Cuando salimos a la calle, nos falta una: Justicia por Karla de Jesús
El lunes 5 de octubre por la mañana se realizó una marcha pacífica en Apaseo el Alto a 15 días del hallazgo del cuerpo de Karla de Jesús Malagón, de 16 años, estudiante del CECyTEG.
No fue una marcha más.
El asesinato de una mujer, de una compañera, nos sacude a todas. Nos duele a todas. Con o sin conciencia, sabemos que ser mujer nos puede costar la vida y cada feminicidio nos lo recuerda.
Cuando las mujeres salimos a tomar las calles, a hacernos visibles, ponemos el cuerpo. Ponemos el rostro. Ponemos la voz. Hacemos exigible una causa que es para otras, pero que también es nuestra.
Salimos con todos los miedos, pero también con todo el dolor y con toda la indignación. Nos asumimos como ella. Nos falta una.
Mi planteamiento inicial para esta entrevista era salvaguardar su integridad. Entrevistarla sin nombre, sin rostro. Por seguridad.
Ella decidió lo contrario: “Tengo mucho miedo por lo que está ocurriendo, pero también me duele mucho y me preocupa pensar que yo tengo una hermana de la misma edad de Karla. No tengo problema con que pongas mi nombre”. Ella es Sandra Castillo, 21 años.
Karla era tímida, tranquila, de pocas palabras, como la describe su propia madre. Salió de su casa para hacer una tarea con unos amigos y no volvió. La encontraron sin vida, con huellas de violencia, a las 10 de la noche en la prolongación Allende, en La Cañada.
En el lugar detuvieron a un joven, también menor de edad. Fue liberado por falta de pruebas. Quince días después, su familia sigue en exigencia y un duelo intermitente. Su madre tuvo que reconocerla por videollamada. Y le avisaron que el detenido había sido liberado mientras la enterraba. Es violencia institucional.
Durante la marcha, varias mujeres caminaron en silencio. La mayoría vestía ropa blanca. No hubo consignas gritadas. Hablaron las cartulinas, elaboradas a mano.
En una se leía: Justicia para Karla.
En otra: Que ser mujer no nos cueste la vida.
Una chica que no rebasaba los 20 años portaba una que decía: Karla, tu nombre no será olvidado.
Otras, amigas, compañeras o vecinas, escribieron: El feminicidio no se olvida, no se normaliza y no se perdona.
Y una más, que lo reunía todo: Su ausencia duele, su historia importa y su caso merece justicia.
Le pregunté a Sandra por qué organizaron esta marcha:
“Para exigir justicia por el feminicidio de Karla de Jesús, por ella y por todas las mujeres a las que callaron su voz. Un llamado para todas las mujeres de Apaseo el Alto que han sufrido violencia y por miedo han callado, que sepan que existe apoyo y que no estamos solas”.
¿Por qué desde las calles?
“Cuando un caso como este no se investiga y queda impune, da un mensaje a toda la comunidad de que esto puede volver a pasar sin consecuencias. No estamos pidiendo un favor, exigimos un derecho”.
¿Qué significa ser mujer en Apaseo el Alto?
“Significa tener sueños pero al mismo tiempo, cargar con el miedo. Caminamos con precaución, avisamos cuando llegamos a casa y pensamos dos veces antes de salir”.
¿Qué hicieron las autoridades?
“Honestamente las autoridades municipales no han actuado de ninguna manera ni bajo ningún protocolo. Yo en mi municipio me siento vulnerable”.
Y en medio de la organización se presentó la Presidencia Municipal “para dialogar”.
Una decisión completamente inoportuna. Su acercamiento se lee a manera de intimidación, de oportunismo.
La presidenta municipal no entiende, o no entendió, que la marcha pacífica tenía como propósito cuestionar al Estado, a la autoridad. Y ella, en este momento, la representa. No puede ser parte de la marcha.
Su trabajo era esperar en la Presidencia Municipal y, en ese mismo momento, estar haciendo todo un replanteamiento de la política de prevención en su municipio. Eso sí le toca. Su tarea era la prevención para que Karla no fuera asesinada. Su tarea hoy es ser autoridad puente con la Fiscalía para que haya justicia pronta. Su tarea era darle acompañamiento a la familia.
No le tocaba presentarse en un espacio ciudadano.
Una presidenta, la panista Guadalupe Monserrat Mendoza Cano, que no termina de entender cuál es su tarea en materia de prevención y hoy como autoridad puente con la Fiscalía.
No se marchó contra Apaseo el Alto. Se marchó por Apaseo el Alto.
Sandra, con 21 años y con una hermana de la edad de Karla, decidió no esconderse. Decidió poner su nombre donde el municipio puso silencio.
El lunes, poner el cuerpo, en silencio y de blanco, fue un acto de amor radical.



