Este lunes 7 de septiembre arranca el proceso electoral en Guanajuato. Y si va a ser tiempo de mujeres, que sea tiempo sin simulación. Tiempo para nombrar con fuerza y con verdad.
Cuando hablemos de dónde estamos las mujeres evitemos los eufemismos. Si de algo debemos hablar con absoluta verdad es de lo logrado, pero también de lo pendiente. Y no solo de lo pendiente para nosotras, las que hoy tenemos un cargo o una candidatura, sino de lo pendiente para todas.
Porque lo logrado es innegable y no se minimiza: estamos en espacios donde antes ni siquiera se nos imaginaba. Hoy presidimos municipios, integramos cabildos, encabezamos curules. Eso costó décadas y costó vidas.
Pero lo pendiente es lo que no se dice en los informes y sí se dice en corto. Y ahí es donde tenemos que poner la lupa en este proceso que arranca. Guanajuato aprendió a cumplir la paridad en el papel y a boicotearla en el ejercicio.
Por eso siempre he valorado los diálogos francos que puedo tener cuando estoy entre mujeres que se sienten libres de nombrar la vida. Ahí, en corto, sin templete, sin discurso aprendido, es donde aparece lo que no se dice arriba.
Ahí aparece la presidenta municipal que sigue lidiando con el cacique que no termina de irse, el que asume que el municipio sigue siendo de su propiedad y que ella solo está prestada.
La que me cuenta en voz baja que en casa su pareja cuestiona permanentemente su gobierno, revisa sus decisiones, le habla mal de su equipo e impide que lo ejerza a plenitud.
La regidora que pide la palabra y no se la dan. La síndica a la que le esconden la información. La candidata a la que le piden que se baje porque “no da el ancho” pero sí da para completar la planilla.
Antes hablábamos de los hermanos incómodos del poder. Hoy, con más mujeres llegando, hablamos de los esposos incómodos, de los jefes políticos incómodos y de los compañeros que boicotean.
Y por eso quiero que esta entrega escritural sea una invitación directa para lo que viene. No una queja, un pacto.
Que en este proceso electoral las mujeres pidamos sin temor. Sin temor a sentirnos juzgadas por exigir lo que nos toca.
Que exijamos al Estado condiciones de seguridad para participar. Porque no se puede competir cuando tienes miedo de salir a hacer campaña, cuando tu familia es amenazada, cuando tu integridad está en riesgo. La seguridad también es paridad.
Que denunciemos a tiempo al compañero que intente boicotearnos, al coordinador que nos baja del templete, al dirigente que nos negocia. No mañana, a tiempo.
Que atendamos más a nosotras antes que a cualquier agenda de grupo o de partido. Que entendamos que primero somos sujetas políticas y después militantes. El partido se va, nosotras nos quedamos.
Que no nos traicionemos. Y que no permitamos la violencia de otras, pero que tampoco la ejerzamos. Ese es el punto más difícil y el más urgente. No podemos pedir afuera lo que no sostenemos adentro.
No podemos denunciar violencia política en razón de género y ejercerla contra otra compañera para ganar una posición.
Que entendamos el valor de las alianzas y no las confundamos con sumisión. Aliarse no es agachar la cabeza, es construir poder juntas. Y que entendamos el valor de construir juntas desde una lógica que no sea la del todo o nada. No todo es lealtad absoluta o traición absoluta.
Podemos disentir sin destruirnos. Que elijamos temas y que seamos congruentes. Que no todo sea agenda. Que definamos dos o tres causas por las que sí nos vamos a parar y que ahí no nos doblemos.
Dejemos de asumir en lo público lo que en lo privado tuvieron que asumir abuelas, tías y madres. La violencia no se calla. Las asimetrías no se callan. Los procesos de control no se callan.
Mientras sigamos diciendo que todo está bien, le hacemos un gran favor al patriarcado. Mientras normalicemos que gobernar con sombra es normal, les estamos diciendo a las que vienen que así es como toca.
La paridad no es solo llegar. Es poder ejercer sin sombra, sin permiso, sin pedir perdón por mandar y sin traicionarnos a nosotras mismas.
Sin memoria, no hay matria. Y sin congruencia, no hay tiempo de mujeres.



