En estos tiempos en que la administración pública tanto federal como estatales naufragan en aguas turbulentas, ya fuere por ineficiencia, por ineptitud y corrupción de sus funcionarios, estuve leyendo la trayectoria y gran obra de Juan Armando Du Plessis, hijo del Señor de Richelieu, nacido el 9 de septiembre de 1585 en Francia, el cual ingresó a la carrera del sacerdocio para aspirar al Obispado de Luzon, ya que, si bien estaba reservado para el primogénito de la familia, su hermano mayor había optado por hacerse cartujo, y lo logró pese a que aún no tenía la edad canónica, mintiéndole al Papa en turno sobre su edad, para posteriormente solicitarle su perdón y absolución por aquella mentira. No tuvo ningún problema para continuar en ese obispado, pues era una diócesis muy pobre pero aprovechó este periodo para su preparación y entregarse a su cargo con penuria y aislamiento dentro de un espíritu de renovación católica.
Se concentró en sus estudios, en sermones muy profundos, reformas en su Catedral, visitando a todos los lugares de su diócesis, organizando misiones y preparando escritos teológicos así como el crear un catecismo claro y sencillo dirigido a las gentes más pobres y humildes de su territorio . Richelieu nunca rompió sus vínculos con la religiosidad católica. Fue así como en lo más profundo de su ser quería destacar, encumbrarse y llegar a la corte del rey Enrique IV. A través de diversas relaciones con prelados estudiosos e influyentes llegó a una buena relación con María de Médici, esposa del Rey, de tal manera que cuando éste murió, la Regencia quedó a cargo de la soberana debido a que el sucesor, su hijo Luis, tenía apenas 9 años (1616).
Ya para entonces Richelieu como Obispo de Luzon y diputado del clero, en una asamblea tomó la palabra, exponiendo un discurso envuelto en una oratoria elegantísima y con suaves palabras ensalzó el gobierno de la Regente, expuso sus quejas por parte de la Iglesia y reclamó para ésta su derecho a participar en los asuntos públicos. Con esta intervención fue llamado a ser consejero de María de Medici para después ser nombrado Secretario de Estado. Una vez en este cargo, apenas a los 30 años, Richelieu mostró su verdadero rostro, desplegando una actividad infatigable y en medio de las confrontaciones existentes entre Francia y España con aguda sensibilidad iría poco a poco superando ese conflicto para elevar a una mejor posición en el entorno europeo a Francia. Un hombre por demás inteligente, audaz, incisivo y acucioso. Después de algunos desafortunados episodios donde sufrió cierto destierro y abandono del cargo, retornó con mayor fuerza hacia finales de 1621 para lograr por medio de su protectora se le otorgara el capelo cardenalicio el 5 de septiembre de 1622.
Para 1624 ya ante el entonces no tan joven rey, Luis, fue designado ministro consejero llegando a ser nombrado presidente del consejo en ese mismo año. El grupo denominado “Los Buenos Franceses” lo apoyaron y lo impulsaron hacia ese cargo, conjuntamente con el apoyo del padre José que con su fervor religioso y su grupo influyente de personas piadosas pusieron también sus mayores esperanzas en él; pero Richelieu se sirvió de todos para su encumbramiento, utilizándolos como peldaños de una escalera ascendente para llegar a su fin que se había propuesto, ser designado como Armando Du Plessis, Cardenal de Richelieu, Ministro del Rey de Francia.
A partir de su designación como Ministro en la Corte del Rey, desplegó toda su capacidad y sabiduría para construir un gobierno ya con una visión de Estado cuya obra ha sido materia de estudios y análisis de expertos en política y administración pública.
A continuación un breve listado de los principales logros y avances en la política-gobierno que instituyó Richelieu, para sentar las bases del absolutismo que ejerció Luis XIV y que derivó en el Estado Moderno francés.
– Implementación de un gobierno central fuerte que fortaleció la autoridad del rey Luis XIII y redujo el poder de la nobleza y los asientos regionales.
– Creación de un aparato administrativo eficiente, con intendentes (intendants) que supervisaban finanzas, justicia y ejército en cada provincia.
– Desarrollo de una burocracia profesional y leal al poder central, reduciendo la influencia de fuerzas autonomistas.
– Inicio de la política de equilibrio de poderes en Europa para contener la hegemonía española y, más tarde, la del Imperio Habsburgo.
– Participación clave en la Guerra de los Treinta Años, buscando que Francia emergiera como la principal potencia europea.
– Alianzas estratégicas y maniobras diplomáticas para aislar a adversarios y ganar reconocimiento internacional para Francia.
– Reforma fiscal y presupuestaria para hacer frente a los costos de guerra y mantener la maquinaria estatal funcionando.
– Fortalecimiento del sistema judicial y centralización de la autoridad, con un justo equilibrio entre la corona y la Iglesia.
– Fomento de las rutas comerciales, la economía mercantil y la industria manufacturera para sostener la financiación del estado.
– Defensa de la autoridad de la Iglesia Católica mientras se aseguraba la lealtad del clero a través de políticas concordantes y control de la difusión de ideas religiosas.
– Utilización de la Iglesia como un mecanismo de legitimación del poder real y de control social, a la vez que contenía la influencia de reformas protestantes.
– Reestructuración de Finanzas: reforzó la recaudación y la eficiencia de los ingresos estatales.
– Organización de un sistema de inteligencia y espionaje para anticipar movimientos de adversarios y desestabilizadores internos.
– Promoción de la educación y la formación de una élite administrativa capaz de sostener el aparato del Estado.
– Utilización de la represión de la disidencia y sacrificar libertades en nombre de la seguridad del Estado.
– Fortalecimiento del Estado que, si bien estabilizó Francia, también concentró poder en la corona y redujo la participación ciudadana.
Todas estas medidas novedosas, sintetizadas para los amables lectores, conformaron un legado de poder político, religioso, cultural, financiero, fiscal, de orden interno y política exterior que han servido de guía a la conformación del Estado moderno.
Cómo añoramos un personaje de este nivel y estatura para los problemas que como país hoy confrontamos desde hace varios años.
Finalmente, Juan Armando Du Plessis, Cardenal de Richelieu, falleció el 4 de diciembre de 1642, en París, Francia a la edad de 57 años. (“Genios y Líderes de la Historia”. Artes gráficas Grijelmo,SA. Bilbao, España. 1980. Tomo I.)
PAULINO LOREA. 28/06/26
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