Hay informes que se miden por lo que dicen. Y hay informes que se miden por quién no fue.
El de Guanajuato capital fue del segundo tipo.
Un informe a puerta cerrada, con accesos controlados, en una cancha convertida en búnker. No era para informar a la ciudad. Era para contenerse de la ciudad.
Primero, lo que no quieren que se diga: la fracción de Morena y del PT no fue convocada. Solo fueron convocados sus aplaudidores. PAN, PRI y Movimiento Ciudadano. Los únicos ediles que asistieron comparten con ella la misma tragedia: la soledad y el escarnio público.
El mensaje político más fuerte no estuvo en el discurso. Estuvo en las sillas vacías.
La clase política del PAN desairó asistir. No hubo senadores. No hubo diputados federales. El Congreso local, ausente. No quieren que los vean con ellos.
El único legislador local que acudió fue Juan Carlos Romero Hicks. Y todos entendemos por qué: hoy es coordinador del proyecto del virtual precandidato y tenía que ir en caballo de hacienda a cobrar la factura.
Fuera de él, nadie. Apenas dos presidentas municipales de municipios que atraviesan polémicas muy parecidas a las de la capital, particularmente el caso de Moroleón. La solidaridad de los que también están en la lona.
El mensaje es claro y devastador: la familia Navarro-Smith ya no da para la foto. Ya nadie quiere cargar el costo de salir abrazado de ellos.
Y para exhibir lo que queda, el tamaño de la operación: la cantidad de movilización fue evidente y burda. Cada vez más burda. Se lee la desesperación. La instrumentalización de las personas, el uso de la voz, el traslado en camiones estacionados afuera que bloquearon el ya de por sí complicado tráfico vehicular.
Alguien lo describió en redes sociales mejor que nadie: era lo más parecido a un programa de Teletón. Se acabó el modelo. Se acabó el discurso. El informe se convirtió en una actividad que se tenía que cumplir.
Porque el informe del miércoles no se puede entender sin el lunes 28 de septiembre.
Ese lunes, en el desfile de la Toma de la Alhóndiga, un grupo de estudiantes encaró a la Gobernadora. Detrás de ella, escondida, estaba Samantha Smith. El reclamo era por las agresiones de los policías municipales. Y ante el reclamo, Samantha optó por lo peor: reírse de manera burlona, nerviosa y torpe.
El grito fue “fuera Samantha”, pero fue en la cara de la Gobernadora.
Lo que tuvo que contener el lunes, hizo catarsis el miércoles en su informe. La salida de despedir o separar del cargo a los policías señalados no le alcanzó. Entre el cuestionamiento y el día del informe, ya nada les alcanza. El modelo se acabó.
Durante su intervención, la Gobernadora, hábil, buscó distintos momentos para dirigirse a Juan Carlos Romero Hicks. Era el único puente con el panismo que no quiso salir en la foto. Era el intento de darle aire a un informe sin aire.
Y entonces ocurrió lo esperado, lo que en el panismo se comenta en corto pero que hoy quedó en video: desde un par de estómagos beligerantes, el desaire al virtual precandidato.
La escena quedó grabada Juan Carlos se acerca a saludar a Alejandro Navarro y éste lo deja con la mano estirada. Es mucha la ira. Es mucha la soberbia. Es el tamaño del pleito interno.
Ese desaire no fue a Romero Hicks. Fue al proyecto que viene. Fue a la Gobernadora en su cara.
Un informe a puerta cerrada, sin clase política, sin senadores, sin diputados, sin Congreso, con un solo legislador que además fue desairado por el esposo de la alcaldesa.
Eso no es un informe. Es el retrato de un grupo político aislado, peleado con todos, que ya no convoca ni a los suyos y que confunde gobernar con atrincherarse.
El PAN ya entendió que se acabaron. Ellos todavía no.



