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Cuerpos agotados

“La amé contra la razón, contra la promesa, contra la paz, contra la esperanza, contra la felicidad, contra todo desánimo que pudiera ser.” Charles Dickens
“Cuando te viene la nostalgia, no es una falta, es una presencia de personas, lugares, emociones que vuelven a verte.” Erri De Luca
“No puedo oír tu voz, pero en lo hondo de mi corazón, en su guarida, oigo tus pasos…” Juan Gelman
“Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir.” Fernando Pessoa
“Te volverás menos preocupado por lo que otras personas piensen de ti cuando te des cuenta de lo poco que lo hacen.” David Foster Wallace
“Cada vez que respondes con gentileza a la arrogancia estás enseñando al mundo la mayor de las revoluciones.” Gio Evan
“He pasado la vida buscándote, y ahora que te encuentro, me doy cuenta de que eres exactamente como te imaginé: inexistente.” Juan José Arreola
“Ser un buen ciudadano en tiempos difíciles no significa estar de acuerdo con todos. Significa negarse a abandonarse el uno al otro.” Marilyn Turkovich
“La vida no es fácil para ninguno de nosotros. ¿Y qué importa? Debemos tener perseverancia y confianza en nosotros mismos.” Marie Curie
“Si gritas todo el mundo te escucha, si susurras, sólo te escucha quien este cerca de ti. Pero si te quedas en silencio, sólo quien te quiere te puede oír…” Mahatma Gandhi
“No puedo decir que una persona es buena a menos que tenga la capacidad de hacer el mal y no lo haga. Debes tener opciones para saber realmente quién eres.” Afonso Cruz
“Si escribo algo, temo que suceda. Si amo demasiado a alguien temo perderlo; Sin embargo, no puedo dejar de escribir ni de amar” Isabel Allende
“Robemos el instante, no hay memoria suficiente para él…” Ramón de Campoamor
“Mi corazón está lleno de anhelos de febrero.” Bing Hua
“Pertenezco a momentos rápidos e inútiles de sentimientos intensos. Sí, pertenezco a los momentos. No a las personas…” Virginia Woolf
Con el paso del tiempo lo entenderás. Lo que dura, dura; lo que no lo hace, no lo hace. El tiempo resuelve la mayoría de las cosas. Y lo que el tiempo no puede resolver, se debe resolver por sí mismo.” Haruki Murakami
“Olvidemos con generosidad a aquellos que no pueden amarnos.” Pablo Neruda
“Mantén tus pies en el suelo, pero deja que tu corazón se eleve tan alto como pueda.” Arthur Helps
“Si te encuentras con alguien que ha perdido su sonrisa… Sé generoso y regálale la tuya. Su respuesta será un regalo para ti.” Fuen Espejo
“A veces tengo la sensación de que la naturaleza conoce mis estados de ánimo…Hay mares que reflejan mis inquietudes… amaneceres donde brillan mis esperanzas y atardeceres que abrazan mi tranquilidad…” Mar Mar

Estamos en una época de sobre exigencias que rayan en lo dramático y en lo absurdo. La demanda de un éxito material desborda lo racional y omite la vida, la salud, la tranquilidad, los espacios para uno mismo y el descanso. La sociedad mercantil sigue transformando todo en mercancía, todo con precio y siempre a un costo que nos deja en saldo rojo. La vida se mueve entre la producción y el consumo, entre lo que se logra obtener y la escasez, entre lo que no se tiene y la aspiración idealizada de una satisfacción que nunca llega.

Uno desearía que la vida fuera también disfrute, gozo, placer y felicidad; sin embargo, la factura es cruel y no admite pretextos ni excusas, y el agotamiento físico y emocional termina por cobrarse. Habitamos un mundo que vende ilusiones en pastillas: entre somníferos, ansiolíticos, vitaminas, suplementos nutricionales, alimentos y bebidas energéticas, y una oferta cada vez más amplia de psicofármacos y drogas, legales e ilegales, presentadas como una manera de paliar el cansancio, el dolor, la frustración y el desánimo.

La sociedad del cansancio se hace presente: la sobreexplotación es autoflagelante y la autoexigencia se convierte en la consigna de un capitalismo optimista que vende la ilusión de la movilidad social, la meritocracia y el esfuerzo individual como única posibilidad de ser reconocido y aceptado como persona productiva. Quien no acepte estas reglas es desechable. El agotamiento no cabe en la lógica del dinero. El cuerpo lo paga, y lo que no se expresa —como hartazgo o como rebeldía— en este renovado malestar de la cultura, cansa y mata.

Ser testigos de la irracionalidad que opera en la vida política, negando las consecuencias sociales y humanas, mueve consciencias, sin duda. Pero alzar la voz, protestar, salir a las calles, hablar y denunciar es rápidamente sancionado y presentado como innecesario. Se naturaliza la injusticia, se radicalizan las ideologías alineadas al poder económico y a una visión individualista, justificadas en una retórica mediática que adormece las consciencias, y en donde los cuerpos cansados ya no responden.

Tal vez la inconformidad permanezca latente; sin embargo, el agotamiento es real y, por tanto, la evasión y la enajenación se apropian de la voluntad de las personas. El tiempo que se utiliza —y el dinero que se gasta— frente a las pantallas de los celulares sigue creciendo exponencialmente en todo el mundo, así como el gasto en Internet y en televisión de paga. Estar distraídos, divertidos y entretenidos es también una forma de crear cansancio. El control social y las renovadas formas de dominación en el mundo son, más que nunca, ejercidos por una élite poderosa que no tiene escrúpulos ni límites en su avaricia.

Julio Cortázar escribió: “A veces uno amanece con ganas de extinguirse… Como si fuéramos velitas sobre un pastel de alguien inapetente. A veces nos arden terriblemente los labios y los ojos y nuestras narices se hinchan y somos horribles y lloramos y queremos extinguirnos… Así es la vida, un constante querer apagarse y encenderse.” Es una versión poética de la lucha diaria que vive cada persona, pero que tiene restricciones y que, en la sociedad del cansancio descrita por Byung-Chul Han, encuentra en los paliativos sociales —consumo y control social— una forma de negar y encubrir la frustración y el agotamiento. Unido a la consigna de ser felices todo el tiempo, esto nos lleva a no poder vivir con dignidad y a estar cansados la mayor parte del tiempo.

Patricia Benito dice: “Quiero curar al mundo con estos dedos alargados y este corazón acolchado. Necesito que se reponga de esta oscuridad. Que alguien, no sé quién, arrincone la maldad, la avaricia, el poder, la mentira y vuelva a abrir la jaula de la ternura. Necesito que baje el volumen para poder escucharnos, acallar los insultos, dejar paso al amor. Quiero curar al mundo, pero está más cansado que yo”.

Lo que expresa ella es real: la voluntad no basta, porque el cansancio está instalado de forma estructural en la sociedad. Las formas de poder cansan. El patriarcado, el machismo, la discriminación racial, las violencias contra las mujeres, la exclusión social, la satanización de las orientaciones sexuales, la marginación, la pobreza y la injusticia social implican una lucha constante, contracultural y estructural, que desgasta el espíritu, la esperanza y la voluntad. Crear agotamiento es la forma más eficiente de control social e ideológico, donde la libertad se reduce a aceptar con docilidad una realidad impuesta.

Richard Ford escribió: “Una triste realidad, por supuesto, sobre la vida adulta, es que ves venir en el horizonte precisamente aquello a lo que nunca te adaptarás. Las ves como los problemas que son, te preocupas muchísimo por ellas, haces previsiones, tomas precauciones, te adaptas a la moda; te dices a ti mismo que tendrás que cambiar tu forma de hacer las cosas. Pero no lo haces. No puedes. De alguna manera, ya es demasiado tarde. Y tal vez sea incluso peor que eso: tal vez lo que ves venir de lejos no sea lo real, lo que te asusta, sino sus consecuencias. Y lo que temías que sucediera ya sucedió. Esto es similar en espíritu a darnos cuenta de que todos los grandes avances de la ciencia médica no nos beneficiarán en absoluto, aunque los aplaudamos, esperemos que una vacuna esté lista a tiempo, pensemos que las cosas aún pueden mejorar. Solo que allí también es demasiado tarde. Y de esa misma manera, nuestra vida se acaba antes de que nos demos cuenta. La extrañamos. Y como dijo el poeta: Las formas en que extrañamos nuestras vidas son vida.”

Su reflexión nos sitúa de lleno en la realidad de la condición humana, atravesada por la contradicción, pero también en la esperanza de construir otro mundo posible.

Fernando Savater afirmó: “El secreto de la felicidad está en tener gustos sencillos y una mente compleja; lo difícil es no invertir la fórmula y acabar con una mente simple y deseos complicados. Después de tantos años pensando en la ética, he llegado a creer que todo se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir”.

Para ello se requiere sensibilidad e inteligencia; se requiere un pensamiento autónomo, libre, crítico y una plena conciencia de sí.

Habrá que partir de uno mismo y de la posibilidad de pensar juntos, con todos y con todas. Habrá que partir de reconocer los valores y principios que nos definen como personas, con toda nuestra dignidad y con los derechos humanos conquistados. Habrá que crear espacios para la solidaridad y para el amor. Habrá que volver a colocar las bases de la convivencia justa y del bien común.

Rainer Maria Rilke escribió: “Querido amigo: ¿usted no ve cómo todo lo que sucede es siempre un comienzo? ¡Y comenzar, en sí, es siempre tan hermoso! Deje que la vida le acontezca. Créame: la vida tiene razón en todos los casos”.

Habrá que permitir —y propiciar— que la mente sea el fuego, no las cenizas de un mundo que se consume y agota lo mejor del espíritu humano, que por ahora produce en serie cuerpos cansados, seres desechables y voluntades amansadas, y habrá que comenzar las veces que sea necesario, aun con los cuerpos cansados, pero, con la dignidad como principio de vida y la justicia como horizonte, y reconociendo nuestra responsabilidad con la naturaleza.