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Por ahora

“Somos seres humanos fragmentados que nos vamos consolidando, pero siempre existen grietas. Que logremos convivir con esas grietas es la clave para llegar a ser unos seres, digámoslo así, razonablemente sanos.” Siri Hustvedt
“Trata de equivocarte de vez en cuando, eso le hará bien a tu ego.” Keanu Reeves
“Vive de tal forma que, al mirar hacia atrás, no lamentes haber desperdiciado la existencia. Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho ni desees haber actuado de otra manera. Vive con sinceridad y plenamente. Vive.” Elisabeth Kübler-Ross
“Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que no he muerto.” Federico García Lorca
“No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie salvo uno mismo.” Virginia Woolf
“¿Tiene usted flores y libros? Esos consuelos para el dolor.” Emily Dickinson
“Mucho de lo que escribo no es para encontrar, es para perder lo acumulado.” Silvia Casas
“Mi corazón es el país más desgarrado.” Giuseppe Ungaretti
“Volver a ver reverdecer la fe de ser y creer en crear y croar y croar ante todo ende o duende visiblemente real o inexistente.” Oliverio Girondo
“La poesía nunca es inocente, ni ingenua. Ella sabe perfectamente lo que dice mientras pone cara de niña buena.” Anónimo
“Compruebo que, unas veces alegre, otras contento, estoy siempre triste.” Fernando Pessoa
“Cuando ya no perteneces a un lugar, la vida se encarga de ponerte escenarios incómodos hasta que salgas de ahí, y aunque todo parezca caótico, solo está ocurriendo porque te espera algo mejor. Hazle caso a la vida cuando te saque a empujones de donde no deberías estar.”Mario Benedetti
“Cuando el corazón llora por lo que ha perdido, el espíritu ríe por lo que ha encontrado.” Rumi
“La salud del cuerpo proviene de la salud del alma. No se puede estar sano con el alma enferma.” Papini
“No sé quién soy del todo en este momento. Pero creo que debo darme la oportunidad de llegar al amanecer.” Ma. C. Hernández
“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.” Jorge Luis Borges
“Hay una cierta tristeza fértil que no evito, sino que busco con fervor. Para mí, es fuente de alegría. Me salva de la banalidad.” Henry David Thoreau
“Los sentimientos son lo único en esta vida que no está sujeto a la manipulación. Se quiere o no se quiere y nunca se elige, muchas veces queremos a aquellos que menos nos convienen y que más nos pueden herir, pero como diría el señor Tatin, hay que vivir sin miedo.” Use Lahoz
“Hay experiencias que te cambian los planes, te rompen expectativas y te obligan a mirarte de otra manera. No todo lo que llega se queda. No todo lo que pierdes era un fracaso. Y no todo lo que duele necesita una explicación bonita”. Lola Núñez

 Encontré en el ciberespacio este enunciado: “Entre tantos medios para viajar, la fantasía es con la que he recorrido más kilómetros”, y me lleva a otro: “El que prefiere suponer antes que preguntar no quiere entender, solo quiere confirmar su prejuicio”. Ambos procesos nos sitúan en el territorio de la ilusión, en un lugar distinto de lo real y de la verdad, aun con toda la subjetividad que estas nociones conllevan.

Nuestra mente nos conduce por senderos que, la mayoría de las veces, nos llevan a idealizar la vida que no tenemos, a negar el presente, a reinterpretar el pasado y a construir una imagen del futuro que con frecuencia dista de la realidad. Esto no significa que debamos renunciar a la fantasía o a la ilusión; al contrario, ambas forman parte de la condición humana. El problema aparece cuando lo imaginado pierde toda relación con lo real y con aquello que hacemos para acercarnos, aunque sea parcialmente, a nuestros deseos. Se vuelve necesario encontrar momentos de reflexión que permitan conjugar realidad e ideal, armonizar las conductas con las emociones y los sentimientos, integrar el sentir y el pensar, y habitar plenamente el presente, el aquí y el ahora.

El miedo a lo que vendrá, a lo incierto, se nutre de la rutina, de la falsa seguridad que proporciona no pensar, de la docilidad que acepta las circunstancias como destino, de la resignación y del temor a actuar junto con los demás para transformar las condiciones de vida. También surge del desdén de dejar que otros hagan lo que nos corresponde y de la evasión de asumir compromisos con los demás y con uno mismo. No porque cambiar sea una obligación, sino porque la vida misma es dinámica. Los acontecimientos transforman el entorno y transforman a las personas; las experiencias nos mueven, nos ponen a prueba y nos conducen a acciones inéditas. Nos colocan frente al dolor, la desilusión, el fracaso y la adversidad; pero también, de vez en cuando, frente a la dicha, la alegría, el éxito, el amor, la felicidad, el conocimiento y la sabiduría que nace de vivir con conciencia de sí y con una responsabilidad comprometida hacia los demás.

Nikolái Ostrovski escribió una arenga que bien valdría la pena recuperar en estos tiempos veloces, voraces, inciertos y dolorosamente inhumanos, en los que la precariedad, la injusticia social y la avaricia de unos pocos generan desastres por donde quiera que se mire:

“Lo más preciado que posee el hombre es la vida. Se le otorga una sola vez, y hay que vivirla de forma que no se sienta un dolor torturante por los años pasados en vano, para que no queme la vergüenza por el ayer vil y mezquino, y para que al morir se pueda exclamar: ¡toda la vida y todas las fuerzas han sido entregadas a lo más hermoso del mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad!”

Son tiempos en los que el mundo parece caer en una vorágine de banalidad, de normalización de discursos y acciones, de una mirada al pasado desprovista de memoria histórica. Asistimos al resurgimiento de expresiones autoritarias que deben alertar a las sociedades para defender la democracia, que, aun con todas sus imperfecciones, sigue siendo preferible a cualquier forma de sometimiento. La libertad, la dignidad humana, los derechos fundamentales y el derecho mismo a la vida no pueden quedar subordinados al odio, a la intolerancia o a la exclusión de quienes son considerados distintos.

Ahora, en estos tiempos, habrá que regresar a los valores humanos, a la idea de un humanismo capaz de impedir que quedemos atrapados en la anomia, el miedo y la indiferencia.

Johann Wolfgang Goethe escribió:

“No busco mi salvación en la indiferencia. La emoción del asombro es lo mejor que posee el hombre. Aunque el mundo le haga pagar caro por ese sentimiento, cuando se conmueve, siente profundamente la inmensidad.”

Y esa inmensidad invita a pensar en un proyecto de ética planetaria, en una sociedad basada en la justicia social, en un esquema productivo que favorezca una mejor redistribución de la riqueza y en una estrategia sostenible y sustentable para el aprovechamiento de los recursos naturales, así como para la protección y conservación de la naturaleza. Para ello se requiere vencer la indiferencia y cultivar en el corazón humano la nobleza, la compasión, la solidaridad, la fraternidad y la sororidad.

Rosa Montero expresa con la claridad de quien da voz a quienes anhelan un mundo mejor, más justo, pacífico, saludable, educado y libre, una idea que nos convoca al compromiso personal y social:

“La verdadera nobleza es caminar toda la vida con pasos que salen del corazón; que tus actos estén de acuerdo con tus ideas, aunque el precio sea alto.”

Por ahora, las palabras de Ralph Waldo Emerson cobran sentido como una invitación permanente:

“Hagas lo que hagas, necesitas valor. Sea cual sea el camino que elijas, siempre habrá alguien que te diga que te equivocas. Siempre surgirán dificultades que te tentarán a creer que tus críticos tienen razón. Trazar un plan de acción y llevarlo a cabo hasta el final requiere parte del mismo valor que necesita un soldado. La paz tiene sus victorias, pero se necesitan hombres y mujeres valientes para conseguirlas.”

La valentía a la que se refiere Emerson no es solamente la de resistir las adversidades individuales, sino también la de asumir una responsabilidad colectiva frente al tiempo histórico que nos toca vivir. Ser valientes implica pensar críticamente, cuestionar los discursos que fomentan el odio, rechazar la indiferencia y comprender que ninguna transformación auténtica puede construirse desde el aislamiento. La comunidad, el diálogo y la cooperación siguen siendo herramientas imprescindibles para preservar la convivencia humana.

Frente a una realidad cada vez más acelerada y fragmentada, resulta urgente recuperar la capacidad de escuchar, de preguntar y de comprender antes de juzgar. La imaginación y la fantasía son valiosas cuando nos permiten proyectar horizontes de posibilidad, pero pierden su sentido cuando sustituyen el encuentro con la realidad. Solo una ciudadanía consciente, informada y comprometida puede convertir los anhelos en acciones concretas y hacer de la esperanza algo más que una simple expectativa.

Por ahora, tal vez, la tarea fundamental de nuestro tiempo sea aprender a conjugar el asombro con la responsabilidad, el sueño con la acción y la libertad con el compromiso hacia los demás. Si queremos un mundo más justo, más humano y más habitable, tendremos que abandonar la comodidad de la indiferencia y asumir la construcción cotidiana de esos valores que decimos defender. Porque, al final, la vida adquiere sentido no solo por aquello que imaginamos o deseamos, sino por aquello que somos capaces de hacer, junto con otros, para dignificar la existencia humana y preservar la posibilidad de un futuro común.