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Alejandra Gutiérrez: Los golpes de lengua que rompieron al PAN

Eligió el tercer martes de abril —15 de abril— para anunciar su salida. Lo hizo en un espacio informativo nacional, portando un saco morado. Llama la atención que varios actores políticos elijan ese color al salir de sus partidos, como si fuera símbolo de neutralidad. En contraste, para las feministas es un color con carga política potente. Dos lecturas para una misma prenda.

No es propósito de esta columna ahondar en las razones que tuvo la presidenta municipal más votada de León, la primera panista en gobernar la ciudad, para dejar una militancia de más de 20 años. De eso ya se encargarán otras plumas, otros medios, la historia y, seguramente, las instituciones de fiscalización del estado al que hoy señala.

Me interesa lo que Alejandra Gutiérrez eligió como narrativa de despedida. Tuvo tiempo de planear, estructurar, quitar y agregar renglones. El resultado: una salida con señalamientos que la proyectan como la mayor vocera crítica del panismo estatal. Y como la fiscal directa de su dirigencia.

En su intervención, la primera presidenta panista de León eligió frases cortas, de impacto. Recurrió a los golpes de lengua en sustitución de los golpes de pecho. Se mostró como una oradora con postura definida, con propósitos y con un enojo que supo potencializar al casi memorizar su intervención. Vimos el rostro de una mujer genuinamente molesta, de respiración pausada, usando el cuerpo para subrayar cada palabra: “…Me voy del PAN porque se alejó de su origen, se alejó de su lucha, perdió la brújula. Hoy lo digo con claridad, el PAN se ha alejado de la gente, por eso la gente se está alejando del PAN…”. Era el minuto 1:20 y Alejandra —una mujer que se sabe respaldada por el poder que representa en el país y en el PAN— contradecía en cadena nacional al entusiasta dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, que apenas en marzo hablaba de “renovación para conectar”. En lugar de eso, la alcaldesa expuso la crisis

Minutos antes, la presidenta municipal abordaba los ataques sistemáticos de los que ha sido objeto su equipo y hacía señalamientos directos a la dirigencia estatal y nacional. Es entonces cuando lanza un recordatorio crudo y real: “…Renuncio porque es inconcebible que la dirigencia nacional del PAN se atreva a atacar al municipio de León, uno de los gobiernos más importantes y uno de los pocos que le quedan en el país…”. Su señalamiento no miente: en los últimos años el Partido Acción Nacional ha perdido territorio, primero frente al PRI, luego frente a Morena, Verde y hasta MC ha tenido la osadía de mermarlo. Ahí está Jalisco, con Enrique Alfaro, como referencia.

En la lectura nacional, Guanajuato —y en particular León— es el último bastión preciado de un panismo doblegado. León, la joya de la corona, hoy está en manos de quien los desconoce y los señala. No es un tema menor. Por eso la frase de Gutiérrez es un amargo recordatorio: León es de los pocos territorios que le quedan al PAN.

Ale Gutiérrez se va y se lleva consigo la posición, la voz y la memoria. Ella sabe cosas, no solo se las saben. Su intervención lo recuerda: “…Renuncio porque han hecho todo para intentar descarrilar nuestro gobierno…Renuncio porque convirtieron al PAN en un instrumento que está dañando a León y eso no lo puedo permitir…”. En sus señalamientos no hubo miramientos. Capitalizó meses de ausencias en eventos partidistas y gestos incómodos frente a una dirigencia estatal que ya suma varios descalabros. La renuncia, dirigida a ciudadanos y leoneses, contrasta con el boletín de respuesta de la dirigencia estatal y ahonda la percepción de sus serias limitaciones, entre otras, las de comunicación política.

Con su renuncia, Alejandra se convierte en la tercera figura que, habiendo gobernado León por el PAN, rompe y exhibe al partido. Antes lo hicieron Eliseo Martínez —expulsado en 2002— y Ricardo Sheffield, quien dejó el PAN en 2018 para sumarse a Morena. La diferencia: ellos lo hicieron años después de su gestión. La actual presidenta lo hace en funciones, en su segundo periodo y a meses de un proceso electoral intermedio que se asoma complejo. El tiempo elegido por Alejandra marca un ritmo distinto a su salida. No hay manera de minimizarlo: ni narrativamente, ni con una cargada de mensajeros, y menos aún con boletines tan insípidos como timoratos.

Hay quienes señalan que la renuncia pública que hoy confirma Gutiérrez Campos se da a destiempo. Todo indica lo contrario: no pudo ser más calculada y puede traer otras noticias consigo. Un ejemplo es el mensaje del exdiputado local panista, el irapuatense Sergio Carlo Bernal, quien usó sus redes para, desde sus palabras, acompañar lo dicho por la hoy expanista: “…Papelón de las dirigencias nacional y estatal, mediocres e incapaces de resolver conflictos internos. Les queda grande dirigir las instituciones”.

Lo que no deja de sorprender es el tiempo que dio la hoy expanista para que los de casa prepararan una postura contundente. El tiempo no les alcanzó y, hasta ahora, ninguna narrativa política ha superado a la presidenta municipal leonesa que se va diciéndoles: “…Lo que le están haciendo a León es muestra clara de por qué el PAN va en caída libre en todo el país…”.

Esta historia de la anunciada renuncia de Gutiérrez Campos cierra hoy su primer capítulo. Se aproximan varios más. Hubo tiempo para mantener al municipio en la estructura panista. Hubo confianza excesiva y fuego interno que distrajo objetivos. El saldo no es favorable para el partido ni para sus dirigencias. Solo una mirada ingenua —no optimista— puede evaluar que lo ocurrido hoy no genera mermas.

Una salida que, desde el análisis patriarcal, buscarán reducir a una pugna entre dos actoras públicas: Libia Dennise y Alejandra. Mentira. Hubo y hay más actores, y afrentas públicas de por medio. Ahora mismo, el anuncio de la gobernadora sobre los vuelos Bajío-Canadá es un intento —absurdo, por cierto, de parte de sus asesores— por centrar el conflicto complejo en un asunto de dos. Para los voraces ánimos misóginos, un conflicto entre mujeres. Nada más lejano ni más simplista.

Basta de lecturas insulsas. La salida pública de Alejandra Gutiérrez del PAN, confirmada hoy, no admite boletines pusilánimes ni explicaciones de ocasión. Exige autopsia. Porque cuando la alcaldesa del último bastión dice “se perdieron”, no habla del pasado. Habla de 2027. Y si el PAN no lee bien este golpe de lengua, el siguiente será de realidad.