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La brújula y el reloj

“La vida y los sueños son páginas del mismo libro: leerlos en orden no es vivir, pasar por ellos por casualidad es soñar.” Arthur Schopenhauer
“No amas a alguien por su apariencia, su ropa o su elegante auto, sino porque canta una canción que solo tú puedes escuchar.” Oscar Wilde
“Lo más hermoso que puedes ser…Es ser tú mismo.” Lía Risco
“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.” Jorge Luis Borges
“Al final Jorge Drexler tenía razón cuando decía que somos una broma de Dios. Amanecimos…” Fabrizia Milia
“O somos hijos de Dios o un mal chiste del diablo.” José Saramago
“Ser receptivo significa encontrar el silencio, tanto por fuera como por dentro. Esto es lo verdaderamente desafiante y requiere un ejercicio constante. Ese es el camino hacia el misterio.” Chantal Maillard
“Se necesita coraje para crecer y convertirse en quien realmente eres.”  E. Cummings
“La poesía es la esperanza de lo que no tiene esperanza.” Raúl Zurita
“Porque vivir no es llegar intacto al final. Vivir es atreverse a sentir.”María Dolores
“Estoy cansado, no puedo pensar en nada y sólo quiero poner mi cara en tu regazo, sentir tu mano en mi cabeza y permanecer así durante toda la eternidad.” Franz Kafka
“La mariposa no mira hacia atrás a su oruga ni con cariño ni con nostalgia; simplemente sigue volando.” Guillermo del Toro
“Tal vez la felicidad sea esto: no sentir que debes estar en otro lado, haciendo otra cosa, siendo alguien más.” Isaac Asimov
“Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida.” Mario Benedetti
“Mis ojos son fuertes y están acostumbrados a todas las luces y a todas las oscuridades.” Leonora Carrington

“Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria.” Anaïs Nin

“¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar?” Alfonsina Storni
“Nadie se muere de amor, ni por falta ni por sobra.” Chavela Vargas
 “Cuando se rompe la familia nuclear surgen cosas más bellas.” Gabriela Jauregui
“En un mundo de plástico y ruido, quiero ser de barro y de silencio.” Eduardo Galeano

La meta es el olvido. Yo he llegado antes”, escribió Jorge Luis Borges, quien falleció un 14 de junio de 1986. Palabras que resuenan en mí y que podrían ser un buen epitafio, o bien ser hurtadas para convertirse en el título de un libro que desearía escribir. Palabras precisas que conjugan tiempo y destino, y que son, sin duda, esas coordenadas existenciales en las que nos movemos y vamos tomando conciencia del rumbo extraviado, en esa certeza absurda de tener un camino y no saber —o no querer saber— hacia dónde apunta la brújula.

No olvides que la brújula fue inventada antes que el reloj porque la dirección es más importante que el tiempo”, dice un proverbio de la sabiduría popular. Esta díada forma parte de la necesidad de encontrarnos en el tiempo y en el espacio, con uno mismo y con los demás. Un presente que se escapa y en el que toman lugar la ausencia, el deseo en sí mismo o aquello que nos falta.

“El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos, pero cada ser humano flota de manera distinta en el tiempo”, escribió Yasunari Kawabata. Y sin duda, también cada ser humano posee una noción distinta de cómo se desplaza en el espacio, en el cual existe un límite infinito de posibilidades para ser, pese a nuestras dudas, a nuestro no saber el lugar que ocupamos, sin plena consciencia de la finalidad de la existencia. Nos desenvolvemos en el tiempo y en el espacio con una arrogancia instalada en la complacencia y en la demanda de un deber ser, casi siempre impuesto, visión que se internaliza a través de las creencias y del mandato social que se instala en la consciencia individual y colectiva desde el poder y desde la ominosa mirada de unos cuantos.

¿Cómo entender nuestra inmensidad minúscula? ¿Cómo dar sentido al destino y a la temporalidad de nuestra existencia como caos ordenado, en la necesidad de tener una estructura que nos contenga, nos delimite y nos permita reconocer al otro en la misma dignidad humana de la singularidad colectiva de ser persona con los demás?

Victoria Martínez dice: “No pasemos de puntillas por la vida. Hoy aquí y mañana… ¿Quién sabe? Vivir el ahora. Es lo único que tenemos. Saber aprovechar el tiempo con las cosas que nos hagan bien. Reírnos a veces hasta de nuestra sombra, porque esto es una tragicomedia. Días de risas, días de lágrimas. Nuestros días. Exprimir todos los momentos, hacerlos nuestros y disfrutarlos. Querer y dejarte querer. Dejar buenos recuerdos. Y, si es posible, que la gente diga de ti: Fue un placer coincidir.”

¿Cómo dar valor y sentido a esta eternidad fugaz en la que habitamos el mundo y nos permitimos sentir lo que vivimos, y pensar lo que sentimos como experiencia real? ¿Cómo aceptar estar en la vorágine de la vida sin ser falsos optimistas ni fatalistas inmóviles?

L.R. Knost escribió: “La vida es maravillosa. Y luego es terrible. Y luego vuelve a ser maravillosa. Y entre lo maravilloso y lo terrible, es ordinaria, mundana y rutinaria. Inhala lo maravilloso, aguanta lo terrible y relájate y exhala durante lo ordinario. Eso es simplemente vivir una vida desgarradora, sanadora, maravillosa, terrible y ordinaria. Y es de una belleza sobrecogedora.”

Sin duda, la vida se da en el tiempo y en el lugar en el que nos ha tocado nacer, vivir e intentar ser. Eso de ser uno mismo, pese a las circunstancias, es el desafío real de la existencia. Pero ¿qué es ser uno mismo? Es un asunto de soledades y de infinitos. Lo que tenemos es la posibilidad de pensar en sí mismos, reflexionar y tomar un nivel de consciencia que nos da cierta sabiduría personal, que suma a lo comunitario de la cultura y nos lleva a buscar conocernos e intentar comprender quiénes somos y quiénes vamos siendo. Tenemos un trayecto: el viaje de la vida, que rápidamente se convierte en pasado y que muchas veces no ayuda a seguir en el viaje del presente.

Rubem Alves, escritor y psicoanalista brasileño, dijo: “En la nostalgia, descubrimos que partes de nosotros mismos ya se han quedado atrás. Y en la nostalgia, descubrimos algo extraño: anhelamos encontrar, en el futuro, aquello que ya experimentamos como alegría en el pasado.” Con ello, “A veces le damos tanto espacio al futuro que nos olvidamos de vivir el presente.” -Aria-. Es una forma de quedarnos atrapados en el tiempo y en el espacio. La brújula deja de cumplir su función de orientar el rumbo de las decisiones de la vida, y el tiempo se detiene con la fantasía de poder posponer la vida para actuar el deseo.

Paul Auster nos invita a reflexionar: “La soledad mata (…) No tienes vida sin una conexión con los demás, y si tienes la suerte de estar estrechamente conectado con otro, tan cerca que el otro es tan importante como tú mismo, la vida no sólo se vuelve posible, sino también bella.”

Estar y ser en el mundo implica usar la inteligencia y reconocer las capacidades y valores humanos, y usar el tiempo a nuestro favor. Clarice Lispector escribió: “Debo ser paciente para no perderme en mí misma: sigo perdiendo de vista quién soy. Necesito paciencia porque soy muchos caminos, incluyendo el fatal callejón sin salida.” Constantin Kavafis escribió: “Y si no puedes hacer tu vida como la quieres, en esto esfuérzate al menos cuanto puedas: no la envilezcas.”

El transitar el silencio ruidoso de la vida no es fácil. La vida se siente, la vida es arriesgarse la mayoría de las veces a lo incierto, al camino de lo desconocido, sin un destino predeterminado y sin ninguna garantía de éxito o felicidad. El enfrentarse a uno mismo es fuego helado de la existencia, un claroscuro que sólo se puede percibir desde el dolor, desde las pérdidas. Banana Yoshimoto escribió: “No recuerdo si esto me había ocurrido con anterioridad, pero cuando me enfrenté a las tinieblas de mi corazón, cuando me sentí herida en lo más hondo y me rompí en pedazos, exhausta, de improviso emergió de mí una fuerza inexplicable.”

Esperar es tiempo, y dejar que la vida sea es también el desafío humano. Andrea Fabiana Vázquez dijo: “Muchas cosas no me salieron como esperaba, pero también muchas otras cosas bonitas sucedieron sin yo esperarlas; algunas personas se fueron de mi vida y me dejaron un poquito roto el corazón, pero también algunas otras llegaron de la nada a hacerme más bonitos los días. Claro que duele cuando algo no nos sale como queremos, pero la puerta que se cierra también a su tiempo nos lleva a un lugar más bonito, a un amor más bonito o a algo más bonito, y con eso me quedo.”

Habrá que ubicarnos en el tiempo y en el espacio, en el principio final, entre lo que termina y comienza, aceptando que estamos en el camino sin destino único y con el tiempo contando en su inexorable e imparable devenir. Habrá que seguir en la ruta trazada por otros que han venido antes y comprender que:

“También somos nuestros vacíos.

Las palabras que no dijimos.

La mano que negamos.

Las promesas que no cumplimos.

Los días borrados.

Las noches frías.

Los latidos ausentes.

Los pulsos perdidos.

Las voces que relegamos a eco.

Los ecos que fueron olvido.

Los sueños que murieron.

Los destinos a los que renunciamos.

Los pasos que no dimos.

También somos esa suma de incumplidos.

Las vidas que no vivimos.” 

( Publicado en Literland, Facebook.)

E intentar integrar lo que el poeta Walt Whitman nos dejó como invitación, como brújula y reloj existencial:

“No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

Vive intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

te ayudan a caminar por la vida.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…”