Acotación: Esto no es especulación. Es una crónica de pasillo con fuentes directas y verificables. Todo ocurrió como se cuenta. Lo que vendrá después serán las negativas de manual.
De puerta en puerta, sin que le abran
En las últimas semanas, el “ciudadano” Alejandro Navarro-y lo entrecomillo porque vive como candidato, pero se presenta como ciudadano- ha tenido que salir a aclarar que es panista. Hay varias entrevistas. Ningún otro panista tiene que hacer eso.
La razón es simple: de día exige candidaturas en el PAN y de noche las pide en otros partidos, para él y para su esposa.
Hace algunos meses, en sesión pública del Ayuntamiento, fue exhibido. Quien lo señaló lo hizo de frente, con conocimiento de primera mano de cómo se entrevistó con Luisa María Alcalde, entonces presidenta nacional de Morena, y del desenlace negativo para quien pretendía llegar a pedirlo todo.
Su justificación fue de manual: “acercamiento entre actores políticos”. No le creyó nadie.
Después buscó de nuevo a Morena. No fue directo, mandó mensajeros hasta llegar al actual Senador Ricardo Sheffield, quien le negó rotundamente cualquier posibilidad.
Y luego pasó al Verde. Buscó a la dirigencia estatal del Partido Verde hace unos días. La dirigente, Virginia Magaña, no lo quiso recibir. Le mandó a un propio para decirle que ahí no es bienvenido. Así, tal cual: en el Verde tampoco lo quieren.
Y con eso pretende presionar: con una elotiza, planas pagadas en periódicos, cervezas gratis en fiestas y encuestas que presumen conocimiento, pero ocultan que el rechazo supera al conocimiento.
Quiere condicionar a dos mujeres que no se dejan doblegar.
Ni Juanita de la Cruz, presidenta estatal del PAN, ni Libia Denisse, gobernadora y dueña de facto del partido en el estado, son políticas improvisadas. No llegaron ayer. Saben contar, saben leer encuestas y, sobre todo, saben distinguir entre un panista y un oportunista que usa al PAN como hotel de paso.
Entregarles la plaza a los Navarro sería un error político de manual. Sería premiar el chapulineo y castigar a la militancia.
Porque mientras este señor se oferta al mejor postor, en el PAN sí hay cuadros en serio. Cuadros disciplinados, leales, que atienden propuestas, que no andan tocando puertas ajenas a escondidas. Panistas de día y de noche, no de ocasión. Que es lo único que el PAN debería de valorar.
Si Juanita y Libia ceden al pragmatismo barato de los números inflados que les vende Navarro, no solo le entregan Cuévano a la dupla matrimonial que quiere una década en el poder, con sus costosas implicaciones. Le entregan el mensaje a todo el estado de que en Guanajuato el PAN está en subasta y que se lo queda quien pague más planas.
Se oferta en el PAN donde ya no lo quieren. Se oferta en Morena donde ya lo batearon dos veces. Se oferta en el Verde donde ni siquiera le abren la puerta.
Y con ese currículum de rechazos, pretende condicionar. Guanajuato ya lo conoció gobernando. Ahora lo está conociendo, ofertándose.
Posdata: La doble incongruencia
Uno: El mismo que en público denunciaba la influencia del sheffieldismo en la capital, en privado tocó la puerta del propio Ricardo Sheffield para pedirle ser parte: el que denunciaba al sheffieldismo, quería ser sheffieldista.
Dos: El mismo Alejandro Navarro que hizo mofa y descrédito en sus redes sociales de Alejandra Gutiérrez por irse a Movimiento Ciudadano, es hoy el que anda ofertándose en Morena y en el Verde. Con la diferencia de que a ella en MC la recibieron con alfombra roja y con proyecto. A él, ni en Morena donde lo batearon dos veces, ni en el Verde donde ni le abrieron la puerta, le ofrecen siquiera una silla. Una se fue con proyecto. El otro se quedó ofertándose barato.



