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El alma de la cocina mexicana se labra en Comonfort: El arte ancestral de los molcajetes de piedra volcánica

El arte de transformar una roca volcánica en parte de la tradición culinaria de México. Foto: Especial

Comonfort, Gto., 28 de julio de 2026.- En las faldas de los cerros de Comonfort, el sonido de la tradición no es un eco lejano, sino el golpe constante del pico y el cincel contra la piedra negra. Aquí, entre polvo gris y manos curtidas por el esfuerzo, nace el utensilio más icónico de la gastronomía mexicana: el molcajete.

Declarada como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Guanajuato, la artesanía en piedra volcánica de Comonfort no es solo una herramienta de cocina; es una herencia prehispánica que resiste al paso del tiempo y a la modernidad de los electrodomésticos.

De las entrañas de la tierra al taller

El proceso arranca mucho antes de darle forma al mortero. Los artesanos —muchos de ellos descendientes de familias que han practicado este oficio por generaciones— se adentran en las minas y canteras de las comunidades de Potomayo y Camargo.

Allí seleccionan a ojo y tacto la piedra basalto o volcánica ideal: ni muy porosa que se desmorone, ni tan dura que impida el labrado. Mover estos bloques de decenas de kilos desde los cerros hasta los talleres es el primer gran reto de una jornada que exige fuerza física y paciencia absoluta.

El ritual, golpe a golpe. Foto: Especial

El ritual del labrado: Golpe a golpe

Una vez en el taller, el bloque de piedra cruda pasa por un proceso de transformación 100% manual:

  1. El punteado y desbaste: Con marros y picos pesados, el artesano elimina el exceso de roca para darle una forma cilíndrica básica.

  2. El ahuecado: Usando cinceles y picas más finas, se comienza a labrar el cuenco central donde se molerán los chiles, jitomates y especias.

  3. Las tres patas y el “tejolote”: Se esculpen las tres bases tradicionales que le dan estabilidad al molcajete y se elabora la mano o tejolote (del náhuatl tetl, piedra, y xolotl, muñeco).

  4. El tallado artístico: Aquellos molcajetes de colección llevan figuras esculpidas en el frente, siendo la clásica cabeza de cerdo o toro la firma distintiva de la región.

“Un buen molcajete de Comonfort no se rompe ni suelta tierra al moler si está bien ‘curado’. Lleva el sudor de la familia que lo hizo y dura más de una vida en la cocina”, relatan los maestros artesanos de la zona.

Innovación sin perder la identidad

Aunque el modelo tradicional de tres patas sigue siendo el rey de las ventas, los artesanos de Comonfort han sabido adaptarse a las exigencias de la alta cocina contemporánea. Hoy en día, sus talleres exportan e introducen diseños vanguardistas: vajillas de piedra, molcajetes de autor para restaurantes gourmet, salseras estilizadas y piezas decorativas que llegan a mercados de Estados Unidos y Europa.

Preservar la herencia. Foto: Especial

Preservar la herencia

Frente a la competencia de imitaciones hechas con cemento o piedra prensada importada, el distintivo de Marca GTO y la denominación de origen protegen el trabajo de los artesanos locales.

Comprar un molcajete hecho en Comonfort no es adquirir un simple utensilio: es llevarse a casa un pedazo de la historia viva de Guanajuato, labrado a golpe de cincel por las mismas manos que guardan el secreto de la salsa perfecta.