Blindan lenguas maternas guanajuatenses de posible extinsión

Guanajuato, Gto., 30 de noviembre de 2025.- En las montañas y llanuras del norte de Guanajuato aún resuenan ecos de dos lenguas milenarias: el chichimeca jonaz y el otomí. Son voces antiguas —tan antiguas como la memoria del territorio— que hoy enfrentan una amenaza real de desaparición.

A pesar de que en la entidad existen 96 comunidades de pueblos originarios, integradas por 74 mil 734 personas, solo 3 mil 373 conservan viva su lengua. El resto, como sucede en muchas regiones del país y del mundo, ha transitado al español.
La cifra impresiona: apenas el 4.51 por ciento mantiene ese legado lingüístico que ha sobrevivido guerras, persecuciones, migraciones y siglos enteros de resistencia.

La alerta se encendió desde diversos frentes.
El director del Instituto Municipal de Planeación de León, Rafael Pérez, advirtió en entrevista con Platino.News que el chichimeca jonaz podría desaparecer si no se actúa a tiempo. Y lo que parecía un peligro aislado se amplió: el otomí también se encuentra en riesgo.

La desaparición de una lengua no solo implica perder palabras: es perder una forma de ver el mundo, de nombrarlo y de entenderlo. En cada término hay historia, territorio, familia, mitos, luchas y futuro.

Frente a este panorama, voces dentro del gobierno y de la sociedad civil impulsan una defensa activa. Toño Guerrero, exsubsecretario de Atención a Pueblos y Comunidades Indígenas, describe este trabajo como “una misión apasionante y urgente”, en la que se entrelaza la cultura, la dignidad y la identidad de los pueblos originarios.

A partir de estas preocupaciones, se buscó a la Subsecretaría correspondiente de la Secretaría de Derechos del Gobierno del Estado, que junto con la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG) y la Secretaría de Cultura, emprendió una acción decisiva:
introducir la asignatura de Lengua Indígena (otomí y chichimeca jonaz) en escuelas de primarias y secundarias de los 13 municipios donde habitan estas comunidades.

Maestros certificados, materiales educativos y programas de fortalecimiento comunitario buscan algo más que enseñar vocabulario: buscan revivir una relación con la lengua, devolverle su espacio, su respeto y su futuro.

Estas lenguas, que remontan su origen a miles de años, se encuentran hoy en un punto crítico. El caso de los chichimecas jonaz es particularmente simbólico: este pueblo nunca fue conquistado por los españoles, y su carácter indomable sigue vivo. Que su lengua persista es mantener intacta esa raíz.

Como homenaje a ese legado, dos frases viajan desde la sabiduría de sus hablantes:

En chichimeca jonaz (úza):

“ʔúmba ts’íí ya ʔichú.”
La tierra guarda nuestra voz.

En otomí:

“Dä hiuni hñä, ra hmätsi ra bi.”
En nuestra palabra vive el corazón del pueblo.