Aún es tiempo de unirnos

Maestro Antonio Galván Torres, analista Platino.

México se ve envuelto en llamas,  balas, cañonazos, sangre y muertes, éstos son la constante de todos los días. Considero ocioso citar cifras, estadísticas de decesos y desaparecidos por doquier, porque no hay lugar, municipio o estado que se encuentre exento de ello en nuestra República.

En estos días, los medios de comunicación dieron cuenta del atentado contra la vida y la integridad física de un funcionario público y de sus escoltas, lo cual, con toda certeza Usted ya conoce, me refiero al ataque sufrido por el Secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, Omar García Harfuch, y aunque los perpetradores no lograron su cometido, desafortunadamente sí hubo la pérdida de tres vidas humanas en estos hechos delictivos.

Honestamente, relatar la escena de este artero crimen lo considero innecesario puesto que  ya es del dominio público, sin embargo, este acontecimiento parece emular aquellos que se dan en el medio oriente, pero lo más triste es que ahora, estos eventos suceden en nuestras calles. La seguridad nacional está trastocada, por lo que debemos de puntualizar que estos eventos tienen un alto grado de peligrosidad toda vez que se usa armamento propio y exclusivo del ejército y las fuerzas armadas, la pregunta es: ¿Quién la vende y cómo la ingresan al país?. No se sabe específicamente, lo que sí se sabe es que la venta de armas es un negocio  del mercado negro, que a la postre cobrará vidas. Por lo que aquí y ahora, el Ejército Nacional y la Secretaría de la Marina, deben emplear el poder naval y militar para la defensa y la seguridad interior del país, en los términos que establece nuestra Carta Magna y las leyes que de ella emanen, incluyendo la Ley de Seguridad Interior y los Tratados Internacionales, pero lo cierto es que urge restablecer la paz y la tranquilidad pública.

Es menester reconocer que los mexicanos vivimos con miedo, que debemos de decir basta y no permitir que vivamos imbuidos en la frustración de transitar en nuestros automóviles, caminar en avenidas, asistir a los centros de trabajo, escuela o lugares de diversión con la zozobra de que tal vez sea el último día que lo hagamos. Estamos seguros de salir de nuestros hogares, pero no tenemos la seguridad de volver a éstos. Es imperativo trabajar a marchas forzadas para erradicar la violencia, sobre todo en aquellos lares en donde se ha apoderado y gobierna el crimen organizado, la sociedad no debe quedarse aislada cuando frente a nosotros se desfila y se observa una zona de guerra. Sabemos que tenemos dos estados, uno que cobra impuestos y otro que cobra por el piso para permitir trabajar a los ciudadanos.

Este pequeño análisis ha sido repetido hasta el cansancio desde el punto de vista de los políticos, gobernantes, medios de comunicación, críticos, pero en eso se ha quedado, en meros discursos que no aterrizan en una táctica o estrategia que recupere la ya tan trillada frase “los mexicanos tenemos que confiar en nuestras instituciones”.

Es por ello que, desde nuestra trinchera, debemos coincidir en que hay que trabajar juntos, coordinar sin ambages porque este último acontecimiento, al que me he referido por el ataque sufrido a un personaje, solo es uno más que se suma a la lista porque al final del túnel se vislumbra una ingobernabilidad que afectará a propios y extraños, que devastará la ya maltratada  economía  El tiempo se nos agota, no esperemos a que otros hagan lo que nosotros podemos hacer porque al final del día, queramos o no, nacimos en esta tierra, crecimos en esta tierra y en ella pereceremos, pero contamos con nuestra bandera tricolor, con su águila devorando una serpiente y su himno nacional, por lo que es momento de honrar a los ilustres mexicanos Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó.

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