“Solo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa.” Virginia Woolf
“Dijo que yo era raro, que me amaba por eso. Pero yo sé que un día me odiara por las mismas razones.” Albert Camus
“Los detalles marcan la diferencia y la diferencia siempre la hacen quienes notan los detalles.” CW
“Eres el silencio que elijo cuando el mundo hace demasiado ruido.” Roland Barthes
“Haría cualquier cosa para recobrar mi juventud, excepto, hacer ejercicio, levantarme temprano o ser respetable.” Oscar Wilde
“Saber mantener el equilibrio justo entre soledad y gente, ésa es la clave, ésa es la táctica, para no acabar en el manicomio.” Charles Bukowski
“El silencio es la materia oscura del universo, la parte de realidad que no detectamos porque no se manifiesta. Aguarda ahí fuera, en opacos bosques cónicos arracimados a las galaxias, esperando su turno para reinar, cuando llegue la extinción del ruido.” Vicente Luis Mora
“Si estás buscando un mundo en el que nadie sufra, estás buscando un mundo sin humanos. Sentir dolor es estar despierto ante la realidad del cosmos; huir de él es caminar dormido a través de tu propia vida.” Kenzaburō Õе
“Sigue tu destino, riega tus plantas, ama tus rosas. El resto es la sombra de árboles ajenos.” Fernando Pessoa
“El arte de no encajar en el mundo, y no temblar de soledad.” Elena Poe
“Al esforzarnos por alcanzar el verdadero sentido de nuestra existencia, descubrimos que el deseo de felicidad está arraigado en lo más profundo de nuestro esfuerzo.” Henry Van Dyke
“Hay que amar la vida con la ligereza de quién baila, la intensidad de quién inspira, la intimidad de quién abraza, y la distancia de quién no quiere dominar.” Tales Nunes
“Además, no estoy de humor para todo esto hoy. No tengo ningún deseo de mostrar, sorprender, divertirme o persuadir; mi objetivo es el descanso absoluto, no saber nada, no enseñar nada, no querer nada, no sentir nada, dormir, y luego, dormir más.” Charles Boudelaire
“Mientras dure tu juventud, adquiere cosas que luego te consolarán del daño de tu vejez.” Leonardo De Vinci
“No sé de un placer mayor, en toda mi vida, que el de poder dormir. El apagamiento integral de la vida y del alma, el alejamiento completo de todo cuanto es seres y gente, el no tener pasado ni futuro.” Fernando Pessoa
“Te quiero, con un toque de tragedia y de locura.” Simone de Beauvoir
“Quiero que te refugies en mí contra toda desilusión y contra lo mediocre y mezquino de la vida.” Zenobia Camprubí
“Ser uno mismo, y no tener miedo de si está bien o mal, es más admirable que la cobardía fácil de rendirse al conformismo.” Irving Wallace
“La nostalgia es un tatuaje en el alma: solo nos libramos de ella perdiendo un pedazo de nosotros.” Mia Couto
Cada día en este mundo en el que nos ha tocado vivir, queda más claro que lo que no nombramos no existe, y que lo que no vemos no deja de existir: simplemente deja de pertenecernos. Vaya desafío para la vida cotidiana. Somos lenguaje y somos expectativa permanente. Nos atrapan el silencio, el secreto, el misterio. No decimos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que aprendemos. Nos callamos, o no tenemos las palabras para nombrar con exactitud lo que queremos expresar; o bien, los atavismos morales, la pena, el miedo, la culpa y la vergüenza nos quitan el habla.
Por otra parte, nuestra capacidad de imaginar, de crear expectativas, de fabricar ilusiones, esperanzas y supuestos, se convierte en un proceso que nos lleva a sacar ideas erróneas de las personas, a llegar a conclusiones falsas y a construir argumentos para legitimar la especulación, la ansiedad, el sobre pensar y el entrar en terrenos mentales propios de la angustia y la ficción. Esto es más común de lo que imaginamos. Situaciones que nos colocan en la fragilidad de las relaciones interpersonales, en todos los ámbitos de la vida, creando y dando por verdaderos muchos estereotipos, haciendo generalizaciones irracionales, sosteniendo prejuicios e ideas equivocadas, generando conflictos, tensiones, reclamos y problemas. Sobre todo, creando frustración cuando la realidad nos confronta con la dificultad inherente de aceptar el error, reconocer la equivocación y negar de muchas formas el poder corregir, reparar, compensar y asumir las consecuencias de nuestros actos y de lo que decimos o dejamos de decir.
Massimo Recalcati, psicoanalista, nos recuerda:
“Las palabras están vivas, entran en el cuerpo, perforan el vientre: pueden ser piedras o pompas de jabón, hojas milagrosas. Pueden hacer que nos enamoremos o herirnos. Las palabras no son sólo medios para comunicar, no son sólo un vehículo de información… sino cuerpo, carne, vida, deseo. No utilizamos simplemente las palabras, sino que estamos hechos de palabras, vivimos y respiramos en las palabras…”
La consciencia de sí mismo es también lenguaje. El poder describirnos, narrar nuestra historia, interpretar la realidad vivida, percibir las emociones y los afectos —acto de darse cuenta— nos involucra desde la representación de la palabra-cosa, desde los conceptos, valores, teorías, creencias y saberes sociales y científicos que nos moldean culturalmente, estando en la construcción permanente de la realidad social y de las formas de expresión humana de la existencia.
Walt Whitman, poeta norteamericano, nos recuerda que nadie puede pensar por uno. Y, sin embargo, es un hecho que se prefiere no pensar, repetir lo que han dicho otros, aceptar a ciegas juicios de valor y opiniones que no se sustentan en la reflexión propia del pensamiento crítico ni en los aprendizajes históricos, ni en la filosofía de la vida cotidiana. Eso pasa por preguntar, por no dar nada, por cierto, y requiere valor para aceptar que no existe un mundo de todo o nada, que los extremos nos polarizan y que la experiencia es un acto personal: nadie puede recorrer el camino por nosotros. Whitman escribió:
“Ni yo ni nadie más puede recorrer ese camino por ti. Debes recorrerlo tú mismo. No está lejos. Está a tu alcance. Quizás lo has recorrido desde que naciste sin saberlo. Quizás está en todas partes: en el agua y en la tierra.”
Es evidente que hay caminos inéditos cuando se trata de hacernos conscientes de quiénes somos y de revisar nuestro sistema de creencias y supuestos saberes. Es aceptar que hay caminos inhóspitos en los que vamos solos, que muchas veces se irá en contra de la cultura y los valores dominantes, que nos quedaremos aislados en medio de nuestro entorno inmediato, que se impondrán etiquetas que descalifiquen lo que pensamos y hacemos. Mark Twain escribió: “Siempre que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de detenerte y reflexionar.”
Conocerse es un camino inhóspito, difícil, que da miedo. Se requiere voluntad y coraje para no resistirse al miedo y a la incertidumbre; se requiere dominar el miedo y no negar su efecto en uno. María Dolores, psicóloga, afirma y pregunta:
“Hay personas que cargan historias que no les pertenecen. Miedos heredados. Silencios heredados. Formas de amar heredadas. Sanar también es preguntarte: ¿Qué parte de mi vida elegí yo… y qué parte solo aprendí a repetir?”
En el camino de cada uno aplica el poema de Antonio Machado:
“Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.”
Como dice Rafi Rodríguez M.: “Tu pasado no es una sentencia, es un mapa. Cada error señala un camino que ya no necesitas repetir, y cada caída te enseña una forma nueva de levantarte. No empiezas de cero cada día, empiezas con experiencia. Y eso, bien usado, se convierte en libertad para elegir distinto.” En eso radica la posibilidad de conocerse, de comprender lo vivido y de crear una narrativa que ponga en perspectiva lo que deseamos, lo que queremos ser y lograr, a la vez de poner los medios —desde el carácter y el amor propio— para recorrer los nuevos caminos que se abrirán para cada quien.
Sin embargo, habrá que comprender que estamos en relación con los demás, que nos movemos en función de los afectos y compromisos que asumimos en este entramado social en el que vivimos y nos necesitamos. Si tuviéramos plena consciencia y responsabilidad, y si entendiéramos lo frágil que es nuestra existencia, viviríamos con más delicadeza. Comprenderíamos que caminar por los inéditos e inhóspitos caminos tiene consecuencias en nuestra experiencia vital, en nuestros prejuicios, en la intolerancia y en la estrechez de pensamiento. Daríamos un significado más profundo a la palabra, a los sentimientos y a la capacidad de pensar libre y críticamente desde, con y para otros. Eso es ir más allá de la especulación, la mentira y la ilusión que vende humo o intercambia espejitos por lo realmente valioso.
Marguerite Yourcenar escribió:
“Nunca sabrás que tu alma viaja
Dulcemente refugiada en el fondo de mi corazón,
Y que nada, ni el tiempo ni la edad ni otros amores,
Impedirá que hayas existido.
Ahora la belleza del mundo toma tu rostro,
Se alimenta de tu dulzura y se engalana con tu claridad.
El lago pensativo al fondo del paisaje
Me vuelve a hablar de tu serenidad.
Los caminos que seguiste, hoy me señalan el mío,
Aunque jamás sabrás que te llevo conmigo
Como una lámpara de oro para alumbrarme el camino.
Ni que tu voz aún traspasa mi alma.
Suave antorcha tus rayos, dulce hoguera tu espíritu;
Aún vives un poco porque yo te sobrevivo.”



