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A la vida hay que abrirle el corazón de par en par

“La vida crece y se encoge según el coraje de cada uno.” Anaïs Nin
“Felicidad es mirarse hacía dentro y sonreír al verse”. Ron Lorent
“Ama intensamente lo que nunca volverás a ver.” Carlos Fuentes
“Algunas mañanas despierto, me siento, tomo mi café y miro mi jardín y me digo: Recuerda lo bueno que es esto, porque puedes perderlo…” Jim Carrey
“Estoy hecha de pequeños placeres y grandes pérdidas, pero mi sonrisa sigue intacta. A eso llamo morir de pie.” Elena Poe
“Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad.”  Albert Camus
“Tantas palabras falsas, mientras la realidad y la verdad dicen otra cosa.” Gremio de Mascherpa
“Hay dos tipos de personas en el mundo, realistas y soñadores, Los realistas saben adónde van, los soñadores ya están ahí.” CW
“Qué sencillo es prometer distancia para no herir más, pero cuando el corazón ya eligió, alejarse no es protección…es aprender a respirar con la ausencia.” Ronald Rondon
“La persona cuyo ánimo mejora con un libro, con un poema, una canción o una conversación consigo misma, no puede ser derrotada por nadie; incluso la vida pierde frente a ella.” Khalil Gibran
“La seguridad afectiva del niño es lo primero, antes de pensar en los aprendizajes.” Bernard Aucouturier
“La literatura es amiga del silencio y de la soledad. Los dos actos que permiten su existencia (escribir y leer) solo pueden ser fruto de un cierto aislamiento.” Alfredo Bryce Echenique
“Tengo las pestañas largas, como pequeñas redes de pesca intentando atrapar luz en mitad de la noche.” Alba Muñoz
“La vida no es más que inseguridad con una única certeza: Hoy estás vivo” Lia Risco
“Cuando descubras algo que nutra tu alma y te traiga alegría, preocúpate de hacerle un hueco en tu vida.” Jean Shinoda
“Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.” Viktor Frankl
“Necesitamos un “érase una vez”, que no existan reglas, que la magia se ocupe de las cosas.” Noelia Palacio

 Lo que experimentamos en México el domingo pasado y lo que vivimos en este último día de febrero en el mundo es algo que instala un pánico social, o mejor dicho, una ansiedad social difusa ante el temor que generan los hechos que se informan. En esta sociedad de la información y de la posverdad, la abundancia de datos —reales y falsos— provoca un desasosiego que consume la tranquilidad, crea confusión y utiliza los medios de comunicación para difundir información y desinformación, reforzando maquiavélicamente ideologías y posturas políticas.

Esta ansiedad social difusa se alimenta de la imaginación exaltada de la gente, del miedo que se transmite y contagia a partir de lo incierto, de la duda y, hay que decirlo, también de la mentira.

Los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán están basados en la mentira y en el abuso del poder, en intereses económicos y en una reestructuración global del mundo. La geopolítica internacional vuelve a girar en torno al control de los recursos naturales y estratégicos del modo de producción capitalista vigente.

Lo importante ahora es entender que necesitamos conversar, intercambiar opiniones y buscar información confiable, para que la realidad sea lo que es y despojar a la ansiedad colectiva —y al posible pánico social— de su influencia sobre las personas. En un tono crítico debemos tomar posiciones realistas y mesuradas, con la dinámica de crear consensos y acuerdos que nos permitan comprender la realidad y asumir lo que nos corresponde hacer para estar y sentirnos seguros.

La mentira vende. La promoción personal de algunos comunicadores, conductores de noticias e influencers genera ganancias. El terror y el miedo se utilizan para obtener ventajas, controlar a las personas y ejercer el poder en favor de los intereses de ciertas élites, en especial de una oligarquía mundial que vende su alma al diablo de la guerra.

Hoy toca usar la cabeza y el corazón. No solo resistir, sino rebelarnos con la claridad de una conciencia humana que nos advierte que la injusticia y la desigualdad pueden seguir naturalizándose, junto con las asimetrías y desequilibrios sociales y económicos que niegan los derechos humanos y ponen en entredicho el futuro de la civilización.

En Los Miserables, Víctor Hugo escribió: “Todo lo ha sentido, todo lo ha sufrido, todo lo ha soportado, todo lo ha perdido, todo lo ha llorado. Es un error, sin embargo, creer que la suerte se agota y que se toca el fondo en ninguna situación. El que esto sabe ve en toda oscuridad”. Es aquí donde nos toca pensar que es posible crear un mundo mejor, siendo capaces de reconocer la tragedia y la crueldad humanas, que buscan justificar lo inaceptable y ponen falacias como argumentos para eliminar, exterminar y dañar a las personas.

Hoy los muertos son civiles: niños, niñas, mujeres, ancianos y hombres que no forman parte de los ejércitos constituidos como excusa para defender soberanías, territorios e imponer formas de gobierno en función de criterios y opiniones determinados por unas cuantas personas, con intereses principalmente económicos disfrazados de justicia social, democracia o religión.

¿Cómo responder de la mejor manera a los hechos que vivimos? ¿Es posible encontrar salidas a los dilemas que la realidad impone?

George Steiner, en La importancia de decir No, escribió:

“Hemos perdido el arte de decir ‘no’. No a la brutalidad de la política, no a la locura de las injusticias económicas que nos rodean, no a la invasión de la burocracia en nuestra vida cotidiana.

No a la idea de que se puedan aceptar como normales las guerras, el hambre, la esclavitud infantil.

Hay una enorme necesidad de volver a pronunciar esa palabra.

Y en cambio somos incapaces. Créanme, estoy consternado ante la aquiescencia de tanta gente decente, transformada en campeones del fatalismo.

Que declaran abiertamente su escepticismo en cuanto a la inutilidad de la protesta, como si protestar se hubiera vuelto vergonzoso.”

En ese sentido, toca por lo pronto la denuncia: hacer visible el dolor y el sufrimiento humano, dar rostro y nombre a las víctimas de la violencia y del delito. Tener la calidad humana de vernos como personas, como comunidad; poner el bien común como valor societal y buscar en la comunicación, el diálogo y el acuerdo colectivo las formas de actuar para cambiar el estado de cosas. Crear una sinergia que dé sentido a la esperanza y permita anunciar la utopía de la libertad, la justicia, la fraternidad y la sororidad, y sobre todo sostener la viabilidad del planeta.

Saber que todo cambia, pero que todo cambio requiere esfuerzo, es un principio de vida, tanto social como personal. Nina Simone declaró:

“Lo que me mantuvo cuerda fue saber que las cosas cambiarían, y era una cuestión de mantenerme unida a mí misma hasta que lo hicieran. La vida tiene tormentas, pero la clave es resistir sin perderse en ellas. No se trata solo de esperar, sino de sostenerse con firmeza hasta que el viento cambie.”

No podemos huir. Virginia Woolf escribió:

“No se puede encontrar la paz evitando la vida. La calma real no nace de la huida, sino de habitar cada instante, por crudo que sea. Quien esquiva el dolor, esquiva también la belleza. Vivirlo todo, incluso lo que duele, es el único camino hacia la verdadera paz interior.”

Esa paz se construye con otros y otras, dando sentido a la vida. Pero habrá que aceptar que la persona libre, consciente de sí misma, busca en lo personal:

“Encontrar el significado. Distinguir la melancolía de la tristeza. Salir a caminar. No tiene que ser un paseo romántico por el parque, con la primavera en su momento más espectacular, las flores, los olores y las imágenes poéticas sobresalientes que te transportan suavemente a otro mundo. No tiene que ser un paseo durante el cual tengas múltiples epifanías de vida y descubras significados que ningún otro cerebro logró encontrar. No tengas miedo de pasar tiempo de calidad contigo mismo. Encuentres sentido o no, pero ‘roba’ algo de tiempo y entrégatelo libre y exclusivamente a ti mismo. Opta por la privacidad y la soledad. Eso no te hace antisocial ni te hace rechazar al resto del mundo. Pero sí, necesitas respirar. Y necesitas ser.”

Así lo escribió Albert Camus. Y más allá de un existencialismo simplista, se requiere un humanismo solidario que nazca de pensar críticamente quiénes somos y qué queremos hacer con lo que han hecho de nosotros, como diría Jean-Paul Sartre.

Hoy, ante la incertidumbre, hago míos los deseos de Hamlet Lima Quintana:

“Que no te falte tiempo para comer con los amigos, partir el pan, reconocerse en las miradas.

Deseo que la noche se te transforme en música y la mesa en un largo sonido de campanas.

Que nada te desvíe, que nada te disturbe, que siempre tengas algo de hoy para mañana y que lo sepas dar para regar las plantas, para cortar la leña, para encender el fuego, para ganar la lucha, para que tengas paz.

Que es la grave tarea que me he impuesto esta noche, hermano mío.”

Porque sé, y ahora me basta saber, que:

“Todo está en llamas,

pero todos los que amo

están haciendo cosas hermosas

y tratando de hacer que la vida

valga la pena,

y sé que no tengo que creer en todo,

pero creo en eso.”

Nikita Gill

Porque, pese a todo y a pasar de todo, nos corresponde la tarea de abrirle el corazón de par en par a la vida.