El problema inflacionario

Alejandro Gómez Tamez
Maestro Alejandro Gómez Tamez, analista de Platino News

La siempre presente inflación es uno de los principales problemas de México ya que año con año erosiona el poder adquisitivo de la población ocupada. Si bien México ya no sufre las tasas de inflación de las décadas de los 70s y 80s, el alza de precios sigue siendo un problema crónico para el desarrollo de nuestro país.

Si analizamos el alza de precios ocurrido en cada una de las últimas cinco décadas nos sorprenderíamos. Tenemos que de enero de 1970 al mismo mes de 1980 la inflación fue de 320.9%; de enero de 1980 a enero de 1990 fue de 15,045.5%; de enero de 1990 a enero de 2000 fue de 477.8%; de enero de 2000 a enero de 2010 fue de 61.5%; mientras que de enero de 2010 a enero de 2020 fue de 46.7%. Las inflaciones de cada década, vistas de manera aislada, hacen que el problema inflacionario se vea menos grave de lo que ha sido, pero la realidad es que para todo el periodo de enero de 1970 a agosto de 2021 ¡la inflación en México fue de 939,436%! Esto equivale a un promedio anual de 19.3% en todo el periodo. Llama mucho la atención este enorme número, pero no podemos olvidar que ya le quitamos tres ceros a la moneda en 1993.

Si nos centramos en los tiempos recientes, tenemos que la inflación de precios al consumidor entre enero del 2000 y agosto de 2021 fue de 155.1%. Esto implica una tasa promedio de 4.56% anual en el periodo, pero deja en claro que hasta las tasas inflacionarias “moderadas”, en el largo plazo causan una enorme mella en el poder adquisitivo de la población ocupada. En promedio, algo que costaba 100 pesos en enero del año 2000, ahora cuesta 255.10 pesos.

Dado el repunte inflacionario que estamos viviendo, en esta entrega analizamos la situación actual en cuanto al alza de precios al consumidor en México, la postura que la Junta de Gobierno del Banco de México ha tenido al respecto, así como las repercusiones de las decisiones de política económica en el débil proceso de recuperación económica.

El pasado 7 de octubre, el INEGI informó que la inflación anualizada de precios al consumidor durante septiembre de 2021 fue de 6.0%, la tasa de incremento de precios más alta desde abril de este año. Pero lo más graves que con este dato se ligan 7 meses consecutivos en los que la inflación general en México ha estado por encima del límite máximo de la meta del Banxico, que es de 4.0 por ciento.

Es verdad que en la actualidad muchos países están experimentando un problema inflacionario derivado de diversas causas (cada caso es distinto), entre las que destacan: el enorme incremento en sus agregados monetarios que se traduce en más dinero en circulación, la escasez de ciertas materias primas e insumos para la industria manufacturera (como los semiconductores), las alzas en los costos de la energía, la persistencia de los problemas logísticos en el comercio internacional, los estímulos económicos en naciones desarrolladas que ocasionaron un fuerte desequilibrio entre la demanda y la oferta de bienes y servicios, entre otros. Todos estos elementos se combinan y causan inflación en distintas naciones. Destacan por su inusualmente alta tasa de inflación naciones como España (3.3%), Canadá (3.7%), Alemania (3.9%), Estados Unidos (5.3%), India (5.3%) Polonia (5.4%), Rusia (6.7%) y Brasil (9.7%).

Regresando al caso de México, tenemos que el incremento de precios del 6.0% entre septiembre de 2020 y el mismo mes de 2021 es producto de que el índice subyacente registró un incremento anualizado de 4.92%, mientras que el índice no subyacente subió 9.37%. Es preocupante que ambos índices acumulan 7 meses consecutivos en un nivel por arriba del 4.0%, que es el límite máximo de la meta anual del Banxico.

Ahora, al analizar el comportamiento de los elementos que componen el índice subyacente, vemos que durante septiembre de 2021 el incremento anualizado del índice de las mercancías fue del 6.26% mientras que el alza de precios en los servicios fue de 3.43%. Este comportamiento es resultado, en parte, de que los hogares ahora destinan un mayor porcentaje de su gasto a la compra de bienes que de servicios (por ejemplo, el gasto en restaurantes y en viajes aun está en un nivel prepandemia). Con esto, el índice de precios de mercancías acumula 18 meses en un nivel arriba del 4.0%, mientras que la inflación de precios de los servicios ha estado controlada. Finalmente, en relación al índice no subyacente, su incremento de 9.37% anualizado en septiembre se debe a que los productos agropecuarios registran alza de 10.41%, mientras que los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno aumentaron 8.55%. Con estos datos tenemos que el índice de los productos agropecuarios acumula 5 meses consecutivos arriba del 4.0%, mientras que el de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno suma 8 meses por arriba.

Más allá del deterioro del poder adquisitivo de la población ocupada, el otro impacto sensible e inmediato de esta persistente inflación es que la Junta de Gobierno del Banco de México ha realizado tres aumentos de un cuarto de punto porcentual en la tasa de interés objetivo en lo que va de este año, elevándola de 4.00% a 4.75%. La enorme mayoría de analistas anticipa que en la reunión de noviembre de este año habrá otro incremento de al menos un cuarto de punto porcentual, pero dado que las presiones inflacionarias arreciaran en lo que queda del año, pues no podemos descartar que el aumento de la tasa objetivo de noviembre sea de medio punto porcentual y la tasa se vaya hasta 5.25%. Desde luego que el mercado está dando por un hecho que en 2022 seguirán los incrementos en la tasa de interés y muestra de ello es que en GAEAP hemos calculado la tasa de interés implícita para los Cetes a 28 días que estaría vigente dentro de un año y es de 6.48 por ciento.

Desde esta columna he mencionado que varios de los componentes del índice inflacionario no van a responder con una disminución o alza más moderada, ante los incrementos en la tasa de interés objetivo del Banxico. Este es el caso de los componentes del índice no subyacente. El hecho de que el Banxico suba su tasa de interés no hará que se produzcan más aguacates o que las gallinas pongan más huevos; y de igual forma, el que el Banxico suba su tasa de interés no hará que baje el precio de la gasolina o del gas. Por lo tanto, la lucha contra la inflación está perdida en este frente.

¿Qué tan efectivo es que el Banxico suba su tasa de interés para frenar el índice de precios de las mercancías? Pues puede ser efectivo sólo para que se disminuya la demanda de estos bienes, pero no hará que se produzcan más semiconductores en Asia, ni hará que se resuelvan los problemas logísticos internacionales que han encarecido los fletes, ni resolverá la crisis energética china y su impacto en la capacidad manufacturera de sus fábricas.

Queda claro pues que la incidencia de los incrementos en tasa de interés por parte del Banxico en los objetivos inflacionarios es muy limitada, pero a pesar de ello, la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno, quieren mandar una señal clara de que están comprometidos con su mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda.

El problema es que estos incrementos en tasa de interés tendrán un costo importante para el proceso de recuperación económica. Las mayores tasas de interés implican un golpe a la ya muy deteriorada inversión fija bruta; de igual manera, implican que el gobierno federal tendrá que destinar mayores recursos para hacer frente al costo financiero de su deuda, y de igual forma, los hogares y empresas que tengan créditos a tasa flexible, tendrán que pagar más por estas deudas o bien, los refinanciamientos serán más caros.

Todo esto se da en un contexto de una lenta y frágil recuperación económica. ¿Vale la pena pagar este costo de mayores tasas de interés a sabiendas de que apenas si tendrán un impacto en la inflación? Considero que no, pero al final de cuentas ahí está el mandato del Banco de México.