La agencia calificadora Moody´s bajó la calificación crediticia de México de Baa2 a Baa3 y puso su perspectiva en estable. La dejó en la frontera de perder el grado de inversión.
No fue una sorpresa porque desde hace seis años las calificadoras habían bajado la calificación a nuestro país y porque algunos analistas habían advertido sobre el tema. Una columna muy ilustrativa al respecto es la de Gerardo Esquivel del 18 de noviembre de 2024 en donde ya advertía que se estaba jugando con fuego.
Las decisiones de estas agencias calificadoras no son de un día para otro, se justifican y no son arbitrarias. Conviene recuperar algunas de las razones que Moody´s expuso: “El débil crecimiento económico de México reduce la capacidad del gobierno para generar ingresos, mientras enfrenta un presupuesto cada vez más rígido, del que destaca el respaldo financiero a la empresa pública Pemex”.
“México no enfrenta desequilibrios macroeconómicos que amplifique los riesgos fiscales”.
Agregaremos esto, por último: “A pesar de los esfuerzos por reducir el déficit fiscal, otras prioridades de política como la soberanía energética y un modelo de gasto distributivo han debilitado las anclas de la política fiscal”.
Algunos de estos aspectos han estado muy presentes durante los gobiernos de la 4T y en algunos casos hasta los han defendido con vehemencia, repasemos cada algunos de ellos.
DÉBIL CRECIMIENTO
Todos los gobiernos han prometido un crecimiento alto de la economía, pero una vez instalados en la silla presidencial se vuelve complicado superar el 3 por ciento del PIB.
En el caso de la 4T el crecimiento de la economía en promedio fue del 1.1 por ciento. Muy por debajo de las expectativas. En respuesta a esta situación, el presidente López Obrador insistió en abandonar estas mediciones y solamente quedó en el aire el proponer una nueva forma de medir el bienestar de los mexicanos.
Por otra parte, se mantuvo un recelo hacia el sector empresarial y, por lo tanto, no existió la suficiente comunicación para acordar políticas que impulsaran el crecimiento económico. Apenas hasta el gobierno de Claudia Sheinbaum se ha mostrado mayor convergencia hacia este pendiente, pero no ha sido el suficiente.
BAJOS INGRESOS
La realidad es que los gobiernos de la 4T nunca han estado de acuerdo con una reforma fiscal que permita una mayor recaudación. Desde un inicio fueron insistentes en señalar en que solo bastaría en realizar un gasto eficiente. No han estado de acuerdo en crear nuevos impuestos ni aumentarlos, aunque el IEPS se ha incrementado en determinados bienes.
Lo que realizaron fue una reasignación del gasto, disminuyendo en salud o educación y aumentando para los proyectos emblemáticos de este nuevo gobierno.
Incluso debemos recordar que la salida del primer secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, se debió a que él consideraba necesario una reforma fiscal de gran calado.
DÉFICIT FISCAL
Al mismo tiempo la 4T se ha mantenido en el límite del déficit fiscal de manera riesgosa, sobre todo en periodo de elecciones.
En el año 2023 el déficit fiscal fue del 4.3 por ciento del PIB, como un esfuerzo por reducirlo; sin embargo, para el 2024 aumentó a 5.78 por ciento en el que se realizaron elecciones. Para el 2025 se pretendió que fuera del 4.3 por ciento, pero terminó en 5 por ciento.
Sobre este tema no existe algún pronunciamiento, pero es evidente que existe una decisión de mantener el gasto en periodo electoral.
PRESUPUESTO RÍGIDO
Como ha señalado Moody´s la situación de este déficit público se deriva del gasto rígido que ha ejercido la 4T en el tema energético en donde ha regresado al control total de Pemex y CFE y el gasto distributivo que se realiza con los emblemáticos programas sociales.
En eso se han mantenido y se mantendrán como elemento distintivo de su gobierno; no obstante, ya se están viendo sus implicaciones financieras.
Una situación muy particular tiene Pemex y CFE que en un lapso de siete años no han mejorado su situación y se les continúa inyectando recursos públicos. El caso más emblemático es el de Pemex que recientemente ha cambiado de director porque simplemente no pudo, aunque no lo hayan reconocido de esta manera.
DEUDA PÚBLICA
Como resultado de lo anterior, ese déficit se tiene que cubrir con deuda pública que en los últimos años se ha venido incrementando. Al respecto la 4T ha tenido un doble discurso: por un lado, insistieron en señalar que los nuevos proyectos se estaban realizando sin endeudarse y por otro, la deuda se iba creciendo de la siguiente manera: 2023, 39.85 por ciento del PIB; 2024, 46 por ciento y 2025, 49.3 por ciento de acuerdo con las propias institucionales de gobierno.
No es una problemática que hayan reconocido y, por lo tanto, algo en lo que se deban de enfocar. Ahora ya lo es; sin embargo, el gasto rígido, el bajo crecimiento y los bajos ingresos complican su reestructuración.
SOMERA CONCLUSIÓN
Como también señala Moody´s y que rescatamos arriba, nuestro país cuenta con equilibrios macroeconómicos que evitan mayores riesgos fiscales. Es decir, no estamos ante una inminente crisis económica y eso es rescatable de los actuales gobiernos.
A pesar de ello, la baja en la calificación crediticia afecta seriamente a nuestro país al encarecer los créditos e inhibir las inversiones; por lo que, deberá ser algo que tendrá que atender la presidenta Claudia Sheinbaum en el corto plazo para que puedan ser tomados en cuenta por las calificadoras.
Han dejado pasar seis años en los que la calificación crediticia ha ido cayendo y ahora tienen que preocuparse por cambiar algunos aspectos de las finanzas públicas. Pueden ignorarlo, pero el costo sería muy serio para la economía del país y prácticamente ya no habría que redistribuir.



