No es día de los santos inocentes y la presidenta municipal de Guanajuato, Samantha Smith, anunció entre bombo y platillo que asumió la presidencia de Ciudades Mexicanas del Patrimonio Mundial (ANCMPM). La toma de protesta, realizada en la FITUR 2026 en España, contó con la presencia de la gobernadora Libia Dennise y otras autoridades viajeras, lo que solo agrega más testigos, sino es que cómplices, a la mala broma.
El nombramiento de Smith Gutiérrez es un síntoma de que la ANCMPM empieza a dejar en seria duda su credibilidad, al parecer priorizando la influencia política sobre los resultados de gestión. Con el nombramiento, hay daños colaterales: la rigurosidad de la asociación queda en franca duda.
Al aceptar este cargo, Samantha Smith demuestra una temeridad sorprendente, como si creyera que su imagen de autoridad sigue intacta a pesar del desorden que reina en la ciudad que (des) gobierna. Lejos de ser un estandarte de buena gestión, su presidencia en Guanajuato es un recordatorio de que la ambición personal e influencia familiar pueden más que la capacidad.
Como acertadamente señaló la periodista Catalina Reyes en su red social: ‘” …Un insulto y una burla a los habitantes de Guanajuato capital el que Samantha Smith haya sido nombrada… pues no tiene ningún mérito para recibir ese cargo…”. Su publicación recibió varios comentarios de respaldo a lo señalado, al tiempo de ser ampliamente difundida.
No fue la única, otras voces se hicieron presentes, la consultora y activista medioambiental Citlalli Tovar público: “Yo no entiendo nada, el mundo está de cabeza y nada tiene sentido. Me siento como en el mundo del revés de María Elena Walsh donde vuela un pez… ¿Samantha quien coloca un árbol de coca -cola sobre el teatro Juárez, que instala una cantina en la calle y pone una feria en la plaza de la Paz representa a las ciudades patrimonio del país?
Semanas antes la misma experta se había pronunciado por la colocación de los árboles navideños propiedad de conocida marca refresquera: “…Es inaceptable que conviertan nuestra ciudad en un parque temático, sin respeto a su historia, a sus edificios y a sus habitantes…Es inaceptable que se promueva el aumento masivo de turistas en una ciudad que no tiene agua suficiente, que no cuenta con un relleno sanitario, que tiene gravísima deficiencia de iluminación en callejones y en la panorámica…Es inaceptable que unos cuantos crean que la ciudad les pertenece…”.
Abril Saldaña, académica e investigadora universitaria se sumo a lo señalado por Citlalli al agregar en espacio de opinión titulado ‘Tocar fondo: entregar la ciudad a Coca Cola como regalo de navidad’: “…Hoy tocamos fondo cuando la presidencia municipal decide colocar un altar a la Coca Cola en un lugar tan emblemático como el Teatro Juárez y el Jardín Unión…porque sentará un precedente peligroso el que una administración se puede dar el lujo de vender nuestra amada ciudad….”.
Lo señalado por Reyes, Tovar y Saldaña resultan descripciones hasta prudentes para el tamaño de las aberraciones de los últimos meses, solo de los últimos meses. De hecho, no son señalamientos nuevos, hace más de siete años se han venido haciendo, lo que ocurre en fechas recientes es que el desastre ha ido en aumento.
*Estas ruinas que habitamos*
La capital esta convertida en una ciudad que sobrevive en paupérrimas circunstancias, basta con caminarla para reconocer esta y otras afirmaciones, lo mismo las calles principales que las aledañas. Una ciudad que se ha convertido en un tianguis permanente, lo mismo venta ropa a un costado de un carro con venta de comida, no importan la seguridad, ninla higiene de quienes venden, menos aún de quienes transitamos.
Cables desordenados, conexiones irregulares para poder establecer negocios en plazas, banquetas, calles, callejones, todo el espacio público es territorio en renta. Las y los patones hemos sido desplazados por una autoridad voraz.
Con el final del año este tianguis permanente en la ciudad patrimonio llega a su clímax, plazas que debían ser puntos de reunión, de convivencia o esparcimiento están convertidas una acumulación de productos, ventas, locales desordenados unos casi arriba de los otros, impera el desorden y también la falta de limpieza. No hay criterio en elección de los productos, importan los ingresos que los espacios públicos representan para el gobierno de Samantha, dos de muchos ejemplos; el parque del Cantador y la plaza de los Ángeles.
La plaza de la Paz apenas hace unos días albergaba una serie de juegos mecánicos que le agregaron el mote de “navideños”, como todo lo que autoriza la autoridad local, su colocación era desordenada, sin considerar la estética y la seguridad de los asistentes. La falta de planificación es el sello de la administración de la presidenta de ciudades mexicanas del patrimonio, lo mismo vendimias, que juegos, conciertos, todo cabe en una plaza que asume una extensión de su patrimonio personal.
Alfonso Ochoa, periodista de sólida trayectoria y recientemente condecorado por su rigor periodístico, señaló a inicios de enero en su red social a propósito del intento de feria navideña: “…Terminaron las fiestas y no ha sido retirado el espantoso carrusel de la Plaza de la Paz…Los daños en el piso ahí están…Y no es que la autoridad este rebasada. Lo que pasa es que no tiene capacidad ni talento…”.
Sobre el espacio del parque el Cantador ya había escrito Ochoa: “…están invadidos de puestos callejeros, qué además de estropear la imagen urbana, son unos verdaderos estorbos para los peatones…Es un tianguis, un mercadillo…”.
La plaza de la Paz no fue el único espacio previsto para el intento de feria, la plaza de las Ranas en sus banquetas también fue saturada de estos juegos, a escasos metros del paso vehicular. Nada importa, la presidenta municipal y su ayuntamiento, de ausentes voces críticas, son la muestra viva de gobernar en tiempos de excesos.
Un año más de ocurrencias de Smith Gutiérrez, la presidenta municipal que parece vivir en un mundo aparte. Su gestión es el séptimo capítulo de un modelo de negocios familiar que ha destruido la ciudad.
Así, mientras la presidenta municipal y aplaudidores viajeros celebraban en España nuevo cargo, el más ridículo en el estado de las cosas, un internauta en un mundo paralelo señaló: ¡Traigan semáforos españoles, aún faltan calles por volver un caos!




