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Aquí en la Tierra

El doctor Arturo Mora es columnista en Platino News.
“El ser humano rara vez está donde pisa; por lo general, habita la ausencia de lo que anhela.” Francisco J. Zárate
“No puedo decir que soy un sabio. He sido un hombre que busca y sigue buscando, pero ya no en las estrellas y en los libros, sino que empiezo a escuchar las enseñanzas de mi sangre.” Hermann Hesse
“Reglas para la felicidad: tener algo que hacer, alguien a quien amar, y algo que esperar.” Immanuel Kant
“No puedes ordenar el corazón, pero puedes darle algunos consejos.” Pino Caruso
“Por ti, por mí y por todo aquello que no nos atrevemos a decir y sin embargo se vive a flor de piel.” Silvia Casas
“Me encuentro en cada silencio que llevo dentro de mí, en los sueños que me hablan en lenguas que no entiendo, pero que son más verdaderos que cualquier palabra.” Simone de Beauvoir
“El único viaje imposible es el que nunca empiezas.” Tony Robbins
“Cuando ya no planeamos, ni nos esforzamos, ni intentamos que las cosas funcionen de la manera que queremos, llega una sensación de felicidad y ausencia de esfuerzo.” David Hoffmeister
“Se puede matar todo menos la nostalgia […], la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña.” Julio Cortázar
“Ella es ella más todas las veces que leí la palabra ella escrita en cualquier texto más las veces que soñé ella más sus evocaciones, diferentes a las mías.” Cristina Peri Rossi
“Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar tiempo con uno mismo. No significa que uno deba ser solitario, sino que no debiera aburrirse consigo mismo porque si se aburre en su propia compañía está en peligro en lo que a su autoestima se refiere.” Andrei Tarkovski
“La belleza se encuentra en la fragilidad de la vida.” Eugene O’Neill
“Solo los rotos te ofrecerán una parte de su alma, porque saben cómo es ser destrozado en pedazos.”  Sulekha Pande
“El amor es libre, nosotros somos la jaula.” Sara Búho
“La vida no se encuentra; la vida se crea.” George Bernard Shaw
“Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos que, por suerte, también somos frágiles.” Cesare Pavese
“Se te hizo fácil olvidarme, reemplazar las horas y los recuerdos, reinventar caricias en otros labios. Se te hizo fácil. Pero ya me acostumbré a esto de no hablarte, a no esperarte, a no insistir. Te olvido de a poco, pero a veces suelo ser tan frágil como el llanto y te extraño.”  Gabriel García Márquez
“Lo que no se siente no se recuerda, porque sin emoción no hay memoria.” Siri Hustvedt
“Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo.” Hannah Arendt
“La belleza se encuentra en la fragilidad de la vida.” Eugene O’Neill
“El arte no es belleza, el arte es ver las cosas de otra manera.” Virginia Woolf

Nos jugamos la vida en la tierra, es el lugar de lo real, el punto de partida para poder intentar entender quiénes somos. La existencia nos circunscribe a este planeta en lo fortuito, en el azar y la necesidad, en la causa y efecto, y en la pausa que es necesaria para la curiosidad, para pensar críticamente y reflexionar, y en el afecto, dimensión propia de lo humano, en las emociones y sentimientos que son las ligas invisibles, pero reales, que nos vinculan con los otros y que nos permiten a cada quien resolver a su manera el acto de existir.

La tierra es símbolo y es realidad material, no es un juego de palabras, es el lugar de los hechos y es el no-lugar para el olvido y la nostalgia. También es el espacio donde sucede la vida, es donde las raíces hacen lo suyo para sostener plantas y árboles, y ese suelo, que es tierra, es sitio de la filogenia más amplia y numerosa de los reinos vivientes en el mundo: los hongos. Muchos son realmente pequeños y la gran mayoría microscópicos, son como las galaxias, pero en la tierra misma.

Aquí en la tierra, somos seres atados a la fuerza de gravedad y estamos inmersos en la magia del agua y del ADN, con ello, a la posibilidad de ser vida en todas sus formas desde la autoorganización de la materia —autopoiesis— y a la historia de los millones de intentos de encontrar los arreglos biomoleculares eficaces y en la dinámica de los miles de procesos bioquímicos y metabólicos eficientes en los que la materia se transforma, se crea, se recrea y se sostiene la vida. Un salto desde la química orgánica a la biología y de ahí a la inteligencia, a la memoria, a la consciencia, y contradictoriamente a la estupidez, a la crueldad y a la irresponsabilidad social sobre todo aquello que soporta la vida en la tierra.

El mundo que hemos construido sobre la tierra está marcado por múltiples contradicciones y por aberrantes decisiones que algunos seres humanos han tomado, sin poner atención en las consecuencias sobre la vida en el planeta y los daños causados en la naturaleza, además de ir sofisticando la idea, a través de los aparatos ideológicos y políticos, de que las personas pueden ser tratadas como recursos para sus fines, intereses que están asociados al poder, a la riqueza y a sostener y reproducir el sistema social, pese a los cambios y revoluciones en el proceso civilizatorio, para seguir explotando a la tierra en favor de unos cuantos.

Somos polvo de estrellas, somos seres que necesitamos a otros seres humanos, somos posibilidad para la dignidad y para la libertad. Es cierto que hoy pensar la realidad que se vive en la tierra nos llena de dudas, de temores, de inquietud y de incertidumbre, y tendremos que ir haciendo eco de las palabras de Marguerite Yourcenar:

“Lo mejor para las turbulencias del espíritu es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Solo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender.”

Y aprender en esta tierra, del presente, es asumir la responsabilidad del futuro, desde el presente y habiendo aprendido del pasado. Hoy que el fascismo que las ideologías de ultraderecha y sus partidos enarbolan y que se hace presente con ínfulas de progreso y que se vende como solución a los problemas sociales y económicos, muestran que no hemos aprendido gran cosa, que la ignorancia y la obediencia al poder se convierten en actos de fe ciega en donde la criticidad, la autonomía, la libertad, los derechos humanos y la dignidad de la persona se quieren volver a eliminar al querer instalar la falsa idea de que todo pasado fue mejor y que abdicar al poder es la fórmula de la felicidad a costa del bienestar de las personas, en donde la sumisión y la resignación son las formas de exigir bajar la cabeza, ponerse de rodillas y obedecer a los nuevos amos globales, dueños de las empresas de tecnología informática y de la inteligencia artificial, de la energía, de los alimentos, de los medicamentos, de las armas y ahora del agua.

Aquí en la tierra tendremos que empezar a pensar en el otro, en los otros:

“Todos los días, cada persona debería cambiar de lugar… Deberían ponerse en los zapatos del otro… Sentir lo que el otro siente. En la piel, en el corazón, en el alma, en el estómago. Tal vez entonces, la hipocresía, la ironía, la grosería, las humillaciones, la indecencia tendrían un fin.”*

Joan Manuel Serrat escribió y cantó “Sinceramente tuyo”, letra que sin duda es magistral porque revela esa condición humana de ser con otra persona, desde el afecto y desde la reflexión consciente de ser uno mismo, canción que bien nos puede ayudar a esta necesidad de sabernos amados y ser lo más leales y auténticos a “eso” que vamos siendo con lo que hicieron con nosotros, para ser con los demás.

No escojas solo una parte

Tómame como me doy

Entero y tal como soy

No vayas a equivocarte

Soy sinceramente tuyo

 

Pero no quiero, mi amor

Ir por tu vida de visita

Vestido para la ocasión

 

Preferiría con el tiempo

Reconocerme sin rubor

 

Cuéntale a tu corazón

Que existe siempre una razón

Escondida en cada gesto

Del derecho y del revés

Uno solo es lo que es

Y anda siempre con lo puesto

Nunca es triste la verdad

Lo que no tiene es remedio

 

Y no es prudente ir camuflado

Eternamente por ahí

Ni por estar junto a ti

Ni para ir a ningún lado

No me pidas que no piense

En voz alta por mi bien

Ni que me suba a un taburete

Si quieres, probaré a crecer

Es insufrible ver que lloras

Y yo no tengo nada que hacer

 

Cuéntale a tu corazón

Que existe siempre una razón

Escondida en cada gesto

Del derecho y del revés

Uno solo es lo que es

Y anda siempre con lo puesto

Nunca es triste la verdad

Lo que no tiene es remedio

Wisława Szymborska, poeta de la que escribí en la entrega pasada, con unas frases simples y a la vez profundas, nos pone en evidencia la capacidad, sensibilidad y talento humano para pensar lo que podemos ser y hacer aquí en la tierra. Escribió:

Cuando pronuncio la palabra Futuro, la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,

lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,

creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

La tierra, entonces, no es solo el escenario de nuestra existencia, sino la condición misma de nuestra humanidad. Aquí, entre el polvo de estrellas y la gravedad que nos ancla, entre la autopoiesis de la materia y la consciencia que nos interroga, aprendemos o fracasamos, amamos o destruimos, construimos dignidad o reproducimos opresión. No hay escapatoria ni refugio fuera de este planeta, no hay futuro que no pase por la responsabilidad presente de cuidar la vida en todas sus formas, de reconocer al otro como condición de nuestra propia existencia, de entender que somos parte de una red invisible pero real de interdependencias que nos sostienen.

La tierra nos pide que dejemos de tratarla como recurso inagotable y que nos reconozcamos como parte de ella, no como sus dueños. Y esa transformación solo es posible si aprendemos, como insiste Yourcenar, si nos ponemos en los zapatos del otro, si dejamos de ir camuflados por la vida y nos atrevemos a ser sinceramente nuestros, enteros y tal como somos.

Al final, pronunciar la palabra “futuro” es ya un acto de fe y de compromiso. Porque, aunque la primera sílaba pertenezca al pasado, como dice Szymborska, el resto aún está por escribirse en esta tierra que habitamos. Y ese futuro se construye aquí, en los gestos cotidianos de cuidado y resistencia, en la capacidad de pensar críticamente pese al ruido del poder, en la valentía de amar sin camuflaje, en la decisión de no arrodillarse ante los nuevos amos globales que pretenden convertirnos en recursos desechables.

La tierra nos ofrece la oportunidad de ser dignos, libres, afectuosos, conscientes. Nos ofrece raíces, agua, galaxias microscópicas de hongos, el milagro de la autoorganización de la materia. Nos ofrece la posibilidad de crear algo que no cabe en ninguna no-existencia. Solo nos pide, a cambio, que aprendamos, que reconozcamos al otro, que nos hagamos responsables. Y esa es la única tarea que jamás se malogra, la única que vale la pena en estas turbulencias del espíritu: aprender a ser humanos en la tierra, mientras aún hay tierra y mientras aún somos humanos.

*Sutil’s