Columna | ¿Cómo se llamó la obra?

Katya Morales Prado
Katya Morales Prado

Primer acto.- El líder del PRI ante las reiteradas amenazas en su contra por presuntas conductas termina claudicando y entregándose a Morena y no solo él, entrega  en paquete a los diputados de su partido. Según se puede inferir él tenía una cola enorme que le pisaran, pero ¿y todos los demás diputados, porque lo siguen? ¿No tenían una convicción personal y fuerte de compromiso con el bloque opositor? ¿Será que cada uno tenía también su propia cola pisable y al ver las barbas de su vecino cortar, mejor corrieron y votaron con Morena?

Segundo Acto,- Senador del Pan decide cambiar de bancada,  unas horas antes de la que se suponía fuera una votación trascendente en materia de seguridad, donde se necesitaban votos para reformar la constitución, este senador se había manifestado antes siempre en postura crítica frente a las posturas oficialistas. ¿la habrán encontrado mugre debajo de las uñas o le habrán hecho un oferta que no pudo rechazar?

La obra se llamó, “Aquí las decisiones se toman en base al miedo o la avaricia” Ya no se discute el fondo de los temas, no hay un debate de ideas, el destino legislativo de nuestro país se ha rebajado a un mercado de pecados, donde se cambian antecedentes de terror por votos, se perdonan negros pasados con el momento purificador de cambio de partido. Los legisladores tienen la mira en cubrir su pasado o en garantizar su futuro, aquellos que no se les han encontrado detalles se les ofrecen puestos interesantes que terminan también venciéndolos.

Necesitamos políticos limpios e íntegros, es muy importante que aquellos que pretendan dedicarse a ejercer las funciones de gobierno se encuentren libres de toda culpa. Las negociaciones políticas han bajado sus niveles del argumento a la extorsión, chantaje u ofertas tentadoras.

Aquellos que pretendan de manera seria dar batalla en la sucesión del 2024 deben saber y estar preparados para recibir todo tipo de ataques verdaderos y falsos, para ello es urgente no tener deudas ni compromisos políticos, no tener historias negras en su pasado y ser congruente y firme con sus convicciones.

En nuestro país debemos cambiar de paradigma, no podemos depender del azar o de la buena fortuna, para tener un buen gobierno. Hay una serie de pasos que se deben dar en donde se incrementan las posibilidades de éxito, el primero de ellos es dejar de esperar un redentor omnipotente  y fijar los ojos en diseñar un programa de gobierno verdadero, que tenga de punto de partida la Ley, con objetivos claros, medibles, definamos primero los objetivos y luego busquemos a quien se los encargamos.

Merecemos buenos gobernantes, merecemos una política de nivel, donde se privilegie la argumentación, el convencimiento en donde  la extorsión personal no tenga cabida en los motivos que tienen los gobernantes para actuar.

Abogada egresada de la Universidad Iberoamericana León. Maestra en Derecho Corporativo, por la Universidad Latinoamericana. Maestra en Derecho Constitucional y Amparo, por la Universidad Iberoamericana León, con un Máster en Políticas Anticorrupción Iberoamericanas por la Universidad de Salamanca, España, cursando actualmente Doctorado en Derecho.