Esta semana, la OCDE dio a conocer los resultados más recientes de la prueba PISA, la evaluación que mide qué tanto pueden nuestros jóvenes de 15 años usar lo que aprenden para resolver la vida. Las cifras de México vuelven a doler: 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, las tres por debajo del promedio de los países de la OCDE. Más aún, cuatro de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel básico en las tres materias al mismo tiempo.
Pero detrás de cada número hay un rostro: un adolescente que quizá es el primero de su familia en llegar tan lejos, un maestro que da clase con lo que tiene, una madre que sueña con que su hija estudie lo que ella no pudo. Por eso prefiero no leer estos resultados como una condena, sino como un recordatorio: la educación sigue siendo la tarea más importante que tenemos como país y no podemos dejar a nadie fuera.
Justo de esa convicción nació la UVEG. El próximo 11 de septiembre cumplimos 19 años, y lo hacemos con una idea que hace casi dos décadas sonaba audaz y hoy es una necesidad: que la educación de calidad no debe depender de dónde naciste, de cuánto ganas ni de cuánto tiempo libre tengas. Educación sin fronteras, donde quieras y a la hora que quieras.
Porque PISA también nos habla de quienes se quedan atrás y muchas veces se quedan atrás no por falta de talento, sino por falta de oportunidades: el que tuvo que trabajar, la que fue madre joven, quien vive lejos de una escuela, quien creyó que su momento ya había pasado. A esas personas la modalidad virtual les cambia la ecuación y la vida. No les pedimos que dejen su casa, su empleo o a su familia, llevamos la escuela hasta la pantalla que ya traen en el bolsillo y les decimos que nunca es tarde para volver a estudiar.
Y no esperamos a la universidad para actuar. En nuestros Telebachilleratos Comunitarios —donde estudian jóvenes justo de la edad que evalúa PISA— ya trabajamos en lo que estos resultados exigen: pensamiento crítico matemático para que los números dejen de dar miedo, concursos de lectura inteligente que despiertan el gusto por comprender, robótica que vuelve tangible la ciencia y programas como TBCitizen que forman ciudadanía y habilidades para la vida. No son actividades aisladas, son nuestra manera de hacerle frente, desde la comunidad, a lo que este estudio refleja.
En estos 19 años hemos aprendido que la tecnología, por sí sola, no educa. Lo que transforma es lo humano detrás de ella: el acompañamiento de un asesor, la comunidad de compañeros que se animan entre sí, la red de instituciones que caminan con nosotros. Por eso este aniversario lo celebramos con una frase que resume lo que somos: 19 años conectando historias, futuros y redes de aliadas.
Historias, porque cada estudiante llega con la suya y sale con una nueva, escrita por él mismo. Futuros, porque un certificado abre puertas que antes parecían cerradas para siempre. Y redes de aliadas, porque nada de esto se logra en soledad: lo hacemos de la mano de otras instituciones, de las empresas, de las familias y sobre todo, de miles de mujeres que hoy estudian, emprenden y se sostienen unas a otras.
Los resultados de PISA nos recuerdan el tamaño del reto. Los 19 años de la UVEG nos recuerdan que ese reto se enfrenta con trabajo constante y con la puerta siempre abierta. En Guanajuato seguimos apostando por la educación de calidad porque estamos convencidos de que es el camino más corto —y más justo— hacia una vida mejor.
A quienes alguna vez pensaron que estudiar no era para ellos, les digo lo mismo que le ha repetido esta universidad durante 19 años: aquí cabes, aquí es tu tiempo y aquí no hay distancia que te detenga. Donde quieras, a la hora que quieras.



