En Guanajuato capital no se gobierna, se corrige. En menos de cuatro semanas, la administración de Samantha Smith ha tenido que salir a explicar, revisar y justificar tres decisiones que nacieron sin transparencia y sin beneficio ciudadano: semáforos cuestionados, transporte público en lo oscuro y permisos de ambulantaje bajo sospecha. Cuando una administración toca algo y la primera reacción es desconfianza, el problema no es la medida: es quién la toma.
- Los semáforos que nadie pidió
Un contrato de 58 millones de pesos, de pronto aparecieron. Semáforos nuevos, colocados, comprados. ¿De qué estudio de movilidad derivan? ¿Quién los asignó? ¿Con qué presupuesto? Nadie lo sabe. Lo que sí sabemos es que no mejoraron la calidad de vida de nadie. El enojo social fue tal que, aunque ya están puestos, hoy “se revisan”. Gobernar no es instalar fierros para luego preguntar si servían. La transparencia no es un trámite posterior, es el origen.
- Transporte público reciclado
Retiró concesiones. Ingresó otras. Y de nuevo, lo claro oscuro. Las unidades no son nuevas: son de Irapuato, usadas para transportar personal. Los choferes no son de la capital, no conocen calles y trayectos. La administración tuvo que salir a dar explicaciones porque cada vez que tocan el transporte, todas y todos cuestionamos los negocios que hay de por medio. La ciudadanía ya no pregunta “¿esto mejora mi traslado?”. Pregunta “¿quién se benefició?”.
Y hay algo más grave: no existe evidencia pública que acredite que el servicio mejoró. No hay estudios de tiempos de traslado, ni encuestas de satisfacción, ni datos de cobertura antes y después del cambio. Gobernar el transporte sin evidencia es gobernar a ciegas. Y cuando se gobierna a ciegas, la única ruta que queda es la reversa: salir a justificar lo que no se puede demostrar.
- El comercio informal y el video que confirma la asimetría
La tesorera salió a explicar los permisos de ambulantaje. Habló de 24 permisos y de transparencia. A los días, la presidenta presenta un video con una presunta vendedora diciendo: “a mí no me han pedido nada, todo ha sido transparente, gracias presidenta”. Un video no es transparencia, es propaganda.
¿Quién asesora que una autoridad, con una relación asimétrica frente a la ciudadana, le pregunte a cámara si le piden dinero? ¿En qué ejercicio de libertad esa mujer podría decir lo contrario? No solo falta manejo de recursos. Falta equipo de comunicación y sobra cinismo.
Pero el problema no es solo el video. Son los 24 permisos. La autoridad habla de 24 permisos formales, pero las banquetas están saturadas, las plazas están saturadas, la subterránea está invadida en ocurrencias. No hay coincidencia. No hay contraste lógico entre el papel y la calle. Si solo hay 24 permisos, ¿quién autorizó al resto? Y si no los autorizaron, ¿por qué el gobierno los tolera y luego los usa para videos?
El gobierno está en crisis
Son tres decisiones en dos semanas. Tres salidas a explicar lo inexplicable. En las tres dudamos: ¿Quién tomó la decisión? ¿Con quién? ¿En qué condiciones? Y en las tres la respuesta es la misma: ningún beneficio para la ciudadanía.
No confiamos ni en el gobierno de Samantha Smith ni en sus colaboradores, como tampoco lo hicimos con la administración de Alejandro Navarro. El gobierno está en crisis. Y la mayor prueba de que está en crisis es que mientras ella gobierna, él cogobierna y también está en campaña.
Estar en el gobierno para convencer a la ciudadanía de su permanencia no es suficiente. Están en el gobierno, manejan recursos públicos, toman decisiones, tienen personal… pero no les alcanza.
Y la mayor prueba de la crisis es que Alejandro Navarro cree que lo necesitan en la calle. Cree que lo necesitan, y por eso sale. Pero su presencia no resuelve: también genera caos porque evidencia lo que la presidenta no hizo. Cuando él va y entrega despensas a mujeres del comercio informal, lo único que exhibe es la falta de oportunidades que el gobierno de Samantha Smith ha dejado de generar para que esas mujeres tengan empleo. Él no apaga el incendio. Lo documenta.
Necesitan al expresidente en territorio porque la presidenta ya no puede sostener el gobierno desde el despacho. Y ni juntos alcanzan.
Colofón: La foto que los delata
Y por si faltaba algo, esta semana el hijo de la presidenta, Saúl Navarro, publicó una foto cargando a una mujer en la comunidad de Santa Rosa para cruzar el agua. Lo presentó como acto heroico. Lo que exhibió fue otra cosa: años de deuda con las comunidades sin caminos seguros, la exposición sin permiso de una mujer vulnerable, y la precarización que usan como escenografía. Guanajuato no necesita mesías que posan en el agua. Necesita gobiernos que construyan puentes.



