Inicio Columna Alejandro Moreno “Alito” entre ruinas

Alejandro Moreno “Alito” entre ruinas

Alejandro Moreno estuvo en Guanajuato Capital y no pasó nada. Una visita desangelada.

Atrás quedó la tambora y la matraca. Esa tambora y esa matraca que sembraba cualquier sitio, que era estructura, que era territorio, que era la forma de decir aquí está el PRI. Hoy son apenas sonidos aislados, sin eco y sin convocatoria. El salón no estaba vacío, pero tampoco había filas, tampoco había desborde. Había lo justo para cumplir, los mismos de siempre. Esa es la distancia entre aquel ejército tricolor y lo que hay hoy.

Es el PRI viejo, pero no hablo del PRI del pasado, hablo del PRI viejo del presente. Liderazgos que envejecen ahí sin aportar, jóvenes muy pocos, mujeres relegadas.

Esto no se entiende sin dos nombres: Alejandro Arias y Ruth Tiscareño.

Las posiciones aseguradas para Alejandro Arias y Ruth Tiscareño en las últimas legislaturas como plurinominales han sido la expresión más clara del abuso y del agandalle sobre lo poco que queda de militancia. Quienes quedan, los que andan en tierra, los que tocan puertas, los que ponen el voto, poco o nada han obtenido de esa alianza que solo ha beneficiado a dos. Es un esquema de abuso que se sostiene en el silencio de resignación de los que quedan y en los muchos vacíos que dejaron los militantes que ya se fueron.

Ocurrió con la complicidad de Ruth, con silencios cómodos que alimentaron la estrategia de ser un partido no aliado, sino avasallado al PAN. Sin oposición, sin voz y sin dignidad.

¿Y con qué pretenden ofrecerle una alianza al PAN cuando ya están avasallados? Entregaron absolutamente todo: conciencia, voz, voto y vergüenza. No se les ha conocido una posición crítica. No se atreven a ser pares. Están chiquitos al lado del PAN. Son cómplices. Caso concreto: la capital, donde sindicatura y regiduría han sido cómplices del desgobierno de Samantha Smith y antes de Alejandro Navarro.

Los números son claros. Hoy el PRI gobierna solo 3 de 46: San Miguel de Allende, Manuel Doblado y San Diego de la Unión. Otros 13 los ganó colgado de la coalición PAN-PRI-PRD, y de esos, en 10 el PAN podía ganar solo.

La excepción es San Miguel de Allende. Mauricio Trejo se ha construido a sí mismo y ha construido al PRI en San Miguel. Él sí ganó solo. Lo suyo no es obra de Arias ni de Tiscareño, es a pesar de ellos.

Isabel Acevedo, alcaldesa de Jerécuaro, es otra autoridad que ha tenido que trazar su propia ruta hacia la reelección. Una priista que está forjando su propio capital político porque sabe que esperar impulso desde la dirigencia estatal es esperar un milagro. Y más en un espacio donde la misoginia es método.

¿Y en el 2027 irán juntos? ¿De verdad el PAN ve al PRI? No se nota. Termina por desdibujarse.

En entrevista banquetera Alito salió con otros datos. Con su desplante de siempre, afirmó que el PAN sin el PRI no gana. Si trae otros datos, que los muestre. Pero aun si fuera cierto, que no lo es, ¿de qué sirve que el PRI ayude a ganar al PAN si a la hora de decidir no ganan ni los guanajuatenses ni los priistas? Solo ganan los dos de las pluris. ¿De qué PRI habla Alito?

Alito visitó la capital, en el Hotel Gran Plaza, y tuvo frente a sí estas ruinas. Las ruinas que quedan de un PRI que hoy apenas conserva un inmueble en Paseo de la Presa, casi fantasmal, vacío, sin vida.

Vino a Guanajuato como parte de una gira. A un Guanajuato que dejó de ser priista hace muchos años. Vino a simular que hay partido.

Porque en el tablero electoral de Guanajuato el PRI no está. No pinta. No suma. No incomoda. No compite. Es simulación pura, es nula expectativa electoral.

Lo que Alito vio en el Gran Plaza no fue un acto político. Fue el inventario de las ruinas.

Lo poco que queda, y queda mal.