ser omitidas “la celebración”, que dejó de ser CONMEMORACIÓN, las felicitaciones absurdas en torno a una condición de sexo: “felicidades por ser mujer”. Acto seguido, la realización de desayunos o comidas y entrega de “presentes, por ser su día”.
Como la cruda que sigue a la borrachera, luego del festejo, las mujeres regresan a sus realidades cotidianas, caracterizadas por sus variables más agraviantes, desigualdad, discriminación, violencia y exclusión.
La simulación y el engaño
Al vacío de estas celebraciones, convertidas en una extensión del machismo, como tendencia creciente, en Guanajuato y sus municipios, se ha incorporado la aberrante práctica, desde las instituciones públicas y con recursos público, de “premiar a las mejores mujeres”. Distinguidas de esta manera, para reproducir los patrones de subordinación y exclusión, que reproducen los que las designan, se presumen, y ellas se asumen, como “modelo de mujer”. Y coadyuvan, de esa manera, a la reproducción de las tradiciones que las subyugan.
Estas cuestionables y ofensivas premiaciones, cuya única variación es su denominación “a partir de sus modelos locales de mejores mujeres”, pretenden encubrir lo que las motiva; imponer una función uniformadora de todas las mujeres. Un rol.
Estas y otras acciones ordinarias, generadas desde los gobiernos conservadores, como el caso de Guanajuato, han venido supliendo las conmemoraciones del 8 de Marzo, que en su razón histórica representa la ocasión para examinar y fortalecer las acciones emprendidas en beneficio de las mujeres. A cambio, las celebraciones de un día mantienen y acrecientan las adversas realidades de las mujeres.
El extremo de la adulteración estaba por llegar… y llegó. En el municipio de Salamanca el presidente municipal Cesar Prieto ha anunciado “con bombo y platillo” un concierto el próximo 7 de marzo de la cantante María José con el título “Festival Late Salamanca”, en palabras de su esposa Eugenia Leonor Martínez, “…justamente conmemorando a todas las mujeres (sic) a toda esta lucha que se ha realizado…”. La aberración y la ignominia no puede ser mayor en uno de los municipios marcados por la violencia feminicida y desaparición de mujeres y niñas.
En el caso de la capital nuevamente un 8M enmarcado en los sitios comunes, la presidenta Samantha Smith se queda en la superficie. Vendimias, eventos deportivos y reconocimientos que ya se hicieron. No hay nada nuevo, nada que inspire, nada que cambie. La conmemoración se reduce a un ejercicio de repetición y desmemoria.
Ante semejante panorama, la alternativa es retomar las razones del “Día de la Mujer” y convertirlas en causas. La liberación vendrá de nuestras propias acciones, y la primera deberá ser la de renunciar a ser parte de “la fiesta”.





