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Lepra en México 2026; menos casos más responsabilidad

Éctor Jaime Ramírez Barba, médico cirujano, especialista en salud pública y diputado federal. Foto: Especial

“La lepra es curable, el verdadero desafío es el estigma”

El Día Mundial de la Lepra 2026 celebrado el 25 de enero, brindó la oportunidad de que el Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades (CENAPRECE) revisara con el Sistema Nacional de Salud logros y retos para erradicar esta enfermedad causada por el Mycobacterium leprae, presentación a la que tuve acceso y les comparto mis reflexiones.

En México la lepra es poco frecuente, pero todavía endémica en buena parte del territorio, con transmisión activa que CENAPRECE aspira a cortar rumbo a la meta de “cero casos” en 2030. Entre 2019 y el cierre preliminar de 2025 la tasa de incidencia bajó de 0.145 a 0.060 casos por 100 mil habitantes, con una reducción de nuevos casos de 121 en 2023 a 79 en 2025, lo que suma un descenso del 98% en prevalencia desde 1989. Sin embargo, 24 entidades —tres de cada cuatro estados— notificaron casos nuevos en 2025, lo que revela que la lepra sigue dispersa y no confinada a “focos históricos” aislados. Guanajuato reportó 3 casos nuevos en 2024 y 2 en 2025.

En prevalencia se registraron 219 casos en tratamiento en 2024, con una tasa nacional de 0.017 por 10 mil habitantes y 7 estados concentrando 63% de la carga, mientras que solo 7 entidades ya no reportan casos en prevalencia. La paradoja mexicana es evidente: hemos ganado la batalla de las tasas, pero no hemos ganado aún la guerra de la transmisión ni del diagnóstico oportuno.

Cuando uno mira de cerca la ficha técnica y las cifras de CENAPRECE, aparece un dato que debería preocuparnos más de lo que aparece en los titulares: tres de cada cuatro casos nuevos en México ya son multibacilares. En 2025, de los 79 casos nuevos, 60 (76%) se clasificaron como multibacilares y solo 19 (24%) como paucibacilares; en prevalencia, 188 de 219 casos en tratamiento (86%) fueron multibacilares frente a 31 (14%) paucibacilares. En términos clínicos esto significa más lesiones, más nervios afectados, mayor carga de bacilos y, sin tratamiento, mayor potencial de transmisión y de discapacidad.

Operativamente, la lepra paucibacilar se define por pocas lesiones (una a cinco), compromiso nervioso limitado y baciloscopia negativa o escasa, mientras la multibacilar implica seis o más lesiones, troncos nerviosos múltiples y baciloscopia positiva. La consecuencia es directa: tratamientos más largos, mayor riesgo de reacciones y un desafío mayor para la red de servicios, que debe garantizar multidrogaterapia completa, seguimiento estrecho y rehabilitación temprana.

El lema internacional de 2026 “la lepra es curable, el verdadero reto es el estigma” dialoga directamente con el llamado de CENAPRECE: “¡Alcemos la voz, la lepra existe! Acabemos con ella… sin estigma ni discriminación”. En la práctica, estigma y subregistro van de la mano: el miedo a ser identificado reduce la demanda de consulta, limita la investigación de contactos y perpetúa la transmisión silenciosa, como lo reconoce el propio árbol de problemas nacional. México sin duda aporta otra lección al mundo, pues incluso con tratamientos gratuitos y esquemas efectivos para casos paucibacilares y multibacilares, una enfermedad no desaparece sin vigilancia sostenida, educación continua y decisión política de llegar a los territorios donde viven quienes casi nunca salen en las estadísticas. Si con honestidad el sistema nacional de salud quiere lograr bajo el liderazgo de CENAPRECE cero casos para el 2030, debe alzar la vista a países que ya lo han logrado.

En Europa, la lepra es hoy una enfermedad muy poco frecuente, pero formalmente de notificación obligatoria en la mayoría de los países, con sistemas que distinguen con cuidado casos autóctonos de importados. Entre 2015 y 2024 los casos nuevos anuales pasaron de 18 a 79, incremento explicado en buena medida por más países reportando y por la llegada de personas procedentes de zonas endémicas, no por transmisión local sostenida. En países como Reino Unido, España o Portugal no hay evidencia de transmisión autóctona en décadas, pero se insiste en mantener alerta clínica, estandarizar la notificación y mejorar las herramientas diagnósticas para no perder casos aislados. Esa “vigilancia de una rareza” descansa en tres pilares: registro nominal, clasificación detallada de cada caso y lectura crítica de las tendencias, reconociendo interrupción de transmisión sin bajar la guardia.

La Asociación Lazarena de México A.C. – https://www.sanlazaro.org/– está afiliada a la Orden Militar y Hospitalaria de Sal Lázaro. Inició en el año 1098, cuando los caballeros cristianos de Europa acudieron a rescatar los Santos Lugares en Jerusalén. Desde un principio, la orden instituyó hospitales para atender a personas aquejadas por la lepra, además de sus funciones militares. Esta Orden sigue activa y en nuestro país mantiene dos clínicas dermatológicas especializadas en atender a personas que han sido aquejadas por lepra, y que están ubicadas en Morelia, Mich. e Irapuato, Gto.