Hoy escribo de un tema muy importante para la salud pública. Seguramente en las noticias han escuchado hablar del Hantavirus.
La palabra viene del río Hantan en Corea y quiero hacerlo con claridad, con responsabilidad y sobre todo con serenidad. Informar no significa alarmar, informar significa prepararnos, cuidarnos y actuar con inteligencia como sociedad. Después de lo que vivimos durante la pandemia de COVID-19, aprendimos una lección muy valiosa, la información oportuna salva vidas.
También aprendimos que el miedo desorganiza, divide y paraliza, mientras que el conocimiento nos permite actuar con calma y responsabilidad. El Hantavirus es una enfermedad poco frecuente, transmitida principalmente por el contacto con roedores silvestres y sus secreciones. No es una enfermedad nueva, existe desde hace muchos años y los sistemas de salud ya conocen cómo vigilarla, identificarla y actuar ante posibles casos.
La gran mayoría de las personas nunca tendrá contacto con esta enfermedad, pero eso no significa que debamos ignorarla. Lo más importante hoy es hacer conciencia, conciencia de la limpieza de nuestros hogares, de nuestras bodegas, de los espacios rurales, de los sitios cerrados por mucho tiempo y de la importancia de controlar la presencia de roedores. Medidas simples como mantener los alimentos protegidos, evitar acumulación de basura, ventilar espacios cerrados y usar protección a limpiar zonas contaminadas pueden marcar una gran diferencia.
La pandemia también nos enseñó el enorme valor de la solidaridad. Aprendimos que la salud no es solamente un asunto individual, es un compromiso colectivo. Cuando una persona se informa, se cuida y actúa responsablemente, protege también a su familia, a sus vecinos y a su comunidad.
Debemos evitar la desinformación, los rumores y las noticias exageradas. No todo síntoma respiratorio es hantavirus y no debemos caer en pánico ante información no verificada. Hoy en nuestro país contamos con médicos epidemiólogos, laboratorios y personal de salud capacitado para actuar de manera profesional.
La confianza en la ciencia y en las instituciones sanitarias es fundamental. También es momento de recordar que las crisis sanitarias dejan enseñanzas profundas. La pandemia nos mostró la importancia de la prevención, de la higiene, de escuchar a los expertos y de fortalecer nuestros sistemas de salud.
Nos recordó que la salud pública es una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanía. Debemos mantenernos atentos pero tranquilos, informados, pero no atemorizados, responsables pero no obsesionados. La prevención siempre será nuestra mejor herramienta.
A la población le decimos no bajemos la guardia en el cuidado de nuestros espacios y de nuestra salud. A las familias enseñemos a nuestros niños hábitos de limpieza y prevención. Ya todos como sociedad sigamos construyendo una cultura de conciencia sanitaria basada en la educación, la empatía y la responsabilidad.
No te automediques porque cuando una sociedad aprende de sus experiencias se vuelve más fuerte. Y hoy más que miedo necesitamos unidad, prudencia y confianza en que juntos podemos enfrentar cualquier reto de salud pública con madurez y solidaridad. Muchísimas gracias



