Decir “la familia” en 2026 es confesar que solo ven una. Decir “la libertad” es hablar de la suya. El proceso en la capital cerró con tres varones y dos deserciones que eran cantadas.
Jorge Romero, presidente nacional del PAN, se aventó una puntada que no es nada original pero sí muy reveladora: van a lanzar a sus “defensores de la patria, la familia y la libertad” para posicionar candidatos antes de los tiempos electorales. Es la tropicalización panista de una metodología conocida: una precampaña sin llamarle precampaña.
Pero detengámonos en las tres palabras: patria, familia, libertad. Las tres en singular. Y no creo que sea un error. Creo que es una confesión.
Decir “la familia” en singular, en 2026, es decirnos que siguen viendo una sola: la heteronormada, la blanca, la privilegiada. Es borrar de un plumazo los 11 modelos de familia que hoy reconoce la sociedad mexicana: la nuclear, la extensa, la compuesta, la monoparental encabezada por mujeres, la homoparental, la lesbomaternal, la reconstituida, la de cohabitación, la unipersonal, la de abuelos criando nietos, la sin hijos por decisión. Once organizarnos y cuidarnos que para ellos no existen.
Decir “la libertad” en singular es hablar de su libertad, no de las libertades. De la libertad de ellos para decidir sobre nuestros cuerpos, pero no de nuestra libertad para ejercer derechos. Y “la patria” en singular corona la idea: es el modelo nacionalista de la derecha, el de la patria como propiedad, como trinchera. No la de las patrias diversas, mestizas, migrantes, indígenas, críticas, que somos. Sino la suya, cerrada, nostálgica y excluyente.
El programa ya arrancó. En Guanajuato es oficial, con convocatoria que concluyó la noche del 22 de julio y con un modelo de evaluación que dice que van a medir percepción ciudadana, liderazgo, experiencia y hasta reputación e integridad.
Tres registros, tres varones
Y en la capital pasó lo que era evidente que iba a ocurrir a partir de la permisividad que ha tenido el PAN con la familia Navarro Smith. Primero, el dato duro: hubo tres registros, tres varones, ¿y la paridad?
Luego, Samantha Smith, horas antes del cierre, saca un comunicado que cuesta trabajo creer que ella misma se crea: dice que decide no registrarse para dedicarse a su función. Es una confesión involuntaria. Si para ser defensora te tienes que distraer de tu función, ¿qué has estado haciendo estos meses?
Y Alejandro Navarro. Lo ven sacar copias minutos antes de que cierre el registro. Y pongo entre comillas que “decide no registrarse”. Al final se echa para atrás y hace lo que mejor sabe hacer: un video para autopromocionarse.
En ese video comete tres pifias en una: se autoproclama el primer presidente municipal panista de la capital, lo cual es falso porque el primero fue Eduardo Romero Hicks en 2009; recupera la idea de que este proceso es para nuevas caras, un dardo directo a quienes sí se registraron; y no se registra, pero deja la puerta abierta al conflicto.
¿Quiénes sí se registraron? Aquí es donde el proceso puede salvarse o hundirse. Porque de los tres, hay uno que sí le da seriedad: Juan Carlos Romero Hicks. Y hay que decirlo con todas sus letras: es el de mayores credenciales, el único con trayectoria propia y con legitimidad. Un perfil que no necesita de copias a última hora, ni de videos,
Los otros dos, ya lo sabemos, son la extensión navarrista -smith: Juan Carlos Delgado Zárate y José Carlos Domínguez, el primero funcionario con inhabilitaciones y el segundo autoridad local sin presencia opositora. Por eso, si el PAN quiere que le creamos que este proceso de defensores es algo más que una pasarela para los mismos de siempre, la decisión es evidente. Si este proceso quiere tener credibilidad, el elegido tiene que ser Juan Carlos Romero Hicks. Es el único que hoy le puede devolver al PAN capitalino lo que le quitaron los últimos dos gobiernos: confianza.
Ni Samantha ni Navarro dejaron de registrarse por responsabilidad. No fue vocación, fue cálculo. Fue miedo a medirse. Nos quieren vender que no se registraron por responsabilidad. La realidad es que no se registraron porque ya no pueden defender, ni a la patria, ni a la familia, ni a la libertad, sin que se les recuerde que ellos mismos fueron los que las pusieron en juego.



