“La táctica es el conjunto de pasos que das para llegar a algún sitio. La estrategia son los pasos que das cuando ya no hay ningún lugar al que ir.” Carlos Ruiz Zafón
“Tengo cien mil infiernos dentro de mí. Y, aun así, me levanto dispuesto a combatirlos.” Ortíz
“No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes.” Facundo Cabral
“Nadie nos hace daño. Somos los que nos lastimamos a nosotros mismos ¿Por qué usamos mal el gran poder que tenemos, el poder de elegir?” Martin Kole
“Uno se siente libre en las relaciones de amor y amistad. No es la ausencia de vínculos, sino los vínculos mismos los que nos liberan.” Byung- Chul Han
“En realidad es la ternura la que me interesa. Ese es el don que me conmueve, que me sostiene, esta mañana, igual que todas las mañanas.” Raymond Carve
“Un corazón no solo late en el pecho, se muestra en las miradas, se refleja en la sonrisa, y su máxima manifestación son las acciones, así que late fuerte que nada evite el eco en tu pecho.” Mariana Vargas O.
“Nadie puede presumir de conocer el mar sin haberlo visto en la calma y en la tempestad.” Irene Némirovsky
“Heme aquí suspirando como el que ama y se acuerda y está lejos.” Rosario Castellanos
“Sólo yo puedo juzgarme. Yo sé mi pasado, yo sé el motivo de mis opciones, yo sé lo que tengo dentro. Yo sé cuánto he sufrido y yo sé lo que es ser fuerte y frágil.” Oscar Wilde
“No pierdas el tiempo golpeando la pared, con la esperanza de transformarla en una puerta.” Coco Chanel
“¿Qué es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con respecto a la nada. Un intermedio entre la nada y el todo.” Blaise Pascal
“La intuición es el tesoro de la psique femenina. Es como un instrumento adivinatorio, como un cristal a través del cual se vislumbra una misteriosa visión interior.” Clarissa Pinkola Estés
“No te doblegues, no lo diluyas, no intentes hacerlo lógico, no edites tu propia alma según las modas. En cambio, sigue tus obsesiones más intensas sin piedad.” Anne Rice
“El sufrimiento nos hace egoístas porque nos absorbe por entero; sólo más tarde, en forma de recuerdo, nos enseña la compasión.” Marguerite Yourcenar
“Quería capturar el tiempo, no el de los relojes, sino el que fluye a través de nosotros, el tiempo vivido, sentido, olvidado.” Annie Ernaux
“Las personas sensibles son así. Tienen la piel hecha de alma.” Giuseppe Donadei
“Tal vez mi destino sea estar solo. La gente se acerca a mí y al poco tiempo se marcha.” Haruki Murakami
“Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes, reírse de otras cosas, morirse de otras penas”. Manuel Scorza
“La ventaja de tener mala memoria consiste en que se goza muchas veces con las mismas cosas.” Friedrich Nietzsche
“Y ahí están, todos juntos, tirándoles piedras al que llega a la orilla de acá, como si nunca hubiesen emigrado ellos, o los padres, o los abuelos, como si nunca hubiesen sufrido de hambre y de desesperación, de angustia y de miedo.” José Saramago
Entre el “tal vez” y el “esto es así” nos movemos en el juego de la incertidumbre y de lo que queremos hacer real para cada uno. Lo que ocurre es que establecemos relaciones sociales y vínculos socioafectivos deseando ver y escuchar lo que queremos, lo que anhelamos ver y oír, no otras cosas. Solo buscamos confirmación, validación; queremos tener la razón sin el menor esfuerzo o compromiso con la verdad, con lo diverso, con la alteridad como realidad de los otros.
Giacomo Leopardi dijo: “El ‘tal vez’ es la palabra más hermosa del vocabulario italiano porque abre posibilidades, no certezas; porque no busca el final, sino que se dirige hacia el infinito”. De ahí surge la oportunidad de comprender que no hay nada más estable que el cambio. No se trata de cambiar por cambiar, sino de aceptar que la realidad se construye socialmente y que los cánones de verdad se transforman en la medida en que aprendemos, conocemos y consideramos otras perspectivas.
Reconocemos a los otros como iguales, aceptamos que los sentidos son falibles, que las ideas pueden estar equivocadas, que las creencias son solo creencias y no realidades, que los hechos se interpretan, y que las narrativas que nos contamos a nosotros mismos muchas veces refuerzan la forma en que queremos ver el mundo. Ajustamos nuestro pensamiento a aquello que nos legitima, pero evitamos la confrontación, la contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos, entre lo que sentimos y pensamos, entre la ilusión de certeza y la fuerza de la verdad.
Cambiamos si queremos cambiar, y cambiamos si vamos integrando y asumiendo que siempre somos otros, distintos de lo que fuimos ayer. Sin embargo, en un ejercicio de costumbrismo y seguridad, buscamos un refugio innecesario y nos aferramos a ideas, conceptos, datos, prejuicios, doctrinas y creencias que configuran un mundo propio —a conveniencia— que se presenta paradójicamente como fijo, estable, único y seguro. En los hechos, la vida es movimiento y, por tanto, transformación, devenir, evolución y cambio.
Catherine Bensaïd, psicoterapeuta y escritora francesa, escribió: “Nada se gana: todo queda por recrear, inventar, innovar. Los momentos cambian, impredecibles: nuestros placeres, nuestros deseos se adaptarán a ellos. Pero depende de nosotros darles vida. Cantar, reír, llorar, bailar. Vivamos.”
Una de las analogías más usadas en el proceso del conocimiento personal es el juego entre la luz y la oscuridad. Ted Dekker afirma: “La luz siempre atrae la mirada, pero las sombras tienen más que decir.” El maestro zen Adyashanti lo expresó así: “La iluminación es un proceso destructivo. No tiene nada que ver con ser mejor o más feliz. La iluminación es el derrumbe de la mentira. Es ver a través de la fachada de la pretensión. Es la completa erradicación de todo lo que imaginamos que es verdad.” Estas palabras se inscriben en su cosmovisión, que integra el budismo zen con la filosofía hindú Advaita Vedanta.
La pregunta por la verdad es reflexión, pensamiento crítico, curiosidad, cuestionamiento de lo dicho y lo vigente. René Descartes lo formuló: “Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas.”
Lo cierto es que resulta más seguro obedecer, creer a ciegas, adoptar una sola mirada. Es más sencillo seguir reglas sin cuestionar, ser dóciles, dejar de ejercer la libertad. Y más aún en las sociedades actuales, donde el miedo al cambio se instala y se ejerce desde el poder para sostener y acrecentar privilegios, prebendas y beneficios para unos pocos.
Eduardo Galeano escribió: “El sistema, que nos quiere ciegos, mudos y sordos, no nos ayuda a vivir naciendo. El sistema nos entrena para vivir muriendo y para vivir matando: matando hacia afuera, porque todo prójimo es un competidor y un posible enemigo, y sobre todo matando hacia adentro, matando lo mejor que cada cual tiene vivo dentro de sí.” Estas palabras nos remiten a la forma en que sostenemos ideologías y creencias que niegan al otro, a los demás y a uno mismo, en una cultura de la muerte, de la resignación y de la oscuridad.
Es cierto que el sistema funciona, lamentable y tristemente. Vivir la libertad, en libertad y ejercerla es muy difícil. El poeta español Rafael Alberti sentenció: “La libertad no la tienen los que no tienen su sed.”
Tal vez sea tiempo de pensar. Quizá sea tiempo de cuestionar. Acaso sea tiempo de sentir lo que se piensa. A lo mejor es tiempo de revisar nuestro sistema de creencias. Quizá sea momento de recuperar principios y valores humanos fuera de la lógica del mercado. Posiblemente sea necesario reconstruir nuestro espacio personal de vida y valorar la integración social. Tal vez sea tiempo de reconfigurar las prioridades en favor de la justicia, la igualdad, la tolerancia, la inteligencia, la salud, la educación, la comunicación, el diálogo, la convivencia, la solidaridad, la amistad, el placer, el juego, el amor, la trascendencia, y de dar valor y prioridad a la naturaleza y a la existencia. Kahlil Gibran dijo: “La apariencia de las cosas variará según las emociones, y así vemos magia y belleza en ellas; pero en realidad, la magia y la belleza están en nosotros.”
Delphine de Vigan nos invita: “Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer gestos, pero no es verdad: hay que decir lo que se siente.”
Tal vez una de las cosas que más nos condiciona es la autoexigencia de complacer a los otros, renunciando a deseos, sueños, necesidades e intereses personales, imponiendo un deber ser con múltiples facetas y exigencias que, la mayoría de las veces, generan insatisfacción, desilusión, frustración, desencanto y el terrible sentimiento de creerse insuficientes. En el entramado del vínculo social tenemos otro gran desafío: no querer imponer nuestros deseos sobre los demás. Clarice Lispector lo expresó con fuerza: “No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón. No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente. No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira, no sé volar con los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre.”
Tal vez toca aceptar que en estos tiempos de un Bukele, un Trump, un Milei, un Netanyahu, un Abascal y lo que representan, se requiere pasar a la acción colectiva y a la expresión social inteligente y crítica, para defender los logros y avances sociales, la justicia, la igualdad y los derechos humanos. Albert Camus advirtió: “La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza.” Y hoy, la desesperanza crece.
Tal vez por eso hago mías estas palabras de Wislawa Szymborska.
Hay quienes
Hay quienes llevan a cabo la vida más hábilmente.
Tienen orden en su interior y a su alrededor.
Para todo la manera y la respuesta adecuada.
Adivinan inmediatamente quién a quién, quién con quién,
con qué objetivo, por dónde.
Ponen el sello en las verdades absolutas,
arrojan a la trituradora los hechos innecesarios,
y a las personas desconocidas
a las carpetas destinadas a ellas de antemano.
Piensan justo lo debido
ni un segundo más,
porque tras ese segundo acecha la duda.
Y cuando los dan de baja de la existencia,
dejan su puesto
por la puerta señalada.
A veces los envidio
-afortunadamente se me pasa.



