El origen
Dos años. Dos años planeamos esta entrevista Adriana Guzmán y yo. Dos años desde que una mujer de Uriangato, sorpresivamente, asumió la presidencia de Morena en Guanajuato. El partido de oposición al PAN, el mismo de hace tres décadas.
Hace semanas, por fin, me recibió en su oficina. Lo primero que vi: flores. Muchas. Bien cuidadas. Hablan de ella. De la paciencia para ver crecer. Del empeño en sostener. La misma paciencia que ha tenido en la arena política: esperar una posición de representación, administrar silencios, elegir batallas. No se le conocen confrontaciones. Se nombra conciliadora, observadora, de escucha activa.
En septiembre de 2027 termina su cargo. Pero antes, en octubre de este año, Morena define perfiles para la elección que viene. ¿Qué sigue para Adriana? ¿Qué sigue para Morena frente al PAN? De eso hablamos. De quién es. De sus áreas de interés. De su relación con la gobernadora. De cómo visualiza a un partido que creció de 3 a 13 municipios mientras el PAN administraba el mismo poder de siempre.
Esta es esa entrevista. Dos años después. Con un año todavía al frente de un partido que no escapa a la complejidad, a la confrontación, a los grupos, a los intereses, a un dinamismo que lo pone al límite cada vez. Quedamos de volver a platicar en octubre, cuando defina sus siguientes pasos.
Y es que, en toda la conversación, Adriana se muestra prudente. Cuidadosa de las reglas electorales, sí. Pero, sobre todo, cuidadosa de su propio proyecto. No pierde de vista ni un segundo que quien habla es Adriana Guzman, la presidenta de Morena en Guanajuato. Frente al PAN de 30 años. En un estado donde cada palabra pesa.
—Soy Adriana Guzman Serna -arranca-, mujer de 46 años, madre de tres hijos, profesionista, esposa, compañera, morenista por convicción, luchadora social y política por naturaleza…Mis causas son la mujer, las juventudes, los niños. Me interesa que las mujeres no tengan miedo a participar y luchar por sus derechos —
Se nombra mujer y madre antes que política. En Guanajuato, en un Uriangato que lleva años administrando un modelo conservador que le dijo a las mujeres dónde quedarse, ese orden es postura.
— Desde estudiante me interesó participar, desde pelear para que nos pavimentaran la calle. Tuve como ejemplo de ese liderazgo a mi padre Jorge Guzman. Somos cinco hijos, mi madre Guillermina Serna y mi padre se dedicaron siempre al comercio —
Licenciada en Informática por el ITESUR, Adriana Guzmán estudió eso por geografía, no por vocación. La decisión familiar: que no saliera de Uriangato. La política era lo suyo. Entró a los 18. A los 23 ya era regidora. “Era un Uriangato distinto”. Lo que no cambió: el cuestionamiento a las mujeres que hacen política.
Del territorio a la dirigencia
Mujer de relaciones largas. La frase le queda al matrimonio y a la política. A la regiduría le siguió la vida migrante. Una elección obligada, como la de más de la mitad de Guanajuato que sale a buscar oportunidades.
En 2013 regresa y se integra a la campaña del candidato a la presidencia municipal. Y en 2017, la invitación que cambió todo: sumarse a Morena. Ajuste de destino definitivo que vendría de la voz de Manuel Álvarez Cos, un político de cepa morenista.
De ahí, al territorio. Servidora de la Nación. El programa estrella de López Obrador. Ahí tejió alianzas con la militancia y hacia adentro del partido. Era la antesala de 2018. Del triunfo de Andrés Manuel.
Morena en Guanajuato era testimonial. El PAN llevaba 26 años gobernando. Irse a tocar puertas con un chaleco guinda era nadar contra casi tres décadas. Ella y muchos lo hicieron.
En 2020 busca una diputación federal. No llega. Regresa al trabajo de base. Para Adriana, perder la encuesta y aceptar el resultado no fue disciplina: fue proyecto. Esa lectura la mantuvo adentro.
En el 2022 será designada consejera estatal por el distrito X. La antesala. Siete años sin renovación de dirigencia y la elección, por regla de género, debía recaer en una mujer. Adriana quedó electa con 74 votos. Dos en contra. Mayoría aplastante que le dotó de legitimidad para arrancar su gestión frente a los grupos.
—En aquel momento no medí la magnitud —reconoce—. Cuando me propusieron, lo acepté sin temor. Tenía experiencia en distintos espacios con las militancias —enfatiza el plural.
El plural no es accidente. “Yo no los nombro grupos. No los distingo como grupos. Yo reconozco a morenistas y a militancias”, corrige cuando le pregunto cómo dirige la diversidad interna. Donde otros ven tribus, ella ve base. Donde otros administran cuotas, ella habla de heterogeneidad.
Pero esa articulación tiene costo. —También ha sido duro —admite—. De la Adriana que aceptó el partido a la de hoy, hay aprendizaje a costa de experiencias en primera persona. La elección pasada, por ejemplo. Asumo que no fui la única para quien el resultado fue duro. Muchos morenistas pasamos por ahí.
No se esconde en la derrota. La nombra. Y con ese aprendizaje gobierna hoy 13 municipios.
—El día que me nombraron, para muchos era un perfil poco conocido —reconoce—. Tardé meses en dar posiciones en prensa. Esas vocerías las ocupaban otros miembros del comité.
No le molesta. —Cada quien tiene su espacio. No se trata de asumir silencios.
Lo dice sin reclamo. En dos años, los medios poco a poco le han abierto el espacio que al principio no tenía. Hoy habla ella. Porque tiene muy claro que la presidenta es ella.
De la dirigente que dejaba hablar a otros, a la dirigente que aumentó municipios y distritos, asume que la tarea ha sido colectiva.
El silencio no era ausencia. Era estrategia. Ya ha comenzado a hablar la presidenta.

El reto: ser oposición al PAN
-Para mí, uno de los mayores retos como presidenta es ser oposición al PAN, un partido con más de 30 años en el gobierno. El reto político era y es muy importante-.
Y pone números. Cuando llegó: tres municipios gobernados por Morena. En 2024: trece. De dos diputados federales a nueve. De ocho diputados locales a once. “El crecimiento ahí está. No es solamente mi trabajo, pero he aportado una dirigencia, un equipo, una coordinación y el siempre sumar”. Ser oposición en Guanajuato no es gritar. Es crecer.
Y hablamos de lo que no pasó.
—¿Te has reunido con la gobernadora Libia Dennis Muñoz Ledo?
—No —responde sin rodeos—. En alguna ocasión lo hice con el secretario de Gobierno, Jorge Lona. Pero con la gobernadora no ha habido diálogo directo.
Insisto. En Guanajuato la política se mide en cafés, en fotos, en desayunos. ¿No la has buscado o no te ha buscado?
—La ideología es muy clara una cosa es el gobierno, otra es el partido —dice—. Sabemos quiénes somos. Ella sabe quién soy yo. Yo sé quiénes son ellos. Nos identificamos, nos saludamos cordialmente, pero no ha habido ningún encuentro.
El diálogo, explica, “ha transcurrido a través de los legisladores”. Y lo asume como “una postura de respeto al trabajo que se hace desde lo legislativo”.
Aquí el dato: PAN, PRI, Verde, MC. Todas las dirigencias estatales ya pasaron por el despacho de Libia Dennis. Morena es la única que no.
—¿Estarías cerrada a un encuentro?
—No —matiza—. Estoy consciente de que los encuentros pueden tener beneficios para Guanajuato.
No hay ruptura. Hay cálculo. Morena es el único partido sin reunión con la gobernadora. Adriana lo explica como respeto al trabajo legislativo y claridad ideológica. La prudencia es su proyecto. También su límite.
Y el proyecto tiene calendario. Sobre 2027, mide cada palabra. Evita hablar de aspiración concreta. Insisto. Guarda silencio.
Y ese silencio tiene nombre. Ella misma lo pone: —Los silencios que a lo largo de la entrevista me has cuestionado, yo los nombro desde una posición de expectativa, de observación y de preparación.
No es que no quiera. No es que se guarde. Es que observa. “Hay que estar listas. Hay que estar preparadas”, repite. Lo dice para todas. Pero también lo dice para ella Lo asumo como responsable de esta entrevista: tendría todo el derecho de buscar una posición. Lo que sí deja claro es que, ocurra lo que ocurra, permanecerá dentro del movimiento.
Porque el método en Morena es la encuesta. Y la encuesta llega en octubre de 2026. Esa fecha define si concluye su periodo completo o entrega antes para que entre quien encabece la boleta. Ella no lo confirma. Yo lo asumo: en Morena nadie tiene lugar seguro. Ni la presidenta aumentó en su dirigencia números y territorio. La encuesta puede ratificarla con nuevo espacio. O jubilarla por una temporada.
Por eso no habla de 2027. Habla de 2030. —Lo aprendido y lo vivido —responde cuando le pregunto qué se lleva de la política—. Tengo muy claro el objetivo: ser oposición y ser gobierno en el 2030.
Colofón: Lo que no cabe en la tarjeta
—¿Y la alternancia para quienes la dudan? –le pregunto antes de despedirnos.
—Hay inconformidad por la inseguridad. La tarjeta rosa no podrá contenerla.
Valeria tenía 7 años. Era de Irapuato.
Por eso Adriana Guzmán no habla de 2027. Habla de estar preparadas. De observación. De expectativa.
En octubre de 2026 viene la prueba de liderazgo: definir candidaturas y mantener unido al partido.
En 2027, con el aprendizaje de 2024, Morena mide si está listo para que la tarjeta rosa deje de ser la única respuesta.



