“Un gran hombre siempre está dispuesto a ser pequeño.” Ralph Waldo Emerson
“Me sujetaste con la urgencia de quien sabe que los trenes y la vida no esperan por nadie.” Albert Camus
“Que el amor te guíe siempre a escuchar con mayor atención, comprender con mayor profundidad, conectar con mayor seguridad, perdonar con mayor libertad, comunicarte con mayor claridad y responder con mayor gentileza.” L.R. Knost
“Ninguno de los libros de este mundo te aportará la felicidad, pero secretamente te devuelven a ti mismo. Allí está todo lo que necesitas, sol, luna y estrellas, pues la luz que reclamas habita en tu interior.” Hermann Hesse
“Las personas ven en el mundo lo que llevan en su corazón.” Goethe
“Existe una cantidad de gente en el mundo que está en un infierno porque depende excesivamente del juicio de los demás.” Jean-Paul Sartre
“Ni yo, ni nadie más puede recorrer ese camino por ti. Debes viajar por ti mismo. No está lejos. Está al alcance. Quizás lo ha estado tomando desde que nació y no lo sabía. Quizás esté en todas partes, en el agua y en la tierra.” Walt Whitman
“Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer gestos, pero no es verdad, hay que decir lo que se siente.” Delphine de Vigan
“Suelo sentir las plantas como emociones de la tierra; las margaritas son sus sueños de inocencia; los jazmines son un agudo deseo de perfección.” Gabriela Mistral
“Qué peligrosa es esa gente que te hace reír todo el tiempo, porque después no están por un rato y como que se te apaga la vida un poco.” Eduardo Galeano
“Tengo esperanza o podría no vivir.” H.G. Wells
“El fanatismo no se puede tolerar. Lo intolerable no se puede tolerar. En lo único en lo que todos somos iguales es que todos somos distintos. Pero todos somos iguales en la manera de solicitar el respeto para ser distintos.” Carlos Monsiváis
“Deja que tus sueños se coman tu vida para que la vida no se coma tus sueños.” Antoine de Saint-Exupéry
“Estoy enamorada de un fantasma y lo busco en calles abarrotadas.” Gaby Castellanos
“A veces lo que más lastima no es la distancia o el adiós, sino la estancia de alguien que desde hace tiempo ya se había ido.” Lupita Leyva
“Sobre puntillas, la ternura del alma aprende a volar.” Yenny Rojas
“La pasión vive en los lugares más silenciosos del alma.” Isabel Allende
“Te estoy pensando y la soledad desaparece.” Angela Isabel del Alba
En tiempos en donde pensar es más que necesario y en donde poner cierta distancia entre lo que somos como proceso social y lo que vamos construyendo como identidad personal, está la pregunta sobre el “ser” y sobre el cómo estar en el mundo.
En ese proceso de reflexión crítica están las preguntas que la poeta Sylvia Plath se formuló:
“¿Cuánto de mi mente es realmente mía? ¿Cuánto no es una mera imitación de lo que he leído, oído y vivido? Claro, hago una especie de síntesis de lo que encuentro, pero ¿eso es todo lo que me diferencia de otra persona?”
Annie Ernaux, escritora francesa y premio Nobel, declaró:
“Hay una frase de Brecht que tiene mucho sentido para mí: ‘Él pensaba dentro de los demás y los demás pensaban dentro de él.’ En el fondo, la finalidad última de la escritura, el ideal al que aspiro, es pensar y sentir dentro de los otros, como los otros —los escritores, pero no solo ellos— han pensado y sentido dentro de mí.”
La escritora estadounidense premio Nobel Louise Glück escribió:
“Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado.”
Se puede inferir, con la claridad de quienes como ellas han hecho de su voz, con su palabra, con su mirada, su identidad y sus deseos, esas formas sutiles, directas, dramáticas, reales, poéticas y amorosas que la escritura provee, que permiten pensar en cómo somos parte de un gran sistema histórico y cultural en donde la vida de otros y de otras antes de nosotros han puesto los caminos, los herrajes y la vida hecha experiencia para que podamos seguir pensando, creando, sintiendo e intentando ser uno en y con los demás.
En las lógicas y las ilógicas razones de la vida, el poder encontrar en las palabras las posibilidades de hacer que el vivir se disfrute desde la dicha, el amor, la salud, la amistad, la realización personal y social, para con ellas alcanzar la felicidad cuando se puede —que, dicho sea, por lo regular nos cuesta trabajo hacerlo—, también está el poder hacer, el intentar al menos, que desde lo que se nombra se pueda dar salida a su contraparte humana, y poner fuera de uno, o al menos en su justa dimensión, a la pena, la tragedia, el dolor, el desamor, el fracaso, la frustración, la enfermedad, porque el contar, narrar, hablar y escribir, sabemos que no borra el pasado, pero sí puede evitar que el dolor tenga que buscar otras formas de hacerse notar, porque lo que no se expresa sale después de peores formas, dirá Sigmund Freud.
Tenemos una compulsión a la repetición cuando no se clarifica lo que hemos vivido, cuando no damos palabras a lo que nos pasó, cuando no verbalizamos lo que se siente, lo que se piensa. La psicóloga María Dolores pregunta: “¿Por qué regreso a donde me dolió?” Y responde: “Porque el inconsciente no busca sufrir; busca terminar una historia que quedó abierta”, y que necesita ser contada para uno, para dar un nuevo sentido desde el presente a lo que vamos siendo. Necesitamos escucharnos, ser escuchados, y como dice Miriam Allende:
“Si las palabras no salen, si se atoran en la garganta, si los sentimientos te ganan, si no sabes cómo decirle… Solo ponle una canción.”
Que es otra forma de la lírica, de crear una elegía de la vida y poder transitar de las mejores formas la vida con todo lo que conlleva, que implica desear y crear la felicidad como un bien real, como lo tangible que es expresar lo que se siente y piensa y actuar en consecuencia, demostrar lo que decimos y pensamos, pasar a la acción consciente de asumirnos como personas.
La escritora canadiense premio Nobel Alice Munro escribió:
“La cuestión es ser feliz. A toda costa. Inténtalo. Se puede. Y luego cada vez resulta más fácil. No tiene nada que ver con las circunstancias. No te imaginas hasta qué punto funciona. Se aceptan las cosas y la tragedia desaparece. O pesa menos, en cualquier caso, y de pronto descubres que estás en paz con el mundo.”
Ahí está esa dimensión personal que tiene que ver con la forma de buscar, construir, encontrar y reconocer la felicidad y, sin embargo, como ha escrito el psicoanalista argentino Gabriel Rolón:
“El dolor es más fuerte que la felicidad, porque el recuerdo de un momento feliz, de una ausencia, marca también una falta.”
Porque al recordar ese momento de dicha, nos situamos en el hecho de que eso ya fue, ya es pasado, y duele precisamente por eso, porque se añora y se convierte en nostalgia. Y también porque la sociedad de mercado nos ha hecho creer que la felicidad son cosas, que ser feliz es solo tener, y lo cierto es que la felicidad no existe, consiste, y es en tanto se comparte, lo bueno, lo que nos hace bien, lo que nos hace mejores personas, lo que se da en ese esfuerzo de ser honestos y auténticos, leales a ser uno mismo, y de reconocer que solo se puede “ser” con y en los demás, esto, a partir de lo que somos, de lo que intentamos ser, de todo lo que nos falta.
El mismo Gabriel Rolón afirma:
“No existe la felicidad. Existe la faltacidad, que es una felicidad que es capaz de abrazar todas mis faltas, mis ausencias, mis dolores y mis heridas”, y en donde tenemos que comprender y entender de una buena vez que “la felicidad es en la eternidad del aquí y ahora. Hay que construir felicidad en el presente y aceptar que la felicidad es imperfecta.”
Somos seres sociales, somos con otros. Sándor Márai dijo:
“Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar y recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da vergüenza entregarse a otra persona y, más aún, rendirse a ella, porque teme que descubra su secreto… el triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor.”
Porque es necesario aceptar que eso también es una falta, es un tema en esencia del origen del deseo, de eso que se añora, de eso que se busca porque se perdió y, sin embargo, como escribió Alejandro Sequera:
“De pronto ya no hace falta la compañía de nadie, ya no extrañas, el pasado solo es un recuerdo como una flor que ha muerto. De pronto la vida se porta tranquila y allí estás tú, sonriendo a solas, leyendo tu propia historia.”
Narrando quién vas y has sido en el tiempo, con todas tus historias, las ya contadas y las que tendrás que ir contando a través del tiempo, y que tendrán las versiones necesarias para que, siguiendo a Mario Quintana, también comprendas que:
“Con el tiempo, descubrirás que las cosas más ligeras son las únicas que el viento no ha podido llevarse. Un estribillo antiguo, una caricia en el momento oportuno, hojear un libro de poemas, el mismo olor que alguna vez tuvo el viento.”
En ese ser en y con los demás, tomo las palabras de Victoria Martínez:
“Me quito el sombrero ante aquellos que… Odian la injusticia y luchan contra ella. Los que te abren las manos, aunque las tengan vacías. Los que cambian un día de fiesta cuando tú estás deprimido, se quedan contigo y, si hace falta, se inventan una canción para sacarte una sonrisa. Me quito el sombrero… Por las buenas personas, por los profesionales con vocación, por los que ayudan sin esperar nada a cambio, por los que nunca conocieron el ego ni diferencias de clases. Por todos aquellos que cambian su mes de vacaciones para irse a tres mil kilómetros de su casa y ayudar a los más desfavorecidos. Me quito el sombrero por los que se atreven a perder paraísos para que alguien encuentre su pequeño oasis.”
Porque, como dijo Gilles Deleuze:
“Hacer de un acontecimiento, por pequeño que sea, la cosa más delicada del mundo, justo lo contrario de hacer un drama, o una historia. Amar a los que son así: cuando entran en una habitación, no son personas, caracteres o sujetos, sino una variación atmosférica, una variación de color, una molécula imperceptible, una población discreta, una neblina o una llovizna.”
En esto de ser en y con los demás, el tema de la identidad personal es también un compromiso y un proyecto de vida que se mueve entre el autoconocimiento personal, el amor propio, la responsabilidad social y afectiva, la vocación y la actitud de servicio con el otro. Nada fácil en una sociedad de hiperconsumo, que ha hecho que hasta las personas sean vistas como productos y que, en esta era de saturación de opiniones, de información y de inmediatez, haya mucha confusión, distorsiones de la percepción, distopías que se generan como ciertas y utopías que se hacen efímeras con la ilusión del éxito, sobre todo el económico.
Cuando te sientas perdido, revisa las promesas que te hiciste a ti mismo; ahí hay respuestas. Piensa y revisa tus valores y tus principios morales, los que te definen por quién eres y por lo que quieres ser como persona humana, porque muchas veces la respuesta también está ahí.



