Vi la foto y pensé que era IA. Me costó creer que fuera real: Libia Denisse inaugurando un gimnasio con su propio nombre.
Resulta que la presidenta municipal de Moroleón, Alma Barragán, le puso el nombre de la Gobernadora. Y la Gobernadora acudió a inaugurarlo.
Que lo haga la presidenta no extraña si se lee en clave local. Alma Barragán capitaliza el conflicto que tiene con su dirigencia estatal encabezada por Yulma Rocha, buscando puentes directos con Gobierno del estado sin intermediación. Y la Gobernadora capitaliza ese mismo conflicto.
Es decir, a Alma y a Libia las reúnen las diferencias que tienen con Yulma. Un perverso juego donde la adulación se vuelve moneda de cambio.
Lo que sorprende es que lo haya aceptado. Cuesta creer que nadie en su equipo le haya dicho, con verdad y con cuidado: no es prudente. La Gobernadora necesita voces disidentes adentro. Francas. Comprometidas con ella y con su proyecto. Perfiles que se atrevan a contrastar al círculo de aplaudidores que hoy, por incapacidad o por conveniencia, no frenan este tipo de errores. No por falta de trayectoria, sino por lo que simboliza.
Había otras salidas. Trasladar esa generosidad al nombre de una mujer de Moroleón: una maestra, una deportista, una partera. Alguien que representara la historia local sin comprometer a la investidura.
Pensé que esa mirada patrimonialista ya había quedado atrás. Esa que nos enseñó que lo público es privado y que el homenaje se confunde con la apropiación. Por cierto, muy asociada a la escuela masculina sobre el uso del poder.
El homenaje en sí no es el problema. El problema es cuando se vuelve adulación de un lado y frivolidad del otro.
Lo planteo con claridad: me importa que le vaya bien a Libia. Porque si le va bien a la Gobernadora, la consecuencia tendría que ser un bienestar para todas. Como dice Rita Segato, de lo que se trata es de resignificar el mundo que encontramos las mujeres para empezar a habitarlo desde nosotras, con nuestras propias reglas. De poco sirve ser la primera mujer gobernadora si a casi tres años seguimos replicando las prácticas más patriarcales. Su liderazgo no es solo personal, es simbólico. Por eso preocupa cuando se desdibuja entre el ruido y el aplauso fácil.
A casi tres años de su gobierno es urgente que redefina el liderazgo que planteó de manera inicial: concentrado, estudioso, dirigido, con sello propio de mujer de Estado.
Hace tiempo dejé de ver a la mujer estadista para ver a una figura que lo mismo comparte evento con Pedro Haces diluyendo la marca del PAN, que abraza el cacicazgo del matrimonio de la capital, el de los Navarro Smith, que acepta que un gimnasio lleve su nombre en vida.
El poder no necesita edificios con su nombre. Necesita edificios con mujeres adentro, seguras, con programas para prevenir la violencia, con rutas para llegar y volver a casa sin miedo.
Ese hubiera sido el homenaje real: no ponerle Libia Denisse al edificio, sino ponerle derechos de las mujeres a lo que pasa dentro.
Una mujer con liderazgo de Estado no necesita que lo público lleve su nombre. Necesita que lo público lleve su sello.
Posdata: No era inteligencia artificial, lástima. La IA se corrige con un prompt, el criterio, no.



