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La batalla que viste a la sierra de tejocotes

Santa Rosa ya es patrimonio vivo de Guanajuato

Una tradición popular que ahora forma parte del Patrimonio de Guanajuato. Foto: Especial

Guanajuato, Gto., 27 de octubre de 2026.- Huele a pólvora de fogueo, a tierra mojada y a frutos silvestres recién cortados. En lo alto de la sierra, el eco de los cascos de caballo rompe la calma mientras docenas de vecinos vistiendo túnicas, paliacates y gruesos collares de tejocotes enfundan sus armas de madera. No es una escena de 1810, sino el ritual vivo con el que los habitantes de Santa Rosa de Lima reconstruyen, año tras año y con sus propias manos, su lugar en la historia.

Esta festividad popular, conocida como la representación de la Batalla de Santa Rosa o Las Guerrillas de los Indios Tejocoteros, dejó de ser un simple festejo comunitario para convertirse oficialmente en Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Guanajuato, tras la firma del Decreto Gubernativo número 47 por parte de la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo.

El peso del tejido: ¿Qué significa la tradición?

Para Santa Rosa, la festividad no es una simple escenificación ni una lección estática de libro escolar; es la vida comunitaria puesta en escena. Durante meses, mujeres, hombres, niñas y niños cortan los tejocotes de los cerros, confeccionan los atuendos, ensayan la música y alistan a la caballería para reinterpretar la Toma de la Alhóndiga de Granaditas desde la mirada campesina e indígena de la sierra.

En el corazón de la fiesta retumba la memoria de personajes populares como Juana Gabina, figura emblemática que simboliza la fuerza y valentía de las mujeres guanajuatenses que participaron en los grandes momentos de la emancipación. Entre el intercambio de paliacates y el traspaso del mando en la representación, la comunidad no solo recuerda el pasado: regenera sus lazos, transmite la estafeta a los más jóvenes y reafirma su identidad frente a la sierra.

Autoridades firmaron la declaratoria a favor de la comunidad de Santa Rosa, ubicada en la Sierra de Guanajuato.

Un legado de más de siglo y medio

La memoria oral de la sierra marca el origen de esta fiesta en 1864, durante el paso del emperador Maximiliano de Habsburgo por la región. Tras un periodo de pausa, la costumbre fue rescatada en 1934 por iniciativa de don Tomás Ulloa y un grupo de mineros de la zona, quienes devolvieron a los cerros la representación de los contingentes insurgentes y realistas.

Desde entonces, cada segundo domingo de octubre, las calles de Santa Rosa se transforman en un escenario al aire libre donde el trabajo compartido de generaciones enteras mantiene intacto un patrimonio que nace del pueblo y regresa al pueblo.

La voz de la jornada

“Cuando una comunidad preserva sus raíces durante generaciones, no solamente está cuidando una costumbre y su alma misma; está cuidando una forma de entender la vida y su identidad. El patrimonio también está hecho de recuerdos, de relatos, de canciones y de saberes transmitidos entre generaciones. Felicidades, Santa Rosa de Lima: hoy su historia recibe un reconocimiento oficial, pero sobre todo, el agradecimiento de todo un estado.”
— Libia Dennise García Muñoz Ledo, Gobernadora de Guanajuato.