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Tensiones y dilemas

Arturo Mora Alva, académico, investigador y columnista Platino News.
“No sé cómo llegué a un lugar. Donde nadie podría encontrarme. Me creía a salvo hasta que al fin Tuve que preguntarme. Y, ¿si nadie me encuentra jamás…?” Nacho Vegas
“Algún día disfrutaremos de una intimidad que nos permitirá compartir los pensamientos que hemos guardado en lo más hondo de nuestros corazones a lo largo de estos años.” Nelson Mandela
“Yo miraba el reloj hasta que pasó mucho rato, y comprendí que la soledad seguía y seguiría. Entonces me detuve al lado del café, dispuesta a esperar hasta el fin de la eternidad.” Alejandra Pizarnik
“Cuando me contactan por la calle, en una plaza o en el tren, para preguntarme qué libros hay que leer, les digo siempre: Lean lo que les apasione, lo que los ayudaría a soportar la existencia.” Ernesto Sábato
“Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, y otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él.” Carmen Laforet
“Y comencé a comprender también que el dolor, los desengaños y la melancolía, no existen para molestarnos, ni para sumirnos en un abismo de desasosiego e inutilidad, sino para poner a prueba nuestro temple y madurar nuestro ser.”  Hesse
“Cada uno de nosotros carga con lo propio hasta el fin de los días. Pero también construye. Como arquitecta deberías saberlo. El terreno es lo que te dan de nacimiento, pero la construcción es tu responsabilidad.” Gioconda Belli
“Todos tenemos demonios en los rincones oscuros del alma, pero si los sacamos a la luz, los demonios se achican, se debilitan, se callan y al fin nos dejan en paz.” Isabel Allende
“Son las buenas personas las que hacen buenos lugares.” Anna Sewell
“La belleza no es una necesidad de la mente humana, pero sí de su alma. El amor es el único fuego que puede iluminar la oscuridad de la vida.” Marina Tsvetaeva
“Ahora comprendo que la oscuridad en todas partes puede guardar posibilidades aún mejores que mis esperanzas.” Helen Keller
“Donde haya silencio y oscuridad, pinta un mundo mágico de colores. Que vuelen del alma versos y poesías, como aves llevando mensajes de paz, y las flores abracen con su fragancia.” Lucia de Corti
“Algún día, de alguna manera, en algún lugar te encontrarás a ti mismo. Este, y solo este momento puede ser el momento más feliz o el más triste de tu vida.” Pablo Neruda
“Si la gente recordara más a menudo que en esta tierra solo estamos de paso y que esta vida no es eterna, quizás podrían ser más humildes y menos malvados.” Alda Merini
“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.” Eduardo Galeano
“Quiero pensar en silencio, en calma, con tiempo, sin ser interrumpida, sin tener que levantarme del sillón, quiero deslizarme sin dificultad de una cosa a otra, sin ningún sentimiento hostil, sin ningún obstáculo.” Virginia Woolf
“Necesitamos construir una expectativa de futuro como un sitio en el que nos gustaría vivir.” Cristina Monge
“Lo que una vez se sintió con absoluta pureza ya no vuelve a repetirse; lo demás son solo intentos de calmar el frío.” Octavio Paz

La vida no tiene palabra; nosotros sí. La vida es una aventura en todos los sentidos y en todas las dimensiones de la existencia. Tenemos la posibilidad de ir nombrando lo que vivimos y construir una narrativa que no está exenta de autoengaños, ficciones y múltiples interpretaciones, mediante las cuales intentamos otorgar cierta coherencia a los momentos inefables de la vida, a lo traumático, a los vínculos afectivos y a la construcción social de nuestras creencias, ideologías y valores.

Esto es vivir: un ejercicio de toma de conciencia y de responsabilidad que permite que la vida adquiera sentido y tenga un horizonte existencial. Un horizonte que se transforma en la misma proporción en que vamos siendo a partir de todo aquello que dejamos atrás: las pérdidas, las despedidas y los duelos por lo que dejamos de ser cuando abandonamos la inocencia, la ignorancia, la ingenuidad, la soberbia, el orgullo y el egoísmo. Entonces damos paso a la vida; esa que se siente y se piensa día con día, y que nos coloca frente a nosotros mismos sin excusas, sin pretextos y sin demoras. Porque no existe un único camino, ni uno necesariamente correcto. Solo existe aquello que deseamos y queremos ser, más allá del deber ser impuesto por la moral social de cada época y de todas sus expresiones.

La vida se nos presenta sin posibilidad de ensayo. No hay mucho margen para asegurar con certeza que tomamos las mejores decisiones. Lo que sí existe es la posibilidad de aprender y reconocer que no somos infalibles, que no tenemos todas las respuestas y que aquello que nos permite crecer es la capacidad de ser adaptables, flexibles y firmes como el bambú. Porque, además, “No somos exactamente lo que todos ven. Somos lo que pocos conocen y lo que poquísimos comprenden”. Cada uno es su historia: indeterminada, incierta, inaudita, innovadora, increíble y siempre incompleta.

La vida es cambio y, como escribió Debbie Lynn: “Los cambios inesperados pueden ser difíciles de afrontar, pero aprender a adaptarnos a ellos, en lugar de oponernos, puede aliviar la tensión. Lo he visto una y otra vez: la resistencia al cambio causa estrés, que se mitiga fácilmente con la rendición. Si nuestro ego es inflexible y rígido, puede quebrarse fácilmente. Y aunque ciertamente hay cosas que son un rotundo ‘no’, como el peligro y el trauma, nuestro mundo está en constante transformación; por ello, dejarse llevar por la corriente, en lugar de luchar contra ella, requiere mucha menos energía, energía que podemos utilizar para mejorar. Relájate”.

Lo real es que somos seres sociales y necesitamos a los otros. Necesitamos el amor, amar y ser amados para llegar a ser, para crecer y creer en nosotros mismos. Pero también debemos aceptar que todo aquello que nos hace personas nos coloca frente a la contradicción, la carencia, la obsesión por el poder y el deseo de alcanzar el éxito sin remordimientos ni piedad; impulsos que muchas veces nos colocan del lado de la banalidad del mal.

Hago mías las palabras de Victoria Martínez, recogidas a partir de lo que he aprendido escuchando a muchas personas: “No tengo respuestas ni consejos para este momento de tu vida. Las respuestas te las dará el tiempo, y los consejos suelen ser palabras de ánimo que buscamos cuando no sabemos qué decir; la mayoría de ellos son tan gratuitos que ni nosotros mismos hemos sido capaces de llevarlos a cabo. Solo tengo dos brazos donde puedes refugiarte siempre que lo necesites. Es poco, lo sé. A veces, un abrazo sin palabras tiene la capacidad de ayudar, de aliviar la carga, de calmar, de llenar los espacios que se han quedado vacíos y de liberar. A cualquier hora y en cualquier momento. Cuando lo necesites, ven…”.

Vivir es una tensión y un dilema permanente que nos lleva a actuar. El amor es hecho y no palabras. Por eso la vida no tiene palabras que puedan escucharse plenamente en la conciencia de la humanidad ante el desencanto, la crueldad humana, la desilusión, la traición, la alevosía, el abuso, la dominación, la injusticia, la desigualdad, la violencia, el fanatismo, la infamia, el sufrimiento, la pena y la muerte inmerecida y absurda. Por ello se requiere nombrarla desde la acción. Ante la imposibilidad de hacerla completamente asequible, la vida necesita de la poesía, de la literatura, de la ciencia, del arte y de la música para reconocer y aceptar nuestra incompletud, nuestra fragilidad, nuestros miedos y nuestras carencias.

Fiódor Dostoievski plasmó: “El corazón humano es un pozo profundo de misterios. Amamos, odiamos, perdonamos y cometemos los mismos errores una y otra vez. Pero es a través de estas complejas emociones que encontramos el significado de nuestra existencia. Vivir es aprender a navegar por las aguas tormentosas del corazón sin renunciar nunca a creer en la capacidad de sanar y volver a amar”.

Y como dijo Alejandro Dolina: “Las mayores felicidades de mi vida, exceptuando las de la paternidad, las tuve en el amor. No hay ninguna otra cosa que me haya hecho tan feliz como sentirme enamorado y sentir que alguien me amaba”.

Y porque vivir es también arriesgarse, es un juego en el que “jugar es poner a trotar las palabras, las manos y los sueños. Soñar despierto, hacer de los sueños textos visibles. Aprender es reconocerse, creer en lo que creo y crear lo que creo. Arriesgarse a hacer de los sueños textos visibles y posibles”, como lo describió Alicia Fernández.

En estas tensiones y dilemas, “Lo que ves es lo que soy. Sin comas, pero también sin peros. Unos días rabio de felicidad y otros me cuesta hasta el simple hecho de sonreír. No me considero una persona perfecta; al contrario, mis defectos están a flor de piel, pero soy real. Tan real que no le pongo frenos a mis primeros impulsos. Lo que tenga que ser, será; pero, al menos, será porque he sido yo”, sentenció Sergio Chico.

El reto de esas tensiones y dilemas es poder ser auténtico, leal y coherente, desde la convicción de estar con uno mismo y con los demás, y de dejarse tocar por la realidad. Esa realidad que nos mueve, que nos hace llorar, que nos asombra y que nos llena de esperanza; una esperanza que implica actuar para convertirla en hechos. María Zambrano declaró: “Y yo me quedaré aquí como una lámpara que se enciende en la oscuridad. Tendría que ir todavía más abajo y hundirme hasta el centro mismo de las tinieblas, que muchas han de ser, para encenderme dentro de ellas. Pues solo me fío de esa luz que se enciende dentro de lo más oscuro y hace de ello un corazón. Allí donde nunca llegó la luz del Sol que nos alumbra. Sí; una luz sin ocaso en el centro de la eterna noche”.

Hoy veo la realidad humana. Veo los discursos en la ONU; veo la insensatez, las cegueras, los oídos sordos, la arrogancia, la esquizofrenia de la política y la dureza de corazón de quienes gobiernan. También veo los esfuerzos, por ahora muchas veces insuficientes, de quienes alientan la justicia, la igualdad, la paz y la salud en el mundo. Hago eco de las palabras de Fernando Pessoa: “Escribo, triste, en mi habitación tranquila, solo como siempre he estado, solo como siempre estaré. Y creo que si en mi voz, aparentemente tan poco, no encarna la sustancia de miles de voces, el hambre de miles de vidas, la paciencia de millones de almas sumisas como la mía al destino diario, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigio, en estos momentos mi corazón late más rápido por mi conciencia de él. Vivo más porque vivo más grande. Siento en mi persona una fuerza religiosa, una especie de oración, un parecido a un grito”.

En esas tensiones y dilemas está también la certeza de la finitud de la existencia. Y, como Jorge Luis Borges: “Yo no temo a la muerte. No le temo ni me entristece. Cuando estoy triste pienso: ¿cómo puedo estar triste si me espera esa gran aventura que es la muerte? Si tengo suerte, seré aniquilado, borrado totalmente; y si no, si hay otra vida, la aceptaré como he aceptado esta. Peor que esta no será. Hasta puede ser mejor. No sabemos nada, pero podemos pensar que hay una aventura más allá de la muerte”.

Y, sin embargo, acepto sin reparos que, entre tensiones y dilemas, “Quiero equivocarme, aprender, reírme hasta que me duela el cuerpo, conocer lugares, querer profundamente, cambiar de opinión, empezar de nuevo. Quiero llegar al final con los zapatos llenos de historias”, como lo expresó María Dolores Núñez.

Al final, quizá la mayor sabiduría consista en aceptar que vivir no es alcanzar una verdad definitiva ni conquistar una certeza absoluta, sino aprender a habitar las preguntas que nos acompañan. Somos seres en permanente construcción, atravesados por contradicciones, pérdidas, encuentros y esperanzas. La dignidad de la existencia no radica en la perfección, sino en la capacidad de seguir avanzando, de seguir aprendiendo y de seguir amando a pesar de las heridas, los fracasos y las incertidumbres.

Por eso vale la pena nombrar la vida, contarla y compartirla. Porque al hacerlo nos reconocemos en la experiencia de los otros y descubrimos que nuestras alegrías, dolores, anhelos y temores forman parte de una misma condición humana. Vivir es mantenerse abierto al asombro, sostener la esperanza aun en la oscuridad y convertir, cada día, nuestras convicciones en actos. Quizá ahí resida el sentido más profundo de la existencia: en hacer de nuestra breve estancia en el mundo una historia auténtica, consciente y generosa, capaz de dejar una huella de humanidad en quienes caminan a nuestro lado.