Enrique Inzunza Cázarez decidió abandonar la bancada de Morena, pero no el Senado ni el sueldo que cobra como legislador. Es decir, se aleja de la casa política cuando ésta comienza a resultarle incómoda, pero conserva intactos los privilegios del cargo.
Si la política fuera solamente una cuestión de conveniencias, podría parecer una salida inteligente; frente a la justicia, es otra cosa.
Porque sobre Inzunza no pesa una simple diferencia partidista. El Departamento de Justicia de Estados Unidos lo señaló, junto con Rubén Rocha Moya y otros funcionarios, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa y delitos relacionados con narcotráfico. Estados Unidos pidió incluso su detención provisional con fines de extradición.
Inzunza rechaza las acusaciones y sostiene que son falsas; precisamente por eso, lo consecuente sería despejar toda duda ante las autoridades.
Y aquí aparece lo que políticamente resulta más incómodo: Inzunza no era un personaje periférico del gobierno de Rocha Moya. Fue su secretario general de Gobierno y uno de sus hombres de mayor confianza.
La cercanía adquiere otra dimensión cuando se recuerda que su nombre aparece inevitablemente alrededor de episodios que han marcado la tragedia sinaloense, desde las disputas por el poder hasta las referencias del propio Ismael “El Mayo” Zambada sobre aquella reunión en la que habría sido secuestrado.
También está el asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, cuya muerte quedó atrapada en una trama política que enfrentó a antiguos aliados. Cuén había pasado de aliado de Rocha a adversario de su gobierno, mientras Inzunza ocupaba precisamente la Secretaría General. Nada de esto convierte una sospecha en sentencia, pero sí explica por qué la sociedad exige algo más que comunicados defensivos: exige investigación, transparencia y respuestas.
Morena, jurídicamente, no puede condenar a Inzunza ni sustituir al Ministerio Público. Pero políticamente sí puede exigirle una conducta congruente con la gravedad de las imputaciones. Ya salió de la bancada; ahora corresponde preguntarle por qué no solicita licencia y se separa temporalmente del Senado para enfrentar las investigaciones sin que el cargo se convierta en una sombra sobre el procedimiento.
El fuero constitucional tampoco debería convertirse en escondite político. La propia discusión legislativa sobre el caso ha planteado la necesidad de que Rocha Moya e Inzunza se separen de sus cargos para facilitar investigaciones nacionales e internacionales. Y si Inzunza sostiene que no debe nada y que las acusaciones son falsas, entonces la mejor defensa no es el discurso: es comparecer, aclarar y demostrar.
Lo menos que puede hacer un senador de la República es trabajar por el sueldo que recibe y responder por la confianza pública que representa. No puede ser senador cuando conviene, independiente cuando Morena incomoda y ausente cuando las preguntas arrecian. Mucho menos puede pretender que abandonar una bancada equivale a abandonar las responsabilidades que derivan del cargo. El fuero protege la función legislativa; no debería confundirse con una patente de impunidad.
Sinaloa y México necesitan cerrar esta página con verdad, no con maniobras políticas. Después de años de una estrategia resumida en la frase “abrazos, no balazos”, el país observa ahora un viraje mucho más severo contra las organizaciones criminales, con resultados que todavía deben consolidarse y con una deuda enorme en materia de inteligencia, justicia y desmantelamiento de las redes políticas que permiten al crimen penetrar al Estado.
Por eso Inzunza debería entender que el problema ya no es solamente Morena. Es la credibilidad de las instituciones.
Si nada debe, nada debe temer. Que deje el cargo temporalmente, que enfrente las investigaciones y que permita que la justicia hable. Porque cuando un político abandona a su partido para salvarse políticamente, pero conserva el fuero, el sueldo y el cargo, la pregunta que queda flotando no es qué está mordiendo Inzunza, “como perro bravo y desesperado”: es cuánto más está dispuesto a morder la credibilidad de toda una nación..



